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Relacion historica de los sucesos de la rebelion de Jose Gabriel - Anonymous

A >> Anonymous >> Relacion historica de los sucesos de la rebelion de Jose Gabriel

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Por la noche se doblaron los cuidados y precauciones de seguridad para
evitar una sorpresa; pero los rebeldes abandonaron el sitio y dejaron
solo un trozo que disimulase su retirada: para cohonestar mejor su
verdadera intencion, los que se mantenian a la vista usaron la cautela
de hacer algunas proposiciones a los eclesiasticos que se pusieron a su
inmediacion para parlamentarlos, pidiendoles de nuevo se le entregase la
persona del corregidor Orellana, y se publicase el bando que remitieron,
mandado observar por el traidor Jose Gabriel Tupac-Amaru, entreteniendo
parte de la manana siguiente con estas y otras estratagemas, algo mas
sutiles y advertidas, que lo que regularmente se cree de una nacion
reputada por humilde y poco instruida, hasta que desaparecieron todos en
busca de los primeros que desistieron del empeno. Reconociose entonces
era cierta su entera retirada, y no dudando irian en mucho desorden, se
dispuso quedasen en la villa las companias que se estimaron necesarias
para su resguardo, y el resto de las tropas salio en su alcance, a las
ordenes del Coronel de milicias de Chucuito, D. Nicolas de Mendiolaza,
para que les picase la retaguardia, con la prevencion de no empenarse
demasiado con los enemigos. Logro alcanzarlos a legua y media de
distancia, en una montana no muy elevada, a la izquierda del camino
real del Cuzco. Al instante que estuvieron inmediatos, los primeros se
apearon, y sin esperar se les uniesen los demas, principiaron el fuego
contra algunos indios, que separados del grueso de su ejercito ocupaban
y defendian una corta eminencia de piedra, de donde fueron rechazados al
instante, y pasaron a reunirse con los demas, en lo mas alto del cerro,
que era donde tenian sus cargas. Alli se renovo el combate, con
increible obstinacion y bizarria de una y otra parte, porque separados
los fusileros, segun creian mas convenientes para divertir a los
contrarios, causaban mucho estrago en ellos, que tambien se defendian
con denuedo y constancia. No obstante pudo haberse logrado una accion
gloriosa, si las companias de caballeria hubieran imitado a los pocos de
la vanguardia que peleaban con intrepidez y arrojo: pero a pesar de la
celosa actividad con que procuro llevarlas al combate su Comandante
Mendiolaza, no pudo reducirlas con la persuasion ni el ejemplo que les
dio, poniendose a la cabeza de ellas, haciendo fuego el mismo a los
enemigos, en medio de un torbellino de piedras, que le arrojaban con sus
hondas desde muy corta distancia: y viendo que nada bastaba, desistio
del intento que se habia propuesto, de mantenerse en aquel sitio hasta
el dia siguiente, para continuar el ataque, y mando tocar la llamada
para retirarse a Puno, como lo efectuo. Pero la misma inobediencia de
las tropas causo el desorden, y que pereciesen en la funcion y retirada
seis de los nuestros: bien que los enemigos compraron a mucho precio
esta ventaja, porque tuvieron mayor numero de muertos y heridos, por
haber sufrido mas de dos horas un fuego muy vivo que les hizo la
fusileria.

