Relacion historica de los sucesos de la rebelion de Jose Gabriel - Anonymous
Aunque el rebelde Catari, desde el pueblo de Macha, aparentaba sumision
y respeto a la autoridad de la Real Audiencia, no se ignoraba que
secretamente escribia cartas, convocando las provincias para una general
sublevacion, coligado con el principal rebelde Jose Gabriel Tupac-Amaru,
indio cacique del pueblo de Tongasuca en la provincia de Tinta, del
vireynato de Lima, quien pretendia ser legitimo descendiente de los
Incas del Peru.
Este, pues, dio principio a sus barbaras egecuciones el 4 de Noviembre
de 1780, prendiendo a su corregidor, D. Antonio de Arriaga, en un
convite que le dio, con el pretexto de que queria celebrar el dia de
nuestro Augusto Soberano. Asegurado el tirano de su propio juez, que
sorprendio inopinadamente cuando estaba comiendo, publico se hallaba
autorizado con una real Cedula para proceder de aquel modo, y
substanciandole la causa en pocos dias, el 10 del propio mes le quito la
vida en una horca, en la plaza publica de su pueblo, y apoderandose de
todos sus bienes, paso a hacer la misma egecucion con el de la provincia
de Quispicanchi, que no tuvo efecto por haber huido a la ciudad del
Cuzco, a donde llevo la noticia del suceso de Tinta. A contener este
alboroto, salieron de aquella ciudad 600 hombres tumultuariamente
dispuestos, los mas del pais, y entre ellos algunos europeos y a pocas
leguas que anduvieron, avistaron al rebelde en el paraje llamado
Sangarara, con un considerable trozo de indios y mestizos de aquella
comarca: y como al mismo tiempo esperimentasen una cruel nevada, se
refugiaron en la iglesia; y mas poseidos del miedo, que resueltos a
acometer al enemigo, le despacharon un emisario que le preguntase cual
era su intento, y el motivo que habla tenido para levantar gente y
turbar la tierra: y la respuesta fue, que todos los americanos pasasen
luego a su campo, donde serian tratados como patriotas, pues solo queria
castigar a los europeos o chapetones, corregidores y aduaneros.
Esta orden, que mando notificar Jose Gabriel Tupac-Amaru a los que le
habian hecho el mensage, con apercebimiento de no reservar a ninguno de
los que la contradigesen, excito entre ellos una especie de tumulto, y
tratando sobre lo que se habia de resolver, fueron unos de parecer que
se embistiese al enemigo, y otros que no; de modo que, divididos en los
dictamenes, sintieron bien presto los efectos de la discordia, que paro
en herirse reciprocamente. A esta fatalidad sobrevinieron otras, cuales
fueron la de haberlos cargado el enemigo, haberse pegado fuego a la
polvora que tenian, y caidoles un lienzo del edificio en que se
alojaban: y muertos unos, otros abrasados, y no pocos envueltos en la
ruina de la pared, fueron todos consumidos y disipados, y el rebelde se
aprovecho de las armas de fuego y blancas, reforzandose con los despojos
de sus mismos enemigos.
Tanto cuanto este suceso desgraciado pudo ofrecer de turbacion a la
ciudad del Cuzco, tuvo de feliz y ventajoso para Tupac-Amaru, con el
cual, dueno de la campana, la corrio y saqueo, haciendo destrozos en los
pueblos, haciendas y obrages de los espanoles, y avanzandose hasta la
provincia de Lampa, entro en Ayabiri sin oposicion: porque aunque en
este pueblo se habian juntado algunos vecinos espanoles de aquella y
otras provincias comarcanas, conducidos de sus corregidores, al
aproximarse al enemigo, tomaron la fuga: con lo que, difundiendose la
confusion, el sobresalto y el temor, y profugos los curas y
corregidores, quedaron abandonados, y a discrecion de los indios, los
pueblos y provincias, excepto la de Pancarcolla, en que su corregidor,
D. Joaquin Antonio de Orellana, lleno de heroicos sentimientos, formo
poco despues el proyecto de mantenerla a costa de su vida, y buscando
por asilo la villa de Puno, se fortifico en ella con pocos de los suyos.
