Relacion historica de los sucesos de la rebelion de Jose Gabriel - Anonymous
Consulto a este Comandante el sueldo diario que debia dar a sus
soldados, pero la respuesta no fue decisiva, porque se remitia a la que
el aguardaba sobre los puntos que tenia consultados anticipadamente; y
en tanto se trataba del metodo que debia seguir, tuvo noticias ciertas
de que el rebelde venia ya marchando por la provincia de Lampa. La
estrechez del tiempo, y necesidad de obrar en que le puso esta novedad,
le hizo concebir que ya le era indispensable juntar y reunir el mayor
numero de tropas que fuese posible, para esperarle y defender aquella
villa, en caso de que intentase atacarla: y poniendo en practica este
designio con la mayor prontitud, echo mano de las cantidades producidas
por reales tributos, y senalo un moderado sueldo a sus oficiales y
soldados. Despacho nuevo extraordinario al Comandante de la Paz,
pidiendole algun socorro de gente, armas y pertrechos de guerra, con que
poder sostener con seguridad su resolucion, pero solo consiguio le
respondiese, que en atencion a que todavia no habian llegado a sus manos
las instrucciones que aguardaba, no podia salir de aquella ciudad, ni
proporcionarle otra especie de socorro, que el de que se auxiliase de
las vecinas provincias, o se retirase del modo mas conveniente, en caso
de que sus faenas no fuesen suficientes para mantener la provincia y
honor de las armas del Soberano.
Hallabame entonces las provincias inmediatas de Lampa, Azangaro y
Carabaya envueltas en dolorosa confusion, por los desordenes, robos y
muertes, que cometian en ellas los comisionados de Jose Gabriel
Tupac-Amaru, tratandolas con inaudita crueldad, y valiendose de cuantos
medios les dictaba su tirania para engrosar su partido, no solo
reclutando los indios, sino tambien recogiendo ganados para su
subsistencia, y usurpando los reales tributos, como lo egecutaba de su
orden D. Blas Pacoricona, cacique del pueblo de Calapuja, a fin de
reforzar el ejercito del tirano que se hallaba sobre la ciudad del
Cuzco. Asegurabase tambien por otra parte, que estos mismos comisionados
intentaban atacar la villa de Puno, y seguir a la espugnacion de la
inmediata ciudad de Chucuito, para apoderarse de mas de 300 quintales de
azogue, que habia en aquellas cajas reales para el fomento de los
minerales inmediatos. Todas estas circunstancias agitaban el corazon de
Orellana, pero al propio tiempo le afirmaban en su determinacion,
deseoso de evitar tan lamentables y extraordinarios males. Lleno, pues,
de estos pensamientos, y de amor y celo por los intereses de S.M., no
dudo un instante sacrificarse en su servicio. Con este designio libro
las ordenes para que se aprontase toda su gente, incluso alguna de otras
provincias, que buscaron su seguridad amparandose en la suya, y pasada
la revista se hallo consistian todas sus fuerzas en 130 fusileros, 390
lanceros de a pie, y 140 de a caballo, 84 hombres armados con sables y
80 unicamente con palos y hondas, cuyo total componia el de 824 hombres.