Aunque se logro rechazar a los rebeldes en Puno, la confianza que
fundaron en la inutilidad con que se dirigian contra aquella villa los
indios de los pueblos por donde transitaron, ocasiono gravisimas
desgracias. En el pueblo de Coata exterminaron el propio dia a todos los
espanoles y mestizos que pudieron haber a las manos, y lo propio
acontecio en el de Capachica. Por otra parte, los pueblos de Yunguyo,
Desaguadero y Cepita de la provincia de Chucuito, se declararon por el
partido de rebelion y se unieron a los de la provincia de Pacajes,
impidiendo pasase un extraordinario, despachado por Orellana al
Comandante de la Paz, en que le pedia nombrase un sugeto capaz de
mantener y defender aquel puesto que ya consideraba preciso, en atencion
a que de resultas de la caida del caballo estaba imposibilitado de
continuar tan importante objeto: y en consideracion a que habia sido
infructuosa aquella diligencia, no penso en otra cosa que en prevenirse
para hacer menores los danos que esperaba, y resistir las invasiones que
repitiesen los insurgentes. Asimismo el Gobernador de Chucuito, luego
que supo la alteracion de los primeros pueblos de su provincia,
solicitaba los medios de sosegarla, y habiendose tratado en junta, de
guerra los que parecian mas oportuno, se propuso remitir gente armada
para contener aquellos movimientos, a que no asintio Orellana por la
consideracion de que, siendo dimanados de la misma causa que los demas,
era indispensable que toda la provincia se conmoviese, y por
consiguiente quedase encerrado el destacamento en el centro de ella:
como efectivamente le sucedio al que, por orden particular de su
Gobernador, se despacho a las del cacique de Pomata, D. Jose Toribio
Castilla, que fue sacrificado con 25 hombres que le acompanaban en su
mismo pueblo; ocasion que aprovecharon los vecinos para declararse a
cara descubierta por el rebelde.

Con la noticia de este segundo desgraciado suceso, determino el mismo
corregidor enviar todas las milicias de su provincia, que marcharon bajo
la conducta del capitan D. Santiago Vial, y al llegar a Juli reconocio
el sangriento estrago de todos los vecinos de aquel pueblo, que pasaban
por espanoles, cuyos bienes habian saqueado, sin librarse el sagrado de
los templos del furor y la profanacion, tomando despues los rebeldes por
asilo las cumbres de las montanas inmediatas. Al entrar los nuestros en
la poblacion, encontraron las plazas y calles inundadas de sangre, y
arrojados los cadaveres por todas partes, sin hallar quien les diese
razon alguna de aquel funesto espectaculo: hasta que el ruido de algunos
fusilazos que dispararon a los indios que descendian a las faldas de
unos cerros para incomodarlos, hicieron salir a los curas y algunos mas
que pudieron escapar, metidos en los lugares mas ocultos; y asegurado el
capitan Vial de que no quedaban otros escondidos, recogio su gente y
salio de nuevo a la campana con todos los que habian tenido la felicidad
de libertarse de la cuidadosa solicitud de los indios, y continuo
retrocediendo hasta las cercanias de Ylabe, desde donde participo cuanto
le habia ocurrido, y en su consecuencia se determino en junta de guerra
que siguiese su retirada: pero el no obedecio, hasta que le obligaron
los muchos indios del pueblo de Acora, que improvisamente se declararon
por el usurpudor, cuya novedad preciso a Orellana a que acudiese con un
cuerpo de tropas de su mando, solo para sostenerle la retirada, porque
las justas atenciones de su capital no le permitian otra cosa, ni menos
estar ausente de ella por mucho tiempo.