La desenfrenada codicia de los barbaros usurpadores los empenaba en
pillarlo todo, sin respetar los templos; en ellos derramaban la sangre
humana sin distincion de sexos, ni edades. Pocas veces se habra visto
desolacion tan terrible, ni fuego que con mas rapidez se comunicase a
tantas distancias, siendo digno de notar, que en 300 leguas que se
cuentan de longitud, desde el Cuzco hasta las fronteras del Tucuman, en
que se contienen 24 provincias, en todas prendio casi a un mismo tiempo
el fuego de la rebelion, bien que con alguna diferencia en el exceso de
las crueldades.
Siguio Jose Gabriel Tupac-Amaru las huellas de todos los tiranos, y
conociendo cuan facilmente se deja arrastrar el populacho de las
apariencias con que se le galantea, porque no penetra los arcanos del
usurpador, comenzo publicando edictos de las insufribles extorsiones que
padecia la nacion, las abultadas pensiones que injustamente toleraba,
los agravios que se repetian en las aduanas, y estancos establecidos:
que los indios eran victima de la codicia de los corregidores, quienes
buscaban todos los medios de enriquecer, sin reparar en las injusticias
y vejaciones que originaban, cuyas modestas quejas, con que muchas veces
les representaron sus excesos, no sirviesen de otra cosa que de incitar
la ira y la venganza; y en fin que todo era injusticia, tirania y
ambicion: que su intento estaba unicamente reducido a buscar el bien de
la Patria, con esterminio de los inicuos y ladrones. Asi se esplicaba
este rebelde, para seducir a los pueblos, engrosando su partido, y con
mano armada pasando a los filos de su colera a cuantos se le oponian,
invadio las provincias de Azangaro, Carabaya, Tinta, Calca y
Quispicanchi, que por fuerza o de grado se declararon sus partidarias, a
cuyo ejemplo siguieron el mismo rumbo las de Chucuito, Pacajes,
Omasuyos, Larecaja, Yungas y parte de las de Misque, Cochabamba y
Atacama. Siendo ya general la sublevacion, se experimentaron tragicos o
inauditos sucesos, para cuya descripcion era necesario sudase sangre la
pluma, y fuesen los caracteres nuestras lagrimas.
Con los muchos indios que se habian juntado a Tupac-Amaru, y las armas
de que ya se habia apoderado, resolvio ir sobre el Cuzco, con el fin de
posesionarse de esta ciudad, y logrado su intento, coronarse en ella,
por ser la antigua capital del imperio peruano, con todas las
solemnidades que imitasen la costumbre de sus antiguos poderes. Se
habian acogido a esta poblacion muchos fugitivos de las provincias
inmediatas, que atemorizados de los estragos que ocasionaba el tirano,
no pensaban sino en salvar sus vidas por aquel medio: y cuando estaban
imaginando abandonar la ciudad, y que era en vano intentar resistir al
rebelde, lo impidio D. Manuel Villalta, corregidor de Abancay, que habia
servido en el real ejercito con el grado de Teniente Coronel. Este
animoso oficial, despreciando los temores, y con la experiencia de su
profesion, levanto aquellos espiritus abatidos, echo mano de las
milicias, y ordeno las cosas de manera que dificultasen el proyecto del
rebelde: a que contribuyeron mucho los caciques de Tinta y Chicheros,
Rozas y Pumacagua, cuya lealtad y la de los Chuquiguancas, brillo como
un astro luminoso en medio de la negra oscuridad de la rebelion,
ofreciendo en obsequio de su fidelidad el digno sacrificio de algunas
vidas de los de sus familias y todas las haciendas que poseian.