Verificadas estas primeras diligencias, y completo el numero de lanzas
que habia mandado hacer en su misma provincia, como tambien preparadas
las demas cosas que parecian indispensables siguio la prudente conducta
de juntar todos aquellos que componian la parte mas principal de las
milicias, y a los curas y sacerdotes, a quienes manifesto su pensamiento
de salir en busca de los traidores que asolaban las provincias
inmediatas y particularmente la de Lampa. Dioles noticias de las armas,
municiones y tropas milicianas que ya tenia a sus ordenes, representoles
los beneficios y ventajas que podian esperarse para el resguardo de
aquella provincia, y recuperacion de otras, si el Cielo se dignaba
bendecir y prosperar sus sanos designios, y concluyo rogandoles le
diesen su dictamen, y le representasen todos los inconvenientes que
considerasen justos, para variarla en caso que fuese preciso. Todos
conformes y gustosos adhirieron a sus ideas y aprobaron la determinacion
que les habia manifestado, ofreciendo sacrificar sus vidas en la justa
defensa de la patria; por lo que, aprovechandose de la buena
disposicion en que todos se hallaban de salir a campana, dio las ordenes
para la marcha, y a pesar de las incomodidades que ofrecia la estacion
rigorosa de las aguas, verifico la salida de la villa de Puno, el dia 7
de Febrero de 1781, sin detenerse en lo crecido de los rios, que
opusieron no cortas dificultades a su paso el siguiente dia, entre los
pueblos de Paucarcolla Caracoto, en cuyo puesto acabo de certificarse
era cierto que los comisionado de Tupac-Amaru recorrian las poblaciones,
divididos en tres trozos, y que el primero estaba situado en las
inmediaciones de Saman, Taraco y Pusi. Desde luego determino dirigirse a
sorprenderlo, y siguio, sus marchas hasta el rio de Juliaca, que mando
vadear por toda la caballeria, con animo de atacar a los rebeldes
improvisamente; pero lo suspendio, por haberle avisado el cura de
Taraco, que los indios estaban pasando el rio de Saman, que distaba seis
leguas. Con este aviso se dirigio a el con 24 fusileros y 60 lanceros:
pero cuando llego ya habian pasado precipitadamente con la noticia que
adquirieron de que estaba en Juliaca. Sin detenerse un instante mando
embarcar los pocos soldados que llevaba, y a las dos de la manana llego
a acabar de pasar aquel rio caudaloso, e inmediatamente fue en busca de
los enemigos, que favorecidos de la obscuridad de la noche, se habian
retirado a mayor distancia. Siguio la marcha a pie como cinco leguas,
porque no pudo pasar las mulas y caballos, y de esta conformidad alcanzo
un trozo de 52 rebeldes a las 6 de la manana, a quienes intimo le
entregasen al cruel Nicolas Sanca, que con titulo de Coronel de
Tupac-Amaru, ocasionaba aquellos alborotos: pero ellos contestaron con
oprobios, llamandoles alzados y rebeldes, y seguidamente acometieron
furiosos: atrevimiento que pagaron, quedando muertos todos los que le
emprendieron.
Entre los papeles que se le encontraron, habia algunos autos originales
y en testimonio, de lo que habia librado el traidor Tupac-Amaru,
dirigidos a apresurar el alistamiento que necesitaba, en que prevenia se
castigase a los parrocos y demas eclesiasticos que se opusiesen a sus
ordenes: y se hallo tambien una carta de un alcalde, que citaba al
justicia mayor de la provincia de Azangaro, puesto por el rebelde, para
que reunidos en la estancia de Chingora, con Andres Ingaricona,
comisionado asimismo para juntar los indios de los pueblos de Achaya,
Nicasio y Calapuja, todos incorporados con el mencionado Nicolas Sanca,
acometiesen al cuerpo de tropas de Orellana, al tiempo de pasar el rio
de Juliaca: novedad que le hizo retroceder inmediatamente en busca del
resto de sus tropas que encontro habian ya pasado el rio; y cuidadoso de
aquella reunion, se propuso estorbarla a toda costa. Con este designio
dirigio su marcha hacia el pueblo de Lampa por Calapuja, obligandole a
seguir esta ruta los clamores de una muger, que le represento las
muchas violencias que sufrian en aquel pueblo, por una partida de 300
indios, gobernados por Ingaricona. Pero, por mas diligencias que
practico, no pudo por entonces descubrir, ni la situacion, ni el
paradero de los indios rebeldes, y resolvio pasar la noche en las
llanuras de Surpo, en cuyo campamento logro se lo declarase una espia,
despues de haberle mandado castigar con algunos azotes, el que confeso
se hallaban situados en la cima de la montana, llamada Catacora. Sin
esperar mas noticia, se puso en movimiento para buscar al enemigo, y a
poco rato descubrio que ocupaba la eminencia, haciendo ostentacion de
sus banderas, que tremolaban incesantemente: demostracion que
acompanaban de una continuada y confusa griteria, pero no tardaron en
desamparar aquel puesto, para subir a otro mas eminente, donde se
hallaba el grueso de sus tropas.