Poco despues de su llegada, recibio la noticia que los indios rebeldes
se hallaban sobre Puno: la comunicaba el Gobernador de Chucuito, Moya,
y le llamaba, advirtiendole aprovechase los instantes para socorrerle.
Levanto su campo y se puso en marcha a las doce de la noche, dejando
dispuesto le siguiesen, como unico medio en aquellas criticas
circunstancias, lo que efectivamente egecutaron la manana inmediata
hasta Chucuito, escoltando al vecindario de Acora, y los que habian
escapado de Juli e Ylabe, de cuyas poblaciones se apoderaron al instante
los rebeldes, y entregaron a las llamas la carcel, la horca y algunas
casas particulares, saqueando en las iglesias los muebles de los que
procuraron salvarlos a la sagrada sombra de su respeto. Por la parte de
Azangaro fueron mas felices nuestras armas, pues un corto destacamento,
despachado por Orellana a las ordenes de D. Andres Calisaya, cacique del
pueblo de Tiquillaca, logro no solo socorrer al de Capachica sino
tambien cubrir los de Pusi, Saman, Taraco y Caminaca, que infestaban los
rebeldes, escarmentados con muerte de algunos, y quitandoles el ganado
que llevaban. Asi tambien D. Melchor Frias y Castellanos, a la cabeza de
los indios fieles de los pueblos de Manazo, Vilque, Cavana, y Cavanilla,
que se habian presentado ofreciendo sus personas en servicio del Rey,
recorrio el camino real de Arequipa, y logro derrotar una partida de
ladrones, mandados por un indio llamado Juan Mamani, que lo tenian
interceptado, quitandole la vida a el y a muchos de los suyos, despues
de una obstinada resistencia; de cuyas resultas quedaron libres 20
mugeres espanolas que estaban prisioneras, y los indios fieles se
apoderaron de un considerable despojo, procedente de lo mucho que habian
robado de los pueblos y caminos.

Retiradas como queda espuesto las milicias de Chucuito hasta su capital,
el capitan D. Santiago Vial, consulto a la Junta de Guerra, establecida
en Puno, si deberia seguir su retirada, hasta incorporarse en aquella
villa con las demas tropas, mantenerse en defensa de la ciudad, en caso
de ser atacados por los enemigos, que desde el Desaguadero y Cepita,
continuaban la conquista de toda la provincia, y para este caso pedia se
le socorriese con municiones de guerra. Respondio la Junta, que se le
franquearian, no solo las municiones, sino tambien que se le reforzaria
con la gente que se considerase necesaria, luego que informase el numero
de enemigos que le amenazaba; pero al mismo tiempo escribio privadamente
el Gobernador Moya al comandante, que procurase retirarse con toda la
tropa: disposiciones que hacen descubrir alguna animosidad entre estos
dos corregidores, desgracia que regularmente se esperimenta, cuando
muchos tienen parte en las operaciones militares, pues cada uno quiere
para si una gloria, que es envidiada aun de los que no son capaces de
adquirirla, y de que se han seguido muchas desgracias dificiles de
reparar despues, como acontecio en esta ocasion; porque en tanto se
resolvia, determino la guarnicion de Chucuito atacar una partida de
indios que se le acercaba. Saliole al encuentro, y trabo el combate en
la cumbre y faldas de una montana de mucha aspereza y dificil subida, a
distancia de media legua de la ciudad, donde no basto el valor con que
atacaron al enemigo para conseguir ventaja conocida, y volviendo a salir
a su encuentro la manana del dia siguiente, ya le hallaron mejorado de
situacion; pero sin embargo pelearon largo rato sin fruto alguno.

Por la tarde reconocieron los enemigos el poco dano que recibian de un
pedrero, con que se procuraba ofenderlos, y determinaron apoderarse de
el: como en efecto lo consiguieron, atacando improvisamente y con
precipitacion a los que le defendian, quienes se pusieron en vergonzosa
y precipitada fuga, de que se siguio un total desorden en los demas. No
malograron los indios esta ocasion favorable que se les presentaba, y
cargando de nuevo con el todo a los fugitivos, los siguieron hasta
encerrarlos en la ciudad, en cuyo alcance perdieron la vida muchos de
los nuestros. Los indios no se atrevieron a penetrar hasta dentro de la
poblacion, y se retiraron a las faldas de los cerros que la dominan,
despues de haber incendiado unos pocos ranchos de los alrededores,
satisfechos de las ventajas que habian conseguido: pero la confusion
estremada en que quedaron aquellos milicianos, ocasiono una total falta
de obediencia, y sin reparar el peligro a que se esponian, huyeron
dispersos y desordenados a Puno, donde llegaron muchos la misma noche,
refiriendo aquel suceso con tristes lamentos y grandes exageraciones del
numero de enemigos que hacian subir a lo inmenso. Difundiose la novedad
al instante en toda la villa, y consterno de tal suerte los animos, que
Orellana llego a recelar intentasen abandonarlo sus tropas: de modo que
se vio precisado a tomar las mayores precauciones para evitarlo, y a la
manana siguiente; aunque por la parte de Lampa no faltaban justos
recelos de nuevo ataque, hizo marchar a Chucuito tres companias de
caballeria, con el fin de indagar la situacion de los indios, y que
penetrasen hasta la misma ciudad, si se hallaba desembarazado el camino,
pero con la orden de no empenarse en funcion alguna, sino que unicamente
apoyasen la retirada de los oficiales y soldados que habian quedado, y
tambien que recogiesen los miserables espanoles de aquel vecindario, y
procurasen libertarlos del furor de los indios rebeldes.