Conocido por el tirano lo dificil que le era tomar el Cuzco, desistio
del empeno, despues de algunos ataques, en que fue rechazado
gloriosamente por sus vecinos, dirigidos y gobernados por Villalta,
quien le quito de las manos una presa con que ya contaba, y perdida
aquella esperanza, se contrajo a continuar las correrias y robos contra
los espanoles. Declarada ya en todas partes la guerra, y las poblaciones
y campana sin resistencia, los que pudieron escapar de los primeros
insultos, se refugiaron a las ciudades y villas que les fueron mas
inmediatas. En la de Cochabamba solo, de las partes de Yungas (con
quienes confina por los valles de Ayopaya), entraron mas de 5,000
personas de ambos sexos y de todas edades, que condujo su corregidor, D.
Jose Albisuri. No porque en los pueblos de espanoles faltase la
alteracion y recelo que ofrecia el numeroso vulgo, sino porque el riesgo
parecia menos egecutivo, aunque diariamente se fijaban pasquines y se
oian canciones a favor de Tupac-Amaru, contra los europeos y el
gobierno. Agitado el cuidado de los vireyes de Lima y Buenos Aires,
los Exmos. Senores, D. Agustin de Jauregui y D. Juan Jose de Vertiz,
pensaron seriamente al remedio de tantos males. El primero dispuso
pasase al Cuzco el Visitador General, D. Jose Antonio Areche, con el
mando absoluto de hacienda y guerra, nombrando tambien al Mariscal de
Campo, D. Jose del Valle, Inspector de las tropas de aquel vireinato, al
Coronel de Dragones, D. Gabriel de Aviles, y otros oficiales, para que
tomasen el mando y direccion de las armas que habian de obrar contra los
rebeldes; y el segundo confirmo la eleccion que habia hecho el
Presidente de Charcas, del Teniente Coronel D. Ignacio Flores,
Gobernador que era de Moxos, declarandole Comandante General de aquellas
provincias, y demas que estuviesen alteradas en la jurisdiccion de su
mando, con inhibicion de la Real Audiencia de la Plata, concediendole
muchas y amplias facultades, para obrar libremente. Los Oidores, poco
conformes con esta disposicion, manifestaron su resentimiento en
distintas ocasiones, dificultando las providencias del Comandante,
oponiendo obstaculos a sus determinaciones, criticando su conducta de
morosa, calumniandole de pusilanime e irresoluto, fundandose en que no
tomaba partido con prontitud, y suponiendo que si hubiese obrado con
actividad ofensivamente contra los rebeldes, hubiera podido sofocarse
con el escarmiento de pocos el atrevimiento de los demas. En cuyas
alteraciones y etiquetas, suscitadas indebidamente en tan criticas
circunstancias, pasaron algun tiempo: hasta que fue creciendo el
cuidado, con motivo de haber mandado la Audiencia secretamente, y sin el
conocimiento que le correspondia a Flores, prender al reo Tomas Catari,
lo que egecuto D. Manuel Alvarez en el Asiento de Ahullagas, en virtud
del auto proveido en acuerdo reservado que se celebro con todo sigilo,
atropellando las prudentes disposiciones del Virey, y desairandole
cruelmente, porque tal proceder era opuesto a sus providencias y a las
facultades que tenia concedidas a aquel Comandante.