Buscaba en vano Orellana la subida, porque no habia vereda ni lado
alguno que permitiese el acceso a la parte superior de la montana en que
se habian apostado los enemigos, cuya dificultad se aumentaba con la
copiosa lluvia y granizo que experimentaron por algun tiempo. Conocia la
dificultad y se mantenia con alguna circunspeccion, hasta que le fue
preciso condescender con las instancias de sus tropas, que pedian con
eficacia las guiase al ataque. En efecto, dividio su fusileria en dos
trozos, que marcharon en distintas direcciones, amparandose de los
penascos para acercarse a los rebeldes, con menos riesgo de las piedras
que con obstinacion arrojaban con las hondas. Los fusileros y algunos
pocos soldados armados con sables, trabaron el combate, y peleaban
llenos de ardor, avanzando apresuradamente con la mayor bizarria: pero
eran pocos para no ser confundidos y derrotados en la eminencia por la
multitud que los esperaba. Dejolos Orellana en la accion, y volvio en
busca de los demas para persuadirlos, representandoles el laudable
ejemplo de sus companeros: esfuerzos que no bastaron a empenarlos; y
receloso de un accidente desgraciado con la proximidad de la noche,
mando tocar la retirada, que se efectuo sin mas perdida que la de dos
hombres que se despenaron. Tuvo cinco heridos de consideracion y otros
muchos levemente, y el mismo Orellana recibio un fuerte golpe de piedra,
que despues de haberle roto la quijada inferior, paso a herirle en el
pecho. Los indios tuvieron muchos heridos, 30 muertos, con perdida de
algunas cargas de poca consideracion, y sin embargo que no fue grande la
ventaja que lograron los nuestros este dia, aprovecharon los contrarios
la oscuridad de la noche para ir en busca del Coronel Sanca, que despues
de haber abandonado y entregado a las llamas el pueblo de Lampa, vino a
acampar con su gente a unos cerros eminentes, que distaban solo legua y
media del campo de Orellana.
Con esta noticia juzgo inutil y arriesgado seguir su empeno, y
determino retroceder hasta las Balzas de Juliaca, para atender no solo
a los insultos que se intentasen contra su provincia, sino tambien para
mantener en la fidelidad a los indios de aquel pueblo, y a los de
Caracoto, Cabana y otros, que se mantenian, aun por el Rey. Durante la
marcha tuvo vehementes indicios de la infidelidad del cacique Pacoricona
que le seguia, a quien hizo prender y conducir asegurado, y despues de
haber hecho alto en las cercanias de Chingora, advirtio que por la
cumbre de las montanas se descubrian los indios divididos en dos trozos,
y que el uno marchaba hacia las Balzas de Juliaca; de que infirio
intentaban apoderarse de ellas para cortarle la retirada. A fin de
evitarlo se puso en movimiento, deseoso de atraerlos a un encuentro si
intentaban oponerse, y se acerco al pueblo de Coata, donde podia hallar
el numero de balzas que fuese necesario para pasar sus tropas: y
haciendo inclinar parte de ellas al parage por donde bajaban los indios,
retrocedieron a la eminencia, desde donde el caudillo que los gobernaba
pregunto la razon porque se conducia preso al cacique Pacoricona, siendo
inocente: y seguidamente intimo se le pusiese en libertad, y se le
entregase la persona de Orellana, porque de lo contrario experimentarian
irremediablemente su ruina. Pagaron, unos pocos que dejaron el asilo de
la eminencia, el atrevimiento de su capitan, y en seguimiento de la idea
propuesta, se continuo la marcha para campar en la llanura de Ayaguacas,
donde pasaron la noche sobre las armas, por el cuidado que daba la
inmediacion del enemigo.