Dejaron pasar los enemigos este destacamento hasta la misma ciudad, pero
fue con cautela, porque inmediatamente ocuparon un desfiladero
inevitable, para hacer mas dificil su retirada, lo que advertido por el
Comandante, al tiempo que estaba reuniendo a todos los que habian
quedado en Chucuito, le fue preciso retroceder con aceleracion, y sin
embargo se vio obligado a abrirse el paso a viva fuerza: en cuya accion
perdio algunos soldados, sin poder evitar el estrago que los rebeldes
hicieron en los que procuraban salvarse al abrigo de este socorro, en
cuya ocasion perdio tambien la vida el cura de la iglesia de Santa Cruz
de Juli, que pudo evitar el primer riesgo de perderla, en la conmocion
de su pueblo. Los primeros que llegaron a Puno refirieron el conflicto
en que suponian a Chucuito, con cuya noticia mando Orellana se aprontase
toda la fusileria, determinado ir en persona a socorrerla, y ya en el
acto de emprender la marcha, llegaron otros que variaron mucho las
circunstancias, asegurando se habia librado la mayor parte de las
gentes, y que venian un poco mas atras incorporados con las tres
companias de caballeria, y que asimismo era inutil ir en busca de los
que no habian podido pasar el desfiladero en que estaban apostados los
rebeldes, porque habian perecido ya indefectiblemente. Razones que le
hicieron suspender la salida, y muy en breve le dieron motivo para el
mas justo sentimiento, porque reconocio el engano y la falta de muchos
sugetos de estimacion, particularmente la de D. Nicolas de Mendiolaza y
otras personas, que le obligaron de nuevo a mandar se llevasen balzas
para la laguna hasta las orillas inmediatas a Chucuito, para libertar a
algunos que se habian ocultado entre la paja, llamada _totora_, de
que abunda.

Luego que salieron de la ciudad las tres citadas companias de
caballeria, entraron los indios rebeldes sin la menor resistencia, y
ejecutaron las mas atroces crueldades. Mataron mas de 400 espanoles y
mestizos de uno y otro sexo, sin reservar las criaturas de pecho. Dentro
de la casa del cura, de la iglesia mayor que buscaban por asilo, pasaron
a cuchillo a muchos infelices. Con sacrilega osadia profanaron los
templos, sin que la veneracion y el respeto debido sirviese de escudo a
los que se habian ocultado en ellos, porque extrayendolos a las puertas
de la iglesia, les quitaban las vidas en los umbrales de la casa del
Senor. El mismo Orellana determino pasar al tercer dia con sus tropas a
impedir en parte, si le era posible, tantos horrores; pero volvio
penetrado de dolor a vista del lastimoso espectaculo que hallo por
calles y plazas, y de la funesta idea que presentaba toda la poblacion
reducida a cenizas: y solo tuvo ocasion de reconocer el acierto con que
el celo de D. Pedro Claveran habia trasladado dias antes a Puno mas de
240 quintales de azogue y papeles importantes de S.M., que se hallaban
en las reales cajas, que tambien se envolvieron en el incendio general
del pueblo. No habia en el otros espanoles que los dos curas y algunos
pocos eclesiasticos, que tambien aguardaban aquel dia la muerte,
intimada por el inhumano caudillo de los rebeldes, si no declaraban el
parage en que suponian ocultos los caudales de S.M., cuyo peligro
evitaron con la llegada de Orellana, a quien expresaron con lagrimas los
sentimientos de su corazon: y seguidamente se penso en regresar a Puno,
en cuyo transito cargaron los enemigos a los desfiladeros, con intento
de cortar la marcha, como lo habian logrado anteriormente: pero se les
frustro el designio con haber apostado algunos piquetes de fusileros,
que los contuvieron con la perdida de tres o cuatro de los mas
atrevidos.