Este suceso lleno de regocijo a la ciudad de la Plata, y no fue de poca
satisfaccion a sus ministros, porque todos creian que cortada aquella
cabeza, pasase la inquietud, y que un hecho de esta naturaleza podia
servirles de escudo para cubrirse de sus primeros yerros y desacreditar
la conducta del Comandante militar: porque no solo habia concurrido a
el, sino que tenia significado, no era conveniente en aquella ocasion,
antes bien proponia se empleasen los medios politicos que eran mas
oportunos en tan criticas circunstancias, en que se debia sacar todo el
partido posible de la autoridad y fuerzas que ya habia adquirido el
delincuente, en tanto se acopiaban armas y municiones para resistirle,
motivos porque ocultaron su determinacion. Pero a poco tiempo se
desaparecio aquella alegria, desvaneciendose sus concebidas esperanzas
con las desgraciadas muertes del dicho D. Manuel, y del Justicia Mayor,
D. Juan Antonio Acuna, que con una corta escolta conducian preso a aquel
rebelde: quienes, viendose inopinadamente atacados en la cuesta de
Chataquilay, y que era muy dificultoso conservar su persona con
seguridad, determinaron matarle antes de intentar la resistencia, sin
que bastase despues el esfuerzo a salvar ninguno de los que le
conducian; creciendo el espanto y susto con haberse acercado
inmediatamente los indios agresores a la ciudad para cercarla, campando
dos leguas de ella, en los cerros de la Punilla, mas de 7,000,
capitaneados por Damaso y Nicolas Catari, hermanos del difunto Santos
Achu, Simon Castillo y otros caudillos. Con cuyo hecho desgraciado vario
el modo de pensar de la Audiencia, que empleo todos los recursos
imaginables para ocultar habia sido suya aquella providencia,
significando que Alvarez habia egecutado la prision de motupropio: pero
Flores, que no se descuidaba en cubrirse de sus resultas, tuvo modo de
conseguir copia de todo lo acordado sobre aquel hecho. Asi perpetuamente
se eslabonan los fracasos con las dichas, teniendo en continua duda
nuestros afectos, para que busquen en su centro la verdadera y estable
felicidad.
Aun no bien se supo estaban acampados los indios en aquel cerro,
proyectando el asalto de la ciudad, se infundio en todos sus vecinos la
generosa resolucion de defenderse, hasta derramar la ultima gota de
sangre: y porque fuesen iguales el valor y la precaucion, ganando los
instantes, se colocaron puestos avanzados para observar desde mas cerca
los movimientos del enemigo, y cortando las calles con tapias de adobes,
que impropiamente han llamado trincheras, se destacaron algunas
companias de milicianos para que guarnecieran sus extramuros. El Regente
en una continua agitacion expedia providencia sobre providencia, y los
Ministros, disimulando el miedo que los dominaba con el celo y amor al
Soberano, se hicieron cargo con las companias formadas del gremio de
abogados, de rondar y patrullar todas las noches, reconociendo las
centinelas avanzadas. Pero como todos carecian de los principios del
arte de la guerra, servian de confusion mas que de seguridad sus
diligencias, que tambien contribuyeren no poco a suscitar nuevas
disputas sobre sus pretendidas facultades, y las que tenia el Comandante
de las armas. Sin embargo de todo esto, se notaba en los vecinos buena
disposicion, por mas que se haya querido disminuir despues, abultando
desconfianzas para cubrir la negligencia, y el error de no haber acudido
con resolucion y actividad a cegar el manantial de donde nacian estas
alteraciones: siendo facil comprender, que si en sus principios se
hubiese obrado con el valor y determinacion que piden semejantes casos,
se hubieran evitado tantos estragos, como siguieron, y la muerte de mas
de 40,000 personas espanolas, y mucho mayor numero de indios, que han
sido victimas de estas civiles disenciones.