El cacique de Caracato, impulsado de su fidelidad, manifesto la orden
que habia recibido del indio, Coronel Sanca, para alistar la gente de su
pueblo y cortar las citadas Balsas de Juliaca y Suches, cuyo
cumplimiento se encargaba bajo graves penas en nombre del Inca, Rey y
Senor del Peru; de que recelo Orellana que el pensamiento del rebelde no
era otro que dejarle cortado, y atacar la villa de Puno y Chucuito, para
poder pasar mas libremente por Pacajes a la ciudad de la Paz razon
porque adelanto su marcha hasta las cercanias de Coata, campando en las
orillas del rio. Y sin perder instante expidio las ordenes para que
condugesen 25 balzas del pueblo de Capachica, y se mantuvo un dia en
este puesto, asi para dar descanso a sus tropas, como para conocer el
estado de las armas: diligencia oportuna, porque al siguiente dia un
indio de aquella inmediaciones aviso que los enemigos venian marchando,
dispuestos para al ataque; como efectivamente se verifico, y al medio
dia habian ya bajado de las montanas, y se adelantaban con ademan de
acometer el campo que ocupaban nuestras tropas. Era ventajoso, porque su
izquierda estaba apoyada sobre el rio caudaloso de Coata; su derecha
cubierta de una laguna, y por la espalda no permitia sino un estrecho
paso la peninsula que forman las aguas, en cuya entrada se colocaron 25
hombres de a caballo para mayor seguridad de la mulada y ganado que
estaban como encerradas en su recinto.
Reconocieron los comandantes de los rebeldes, Ingaricona y Sanca, tan
ventajosa situacion, y se suscito entre ellos la disputa sobre si
convendria o no emprender el ataque: resistialo el segundo contra los
deseos y esfuerzos del primero, que queria obstinadamente se acometiese,
considerando el poco numero que se le oponia, que aun creyeron menor de
lo que realmente era, por haber mandado a la infanteria se sentase para
esperar el momento del combate: disposicion que certifico al enemigo en
su opinion, y se persuadio que los bultos que se divisaban eran las
cargas de equipaje, colocadas de aquel modo para que sirviesen de
resguardo al impulso de las piedras de sus hondas. Preocupados del
engano y del dictamen de Ingaricona, apoyado por el de un cacique de la
provincia de Carabaya, que se les habia incorporado en el acto de la
disputa, resolvieron atacar contando con la victoria, y apoderarse de
las armas y municiones para remitirlas a Tupac-Amaru. Con este intento
se fueron acercando, y cuando estaban inmediatos, se les hicieron
algunas proposiciones pacificas por el teniente de cura de Nicasio, y el
eclesiastico D. Manuel Salazar, quienes los persuadoan a que rendidas
las armas, aprovechasen el indulto y perdon general, que a nombre de
S.M. se habia publicado: pero ellos respondieron osadamente, por medio
de un indio, que no lo necesitaban, ni menos reconocian ya por su
Soberano al Rey de Espana, sino unicamente a su Inca, Tupac-Amaru, y
desde luego empezaron a hacer algunos movimientos, y a las cuatro de la
tarde se avanzaban con gran prisa para atacar. Formaban un semi-circulo,
cuyo costado derecho gobernaba Ingaricona, el izquierdo Sanca, y el
centro el cacique de Carabaya, que termino la disputa a favor del
primero: pero los que venian a las ordenes de Sanca entraban tibios y
con grande repugnancia en el combate; efectos sin duda, de la oposicion
que habia manifestado su capitan.
Empezaron el ataque por los 25 hombres de a acaballo que guardaban el
paso que cubria la retaguardia, y era entrada del puesto donde estaba el
ganado y la mulada de que intentaron desde luego apoderarse, reforzando
los ataques y los esfuerzos: de modo, que fue preciso tambien doblar la
resistencia, reforzando aquel puesto con otros 25 hombres. En esta
situacion estaba casi rodeada la gente de Orellana, y considerando era
ya tiempo de atacar a los contrarios, se formo en batalla, colocando la
fusileria en el centro. Las lanzas, sables y palos, divididos por mitad
a los costados, sostenidos por la poca caballeria que le habia quedado,
y mandando dar un cuarto de conversion por mitad a derecha e izquierda,
acometio a un tiempo a los indios de Ingaricona y Sanca, que se
sostuvieron por algun rato con teson, peleando valerosamente, hasta que
los de Sanca cedieron, despues de haber perdido algunos hombres, y
emprendieron una fuga precipitada, arrojandose a un estero profundo,
donde se ahogaron algunos, y los demas siguieron la retirada con el
mayor desorden, hasta ampararse de las montanas inmediatas. Este
accidente dio lugar a que la tropa que cargaba aquel rebelde le dejase
en su vergonzosa fuga, y revolviese sobre el centro y derecha de los
enemigos, mandados por Ingaricona, que peleaban con la mayor
obstinacion, para dejar airosa la opinion que habia sostenido su gefe.