Al propio tiempo o con poca diferencia, los indios de la parte de
Azangaro, doblando sus esfuerzos, volvieron sobre el pueblo de
Capachica, cuyos indios fieles con algunos mestizos los habian rechazado
a los principios: pero al fin cedieron a la multitud, que apoderada de
la poblacion, uso las mismas crueldades que en las demas, pasando a
cuchillo a todos los espanoles y gente blanca, que pudieron haber a las
manos. De manera que, ya no quedaban en las inmediaciones de Puno otras
personas espanolas que las que con tiempo procuraron ampararse a la
sombra de las trincheras de aquella villa, que formaba como una pequena
isla de fidelidad en medio de un mar de rebelion que la circundaba por
todas partes. Los indios rebeldes del Desaguadero, Omasuyos y Pacajes,
desembarazados del cuidado que les daba la provincia de Chucuito, con la
total ruina de su capital, se prevenian para atacar a Puno, de concierto
con los que ocupaban las provincias de Lampa y Azangaro. Esta situacion
a la verdad arriesgada, le obligo a Orellana a pedir algun socorro al
capitan de granaderos del regimiento de infanteria veterana de Lima, D.
Ramon de Arias, y al coronel de milicias, D. Jose Moscoso, que con un
destacamento de 500 hombres habian salido de Arequipa, y se hallaban a
solas nueve leguas de distancia: pero unicamente le contestaron que no
tenian ordenes de sus gefes para franquearselo, ni menos quisieron
remitirle las municiones y viveres que solicito comprarles, en el caso
de que retrocediesen prontamente; como lo ejecutaron, dejando a Orellana
en el centro de aquellas provincias sublevadas, sin mas recursos que los
que tenia dentro el corto recinto que ocupaba, donde quedo solo, porque
el Gobernador Moya se vio precisado a pasar a Arequipa para curarse las
resultas de la herida que habia recibido en el muslo, en el ataque del
dia 11 de Marzo. En este estado se dejaron ver los rebeldes por la
parte de Chucuito el dia 9 de Abril de 1781, y hasta la manana siguiente
fueron desfilando para ocupar las montanas inmediatas que dominan a
Puno. Habia Orellana aumentado algunas defensas para resistirlos.
Levanto un torreon en el ventajoso sitio de Guansapata, donde coloco una
culebrina y un pedrero, con la fusileria correspondiente para su
resguardo. Dentro de la villa reforzo las trincheras, y las aumento,
abriendo nuevos fosos en los lugares que le parecieron mas debiles.
Tenia tres canones mas, que hizo fundir con toda diligencia, y procuro
proveerse de polvora y balas, con cuyas providencias concebia fundadas
esperanzas de rechazar a los rebeldes que intentasen invadirle en
adelante. En efecto, la manana del 10 amanecieron inmediatas, formando
un semi-circulo por las cumbres de los cerros, desde donde intentaron
apoderarse de una porcion de ganado, dando principio a las hostilidades
por este termino y quitar la subsistencia de la guarnicion y vecindario.
A evitarlo se destacaron las companias de caballeria, y aunque tenian la
orden de no empenarse, no pudieron contenerse, y acometieron a los
enemigos: de modo que no solo frustraron su intento, sino tambien los
desalojaron del terreno que ocupaban.