Insolentes los rebeldes en su campamento, dirigieron a la Real Audiencia
algunas cartas llenas de audaces amenazas, pidiendo las cabezas de
algunos individuos, y asegurando hacer el uso mas torpe de las mugeres
del Regente y algunos Ministros, ofreciendo emplearlas despues en las
tareas mas humildes del servicio de sus casas. En esta ocasion fue
sospechado complice en las turbaciones el cura de la doctrina de Macha,
el Dr. D. Jose Gregorio Merlos, eclesiastico de corrompida y escandalosa
conducta, de genio atrevido y desvergonzado, que fue arrestado por el
Oidor D. Pedro Cernadas en su misma casa, y depositado en la Recoleta
con un par de grillos, y despues en la carcel publica con todas las
precauciones que requerian el delito que se le imputaba, y las continuas
instancias que hacian los rebeldes por su libertad, quienes aseguraban
entrarian a sacarle de su prision a viva fuerza: cuyo hecho se egecuto
tambien sin consentimiento del Comandante militar, aprovechando la
Audiencia, para proceder a su captura, del pretesto de hallarse ausente,
para un reconocimiento en las inmediaciones de la ciudad. El cuidado se
iba aumentando con continuos sobresaltos que ocasionaba la inmediacion
de los sediciosos, y aunque no llegaron nunca a formalizar el cerco, se
empezaba asentir alguna escasez de viveres, que fue tambien causa de
aumentarse las discordias, por la libertad de pareceres para el remedio.
Solicitaron los abogados, unidos con los vecinos, se les diese licencia
para acometer al enemigo, pero luego que entendieron que se disgustaba
el Comandante por esta proposicion, se apartaron de su intento. El
Director de tabacos, D. Francisco de Paula Sanz, sugeto adornado de las
mejores circunstancias y calidades, se hallaba en la ciudad casualmente,
y de resultas de la comision que estaba a su cargo para el
establecimiento de este ramo, movido de su espiritu bizarro, y cansado
de las contemplaciones que se usaban con los rebeldes, quizo atacarlos
con sus dependientes y algunos vecinos que se le agregaron, y saliendo
de la ciudad con este intento, el dia 16 de Febrero de 1781 llego a las
faldas de los cerros de la Punilla, en que estaban alojados los indios,
que descendieron inmediatamente a buscarle para presentar el combate,
persuadidos de que el poco numero que se les oponia, aseguraba de su
parte el vencimiento. Cargaron con tanta violencia y multitud aquel
pequeno trozo, que se componia de solos 40 hombres, que no basto el
valor para la resistencia, y cediendo al mayor numero y a la fuerza,
fue preciso pensar en la retirada, en que hubieran perecido todos por el
desorden son que la egecutaron, a no haber salido a sostenerlos la
compania de granaderos milicianos, no pudiendo evitar perdiese la vida
en la refriega D. Francisco Revilla, y dos granaderos que le acompanaron
en su desgraciada suerte: pues aunque despues salio Flores con mayor
numero de gente, sirvio poco su diligencia, por haber entrado la noche.
El genio docil y el natural agrado del Director Sanz, acompanados de su
generosidad, le hacian muy estimado de todos, menos de Flores, con quien
habia tenido algunos disgustos por el diverso modo de pensar. Sanz, todo
era fuego para castigar la insolencia de los sediciosos, y Flores, todo
circunspeccion y flema en contemplarlos, cuya conducta, mormurada
generalmente, ocasiono pasquines denigrantes a su honor, tildandole de
cobarde, atreviendose a decir, era afecto al partido de la rebelion: y
llego a tanto la osadia del publico, que expreso sus sentimientos con
satiricos versos y groseras significaciones, enviandole a su casa, la
misma noche del ataque del 16, una porcion de gallinas, sin saber quien
habia sido el autor de este intempestivo regalo. Al siguiente dia se
presentaron los vecinos por escrito, manifestando estaban prontos y
dispuestos a ir en busca del enemigo. Todos clamaban se anticipaba su
ultima ruina, gritaban descaradamente, que si no se les conducia al
ataque, saldrian sin el Comandante: y ya obligado de tantas y tan
repetidas eficaces insinuaciones que se aumentaron con el desgraciado
suceso del Director, determino para el 20 del mismo Febrero atacar a los
indios de la Punilla. Serian las 12 de aquel dia, cuando se pusieron en
marcha nuestras tropas, y llegando al campo se presento al Comandante un
espectaculo agradable, que le anunciaba la victoria, y fue reconocer que
un crecido numero de mugeres, mezcladas y confundidas entre la tropa,
deseaba con ansia entrar en funcion: este raro fenomeno, cuanto
lisonjeaba el gusto, arranco lagrimas de aquel gefe, que egercito toda
su habilidad para disuadirlas se apartasen de tan peligroso empeno, con
el cual unicamente habian conseguido ya una gloria inmortal: y aunque se
les mitigo el ardor, nunca se pudo lograr se retirasen, y permanecieron
en el campo de batalla, o bien para que su presencia inspirase aliento a
los soldados, o para que sirviesen de socorro en cualquiera infortunio.