Pero, obligados del esfuerzo del trozo vencedor que los cargo
impetuosamente, tuvieron que ceder al orden y constancia de las tropas
de Orellana, que empenadas en la accion, mataban cuantos rebeldes se les
oponian, hasta que amedrentados por el continuado fuego del fusil, se
pusieron en desordenada fuga. La victoria fue completa, y se siguio el
alcance hasta los cerros y collados, en que procuraban ampararse los
contrarios para salvar sus vidas: pero la muerte y el horror los siguio
por todas partes, y dejaron en el campo mas de 400 cadaveres. Cuidaba el
celo del licenciado Salazar de exhortar a los moribundos,
persuadiendolos a que en su ultima agonia invocasen los dulces nombres
de Jesus y de Maria, pero tuvo que lamentarse mucho su caridad a vista
de la pertinacia con que espiraban. Duro la accion dos horas y media, y
conseguido el triunfo, se celebro con repetidas aclamaciones de viva el
Rey, y anadiendose el consuelo, de que ninguno de los nuestros hubiese
precido, cuyo particular beneficio se atribuyo justamente a la Reina
Purisima de la Concepcion, cuya efigie iba colocada en la principal
bandera, y en los corazones de los soldados, que devotos y confiados,
imploraban su auxilio para el vencimiento; porque las fuerzas de los
rebeldes ascendian a 5,000 combatientes, sin contar un crecido numero de
mugeres, que obstinadas los seguian, y no les eran inutiles, porque
conducian sin cesar piedras a los hombres, para que no les faltasen en
el acto del combate. Pagaron algunas con la vida su ferocidad, por mas
que procuraba impedirlo el Comandante, persuadiendo a sus soldados no
empleasen el valor en objeto tan debil: pero rara vez puede contenerse
el furor de la milicia, empenada en seguimiento del enemigo.
Se revistaron al dia siguiente las armas, y se hallaron algunas rotas,
y muchas torcidas, por haber usado los indios la precaucion de cubrirse
con unos cueros muy gruesos y duros, para resistir los golpes de los
sables y lanzas; y habiendose explorado la campana por algunas partidas,
no vio rebelde alguno en todas las inmediaciones, de que se infirio
habian caminado toda la noche en retirada, como en efecto, se supo poco
despues, estaban en las montanas de la estancia de Chingora. Paso
Orellana el rio con estas noticias, con intencion de cortar a los que se
hubiesen dirigido por Juliaca; pero no encontro ninguno que se lo
opusiese, antes bien, los indios del pueblo de Guaca y sus
inmediaciones, escarmentados o temerosos por la funcion antecedente, se
presentaron pidiendo con humildad el perdon e indulto general de sus
vidas y haciendan, que se les concedio desde luego, sin inferirles
perjuicio alguno, y continuando sus marchas hasta Puno, entro felizmente
en esta villa, despues de haberse mantenido en la campana doce dias, y
desde luego se repitieron a la Soberana Emperatriz de los cielos
solemnes gracias, por la cuidadosa proteccion que se digno dispensar a
las armas de S.M., como que se reconocia por primera causa de aquellas
felicidades.
Resentidos los indios de las ventajas conseguidas por los que seguian
las reales banderas, y en continuacion de sus ideas sediciosas, no
omitian diligencia para reunir cuantas fuerzas les eran posibles, con
intento de atacar la villa de Puno, y quitado este estorbo, llevar sus
invasiones libremente a las demas provincias, y llegar hasta Oruro, que
ya se habia declarado abiertamente por el rebelde. Observaba Orellana
cuidadosamente sus movimientos, y certificado que no podia resistir al
enemigo en la campana, determino defenderse dentro de la villa, y
esperar en ella al enemigo. Para este logro, mando sin perdida de tiempo
abrir fosos, levantar trincheras en los puestos mas necesarios,
abasteciose de las municiones de guerra y boca, que permitia la escasez
en que se hallaba, y considerandose todavia muy inferior a los esfuerzos
de los rebeldes, reunio las fuerzas que tenia el Gobernador de Chucuito,
D. Ramon de Moya, quien se habia restituido por este tiempo a su
provincia, para obrar de concierto, ofensiva y defensivamente.