Concluida la operacion que se habia encargado a estas companias, mando
Orellana se apostasen fuera de la poblacion, hacia las avenidas de
Chucuito, porque en aquella parte se descubria el grueso de enemigos,
quienes no tardaron en trabar con ellas algunas escaramusas que duraron
hasta las dos de la tarde, en que salio a sostenerlas parte de la
fusileria, haciendo un fuego continuado sobre los que acometieron. Desde
el torreon de Guansapata y de la plaza se les hizo tambien bastante
fuego con la artilleria, cuyos tiros dirigidos con oportunidad y
acierto, causaron algun estrago en los enemigos, que amedrentados
retrocedieron a lo mas eminente del Cerro de Orcopata, hasta que con la
proximidad de la noche ceso toda hostilidad de una y otra parte, sin que
de la nuestra hubiese perecido alguno, pero si muchos de la suya, con un
numero considerable de heridos que tuvieron. Al lado opuesto y en el
Cerro del Azogue se habia apostado desde la manana una partida de
enemigos, que se mantenia en continuo movimiento, haciendo ademanes de
acometer a los indios Manazos todo el tiempo que duro el ataque de los
otros. Con la idea de cortarlos y que no se reuniesen a los demas, dio
Orellana la orden para que un destacamento de caballeria saliese a
atacarlos, lo que egecuto tan oportunamente, que al propio tiempo
llegaron los indios fieles de Paucarcolla, Guaca y la Estancia de Moro,
que los tomaron por la espalda. Y para asegurar mas el intento, y
obligarlos a rendirse, se reforzo el puesto con algunos piquetes de
fusileros, que llegaron ya muy tarde, y no les fue posible la subida por
ser muy aspera y peligrosa: obstaculos que les precisaron a retirarse a
la plaza, donde algunos entraron muy maltratados de los hondazos que
habian recibido, por cuyo motivo se tomo la provindencia de mandar a los
indios fieles quedasen y mantuviesen su puesto, y que los Manazos
resguardasen la falda opuesta hasta la manana siguiente, en que
seguramente se hubiera conseguido el pensamiento, si la poca observancia
y ninguna advertencia del cacique Bastinza no les hubieran proporcionado
los medios para la fuga. De este modo se resistio la segunda invasion
que sufrio la villa de Pano, y aunque el numero de enemigos que la
acometieron, no era tan grande como en la primera, no fue menor la
confianza de tomarla: pero desenganados siguieron el mismo metodo de
retirarse por la noche, con solo la diferencia de haber seguido su fuga
sin detenerse en parte alguna, por mucho rato temerosos que saliese la
guarnicion en su alcance: como en efecto lo practico el mismo Orellana
hasta alguna distancia, para impedir los danos que recelaban egecutasen
con los indios de Icho de la jurisdiccion de su provincia, que no habian
faltado hasta entonces a la fidelidad: diligencia infructuosa, pues
cuando llego a dicho pueblo, ya habian degollado a todas las indias,
vengandose con esta inhumanidad, de la fidelidad de sus maridos, que
estaban alistados en Pano, siguiendo constantemente las banderas de su
legitimo Soberano.

Dirigia y gobernaba a los rebeldes en esta ocasion, un indio de baja
estraccion, llamado Pascual Alarapita, de la provincia de Paria, que
echado de su patria por delincuente, emprendio y logro con la mayor
rapidez la conquista de algunas provincias, llenandolas de horrores y
confusion, con los sangrientos destrozos, incendios y latrocinios que
egecuto en todos los pueblos, juntamente con Isidro Mamani, que traia de
subalterno, y de tan perversas costumbres como su gefe: pero este fue
preso por los indios del pueblo de Acora el dia despues del ataque de
Pano, quienes lo entregaron en aquella villa con dos capitanes suyos,
que tambien arrestaron. Agasajo Orellana a los aprensores, tratandolos
con la mayor humildad y blandura. Franqueoles el indulto general que
pidieron, por haberse unido al rebelde cuando paso por su pueblo, a cuya
determinacion les obligo ver retrocedida con tanta precipitacion,
dejandolos abandonados y espuestos al castigo que justamente merecian, y
que sin duda hubieran experimentado para escarmiento de los otros.
Dieron tambien noticia del paraje en que los insurgentes habian dejado
oculto el pedrero, los muebles y plata labrada, de que se habian
apoderado en Chucuito, por lo que se dispuso inmediatamente fuese a
recogerlo todo el contador oficial real interino, D. Pedro Claveran,
asociado con un eclesiastico de la mayor integridad y pureza, con el
laudable fin de que a los duenos existentes se le devolviese lo suyo, o
cuando no, a sus herederos: como efectivamente se practico con la mas
escrupulosa puntualidad, recuperando el pedrero y algunos fusiles que se
encontraron.