Las dos de la tarde serian cuando se toco a embestir al enemigo, que se
hallaba apostado en las alturas de tres montanas asperas y fragosas,
cuya ventaja hacia peligrosa la subida: pero esta dificultad empeno el
valor de los nuestros, que estaban tan deseosos de venir a las manos, y
acometiendo con heroico denuedo, sufrieron los indios poco tiempo el
asalto, ganando airosamente las cumbres de aquellos empinados cerros,
llevandose con los filos de la espada a todos los que no retiro la fuga;
dejando en el campo de batalla 400 cadaveres, con poca o ninguna perdida
de nuestra parte, y de sus resultas libre la ciudad del bloqueo en tan
breve espacio de tiempo, que pudo el Comandante General exclamar con
Julio Cesar:--_Veni, vidi, vinci_. Celebrose esta victoria con festivas
aclamaciones de _Viva el Rey_; e iluminandose la ciudad por tres noches,
se rindieron al Todo-Poderoso las debidas gracias, manifestandose la
alegria con todos aquellas senas con que acredita el amor, la sinceridad
del afecto. Este destrozo de los enemigos trajo las mas favorables
consecuencias, y hubieran sido mayores si se hubiese adelantado la
accion: pues asustada la provincia de Chayanta, depuso toda inquietud, y
para comprobar su arrepentimiento, entrego a los principales autores,
que fueron Damaso y Nicolas Catari, Santos Hachu, Simon Castillo y otros
varios, que todos murieron en tres palos: que asi burla la Divina
Providencia las esperanzas de los delincuentes, disponiendo caigan a
manos de la justicia, cuando se creen mas exentos de su rigor.
Este hecho acredita cuan conveniente era ganar los instantes, y obrar
con actividad contra los insurgentes, aprovechando la consternacion en
que se hallaban por el dichoso suceso de la Punilla, antes que
depusieran su espunto: pues los recelos y desconfianzas del Comandante,
y su caracter mas politico que militar, le hacian observar una lentitud
perjudicial a la causa publica. Y como vacilaba en un mar de dudas, paso
el tiempo en hacer prevenciones, con que disimulaba su manejo, que
pudiera haber variado con las repetidas pruebas de fidelidad y bizarria
que le tenian dadas los vecinos de la Plata, que justamente se han
quejado del concepto que le merecieron, porque consideraba no eran
capaces de sostener operaciones ofensivas en campo abierto sin el
auxilio de los veteranos que se esperaban: lo que debiera haber tentado
sin esta circunstancia, pues algo se ha de aventurar en los casos
estremos, en que no se presenta otro recurso. Estas detenciones
ocasionaron no pocos males, particularmente en las provincias de Chichas
y Lipes, que se sublevaron despues de aquel suceso, porque conocieron la
superioridad que tenian, y les manifestaba semejante conducta, y que no
eran muy temibles el Comandante y armas que se hallaban en la ciudad de
la Plata, cuando aun despues de vencedoras se contentaban con volver a
encerrarse en los terminos de su recinto, sin pensar al remedio de las
calamidades agenas: a que contribuyo tambien el haber seguido el mismo
sistema la imperial villa de Potosi, que creyo llenaba so obligacion con
poner a cubierto sus preciosas minas.