Verificado este intento, aun se hallo no eran bastantes para resistir al
enemigo, y se determino pedir refuerzos al Comandante y Junta de Real
Hacienda de la ciudad de la Paz, pero solo se logro la remesa de 10,000
pesos; porque el socorro de tropas fue derrotado en la marcha, por los
indios de Omasuyos y Larecaja. Confirmabanse de dia en dia las noticias,
de que un ejercito de los rebeldes, compuesto de 18,000 indios y
engrosado por varias partidas de Atuncolla, Vilque y Totorani, se
hallaba ya en el pueblo de Juliaca, distante solo nueve leguas de Puno,
a las ordenes del mestizo teniente general, nombrado por el rebelde,
Ramon Ponce, y los coroneles, Pedro Bargas y Andres Ingaricona, quienes
dejaban derramada por todas partes la sangre espanola, sin distincion de
sexos ni edades, pues a cuantos animaba alguna parte de ellas eran
victimas de su crueldad y furor. En efecto el dia 10 de Marzo de 1730, a
las 11 de la manana, se presentaron en las alturas inmediatas a Puno con
grande voceria y estrepito de tambores y clarines, que alternaban con
salvas de fusileria, para autorizar las nuevas banderas que tremolaban,
en tanto se iba estendiendo aquella multitud por los montes, que
circundaban la poblacion, de modo que ocupaban una estencion de
tres leguas.
Se habia cubierto anticipadamcnte con los indios fieles que se
distinguen por Manazos, a las ordenes de su cacique D. Anselmo Bastirra,
el cerro elevado, que vulgarmente se llama _del Azogue_. Incomodaba
mucho a los enemigos la posesion de este sitio, y le atacaron
inmediatamente con tal impetu, que a poco rato fue preciso acudir con el
socorro que pedian los defensores, mandando marchar las cuatro companias
de caballeria, con orden de hacer solo el ademan de querer subir hasta
la cumbre, por si los rebeldes, al advertir este movimiento, acudian a
defenderse, y desistian del ataque. Y sin duda se hubiera logrado el
intento, si la tropa se hubiese sugetado a la obediencia: pero lejos de
esto, repecho hacia la cumbre inmediata, y trabo combate con los
enemigos, que por instantes aumentaban el numero, y de esta suerte se
acaloro tanto la accion, que los mismos que iban al socorro de los otros
le pidieron a poco rato. Se hacia sensible este accidente por la falta
que podia hacer para la defensa del pueblo: pero sin embargo se envio
una compania de fusileros con el capitan D. Santiago Vial, unicamente
para sostener la retirada de la caballeria, la que se consiguio
felizmente, cubriendo esta operacion con el fuego del fusil, de cuyas
resultas tuvieron los contrarios 30 muertos y muchos heridos, y de los
nuestros solo lo fueron levemente D. Jose Antonio Castilla, cacique de
Pomata, y un soldado de su compania.
Mantuvieronse los rebeldes sin hacer movimiento lo poco que quedaba de
aquel dia y toda la noche siguiente, poro fue insufrible su algazara.