Suspensa algun tanto con estos sucesos la atencion por la parte de
Chucuito, fue menester aplicarla hacia la de Azangaro y Lampa, cuyos
indios con los de Carabaya se acercaron de nuevo a las alturas
inmediatas a la villa, como a distancia de una legua, despues de un
encuentro que tuvieron con los leales de Guaca, Atoro y Paucarcolla,
reforzados con tres companias de caballeria, y algunos fusileros, que
marcharon con el objeto de impedir los robos de ganados, que egecutaban
por todas partes, para reducir a la mayor necesidad posible el corto
numero de fieles vasallos que se contenian en el recinto de Puno. Su
numero era crecido, comparado con el de los nuestros, cuya retaguardia
picaron, hasta que se ampararon de las trincheras. A la manana siguiente
salio Orellana contra ellos, con la mayor parte de su gente: pero como
el designio principal que se habian propuesto era reunirse con los de
Chucuito, luego que supieron su retirada, y que estaba preso el
Comandante Mamani, variaron de dictamen, contentandose con llevar el
ganado que habian juntado el dia antes, y pegar fuego al pueblo de
Paucarcolla al pasar por el cuando se retiraban. No desistio Orellana
del empeno de alcanzarlos, aunque reconocio la ventaja que le llebavan
en la marcha: y para conseguirlo, mando adelantar sus companias de
caballeria, que en efecto lo lograron en las cercanias del Cerro de
Yupa, de altura portentosa, donde los detuvieron con escaramusas, hasta
que llego con el resto de la tropa: pero al instante se acogieron a lo
mas alto y escabroso de aquella montana, donde se les hizo fuego, pero
sin lograr efecto alguno contra ellos, porque se parapetaron detras de
unas tapias de piedra que habia a la cumbre. A las 5 de la tarde, llego
casualmente al mismo paraje la gente de Cavana y Cavanilla, que se
conducia a Puno de orden de su corregidor para reforzar la guarnicion,
recelando que Diego Tupac-Amaru intentase invadirlo, como se afirmaba:
la que unida con los de Vilque y Manazo, componian un numero capaz de
rodear a los rebeldes en su situacion ventajosa, como se egecuto,
estrechandolos de tal suerte, que se les impedia bajar a buscar agua a
las fuentes, que tenian ocupadas y defendidas los nuestros. Con la
resolucion que inspira un estado tan critico y desesperado, determinaron
hacer los ultimos esfuerzos para romper el cordon; como en efecto lo
consiguieron, y tambien escaparse la mayor parte, y entre ellos el
perverso Ingaricona, uno de los principales instrumentos de aquellas
alteraciones. Los que no acertaron a seguirle, quedaron muertos a manos
de los indios de los pueblos citados, que pelearon con todo el furor que
les inspiraba la memoria de los destrozos, y perdida que habian sufrido
de las mugeres, hijos y ganados. Murieron muchos, y entre ellos gran
numero de sus coroneles y capitanes, sin contar con otros que se
hicieron prisioneros, de cuyas declaraciones contestes se tuvo noticia
cierta de la prision de Jose Gabriel Tupac-Amaru.


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