Cuando estaba para celebrarse en casa del Comandante, D. Ignacio Flores,
con un banquete, el buen exito que tuvo la accion de la Punilla, se
recibio la infausta noticia del horroroso hecho acaecido en la villa de
Oruro, con lo que se consternaron los animos de todos los convidados, y
se llenaron de amargura, convirtiendose en pesar el placer que tenian
prevenido. Y como es uno de los acaecimientos mas notables de esta
general sublevacion, no podra ser desagradable se refiera con extension,
y con todas las circunstancias que requiere un hecho de esta naturaleza.
El origen, pues, y las causas de esta funestisima tragedia, fueron
haberse divulgado en aquella villa las fatalidades acaecidas en las
provincias de Chayanta y Tinta, con un edicto que expidio Jose Gabriel
Tupac-Amaru, en que espresaba todas sus crueles y ambiciosas
intenciones: lo que, llegado a noticia del corregidor, D. Ramon de
Urrutia, juntamente con los extragos que causaba en las provincias de
Lampa y Carabaya, le determinaron a prevenirse para cualquier
acontecimiento. Formo companias de los _cholos_ y vecinos, para
disciplinarlas en el manejo de las armas, destinando diferentes sitios
para la ensenanza, donde concurrian semanalmente dos veces, y aprendian
con gusto la doctrina de sus maestros: algunos desde luego no aprobaron
esta diligencia, o porque eran adictos al principal rebelde Tupac-Amaru,
cuya venida deseaban con ansia, o lo mas cierto, porque eran sus
confidentes. Estos tales solamente concurrian a aquel acto para emular a
los que ensenaban, que eran europeos, y a formar diferentes criticas
sobre sus operaciones, al mismo tiempo que con insolencia fijaban
pasquines opuestos a la corona, censurando el gobierno del corregidor y
demas jueces. Entre ellos amanecio uno el dia 25 de Diciembre de 1780,
en que se anunciaba el asesinato, que despues egecutaron con los
europeos, y zaherian la conducta de D. Fernando Gurruchaga, Alcalde
ordinario, que acababa aquel ano, con dicterios denigrativos a su
persona, y de la justicia. Tambien prevenian en el a los individuos del
Cabildo, se abstuviesen de elegir Alcaldes europeos, porque si tal
sucedia, no durarian ocho dias, porque se sublevarian y serian victima
de su enojo, por ser ladrones: y que para evitar tan funesto suceso,
habian de nombrar precisamente de Alcaldes a D. Juan de Dios y a D.
Jacinto Rodriguez.
El Corregidor, cuidadoso con estas publicas amenazas, e insolentes
pretensiones: obraba vigilante en la averiguacion y pesquiza de los
autores, pero por mas exactas diligencias, asi judiciales como
extrajudiciales que practico, nunca pudo saber la verdad para castigar a
los delincuentes, a fin de mantener a todos con la quietud y buena
armonia, a que siempre propendio desde el ingreso a su corregimiento.
Llegado el dia de la eleccion, para el ano de 1781, propuso a los
vocales nombrasen a sugetos benemeritos y honrados, de buenas costumbres
y amantes de la justicia, para que asi pudiesen desempenar con acierto
los cargos, con la madurez y juicio que previenen las leyes, y requerian
las criticas circunstancias, en que se hallaba el reino. Para este
efecto les propuso a D. Jose Miguel Llano y Valdez, patricio, a D.
Joaquin Rubis de Celis, y D. Manuel de Mugrusa, europeos, con la mira de
que saliese la vara de la casa de los Rodriguez, que pretendia hacerla
hereditaria, y que ni ellos ni ninguno de sus parciales y domesticos,
fuese elegido, pues hacian 18 anos que estos sugetos estaban
posesionados de aquellos empleos, sin permitir jamas que fuesen
nombrados otros, por la desmedida ambicion de gobernar que los dominaba:
y tambien para evitar las injusticias, estorsiones y violencias, que con
titulo de jueces egecutaban con toda clase de gentes, validos del
depotismo sin limite que habian adquirido, con el cual protegian todo
genero de vicios, de que adolecian sus dependientes y criados.