Por nuestra parte se doblaron las guardias y centinelas, se nombraron
piquetes de caballeria y algunos lanceros a pie, para que se mantuviesen
en continua vigilancia al rededor de la villa, asi para evitar algun
incendio, como para que con la mayor precaucion y silencio se
adelantasen cuanto les fuese posible a observar los movimientos del
enemigo, tornando despues cuantas providencias eran necesarias para no
ser sorprendidos. A cuyo tiempo rompieron el ataque del Cerro del
Azogue, y reconociendo era muy dificultoso defenderle, se mando
abandonar, e inmediatamente le ocupo el enemigo, que parece no esperaba
mas que posesionarse de el para comenzar el ataque del pueblo, porque a
las diez de la manana del dia siguiente se puso en movimiento con ademan
de bajar de las eminencias, haciendo jactanciosa ostentacion de su
multitud, con extenderse por las faldas de los montes que se presentaban
a la vista. Adelantaronse algunos a prender fuego a los ranchos que
estaban poco distantes de la poblacion, abrigados y sostenidos de
algunos fusiles que disparaban contra la guarnicion, y ofendian hasta la
plaza mayor; pero se evito, colocando en una de las torres de la matriz
seis fusileros para que hiciesen fuego sobre ellos, y destacando hacia
el puesto de Orcopata un piquete de los mismos con una compania de
caballeria, que no solo lograron ahuyentarlos, sino tambien embarazar
cortasen el camino real de Chucuito, como lo intentaban.
A vista de estos sucesos, se adelantaron los indios con todo su grueso,
hasta las faldas y pie de la montana de Queroni; de suerte que no
dejaron libre a la villa otro frente que el que descubre la laguna por
la parte superior inmediata al Cerro del Azogue. Incendiaron algunos
ranchos, poco distantes de la iglesia de San Juan, se apoderaron del
arrabal de Guansapata, rechazaron a los indios fieles Manazos que lo
defendian, y finalmente pusieron una de sus banderas sobre un penasco
muy inmediato a la poblacion, en cuya mayor altura habia una cruz. En
esta critica situacion, se mando a los tenientes de fusileros de las
milicias de Puno, D. Martin Sea y D. Evaristo Franco, que con sus
respectivos piquetes acometiesen bruscamente a los enemigos en el parage
donde habian colocado la bandera, lo que egecutaron con mucho riesgo;
pero ayudados del vivo fuego que les hicieron, lograron rechazarlos en
breve rato de aquel puesto: y para que los nuestros le mantuviesen
contra los nuevos refuerzos y socorros que les oponian los contrarios,
fue preciso destacar al capitan D. Santiago Vial, con otro piquete de
fusileros, a fin de que los reforzase; con lo cual no solo contuvieron a
los indios, sino que los apartaron a una considerable distancia,
quedando duenos de una situacion tan importante. Logrose el mismo objeto
por la parte del Cerro de San Jose, donde tambien fueron rechazados los
rebeldes por el alferez D. Juan Caceres, que los acometio con la
compania de caballeria de Pomata, otra de ronderos de Chucuito, y
abrigado del fuego de los fusileros, apostados en la torre de la
iglesia. Las companias de caballeria de Puno, y la de Tiquillaca,
mandadas por D. Andres Calisaya, cacique de este segundo pueblo, con
otras de las de Chucuito, se opusieron a los que intentaban atacar por
la parte del Cerro de Queroni, pero nunca trabaron el combate, porque
acometidos huian hasta las faldas de la montana, y bajaban cuando los
nuestros se retiraban. Por lo que se dispuso que el capitan D. Juan
Asencio Monasterio, con el ayudante D. Francisco del Castillo, y algunos
otros oficiales de otras provincias, incorporadas con la compania de
fusileros, avanzasen apoyados de la caballeria, como lo egecutaron
felizmente, haciendo retroceder al enemigo hasta las montanas, de cuyas
resultas quedo el pueblo libre por todas partes. Duro la funcion hasta
las seis de la tarde: en ella acometieron los enemigos repetidas veces
con todas sus fuerzas, que como queda dicho pasaban de 18,000
combatientes, y las nuestras solo llegaban a 1,400. El numero fijo de
los muertos que tuvieron, no se pudo indagar, porque cuidaban de
retirarlos prontamente: pero atendiendo al vivo y continuado fuego que
sufrieron, se puede creer fueron muchos, y mayor numero el de los
heridos. De los nuestros salio herido el Gobernador de Chucuito de un
bala de fusil, que le atraveso el muslo izquierdo, y el mismo Orellana
se disloco un pie de una caida de caballo, cuya incomodidad reparo
brevemente, y continuo la accion. Otros oficiales y soldados fueron
tambien heridos, y algunos de ellos peligrosamente, pero se terminaron
con felicidad las resultas de sus heridas.