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Relacion historica de los sucesos de la rebelion de Jose Gabriel - Anonymous

A >> Anonymous >> Relacion historica de los sucesos de la rebelion de Jose Gabriel

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Trascendida por los Rodriguez esta idea, previnieron algunas
alteraciones y diferencias para el dia de la eleccion: no obstante
prevalecieron los votos a favor de la justicia, y salieron electos los
propuestos por el Corregidor, que aborrecian cruelmente los Rodriguez,
por la desemejanza de costumbres y nacimiento: y no podiendo ocultar la
ponzona que encerraban sus corazones, al ver se les habia quitado el
mando, que tantos anos tenian como usurpado, se quitaron la mascara,
para dejarse ver a todas luces sentidos contra el. D. Jacinto estuvo
para morirse con lo vomitos que le ocasiono la colera del desaire, y D.
Juan salio de la villa para su ingenio a toda prisa, dejando prevenido
en su casa, que ninguno de sus clientes saliese a las corridas de toros,
que regularmente celebran los nuevos Alcaldes para festejar al publico,
ni que a estos se les prestase cosa alguna que pidiesen para los
refrescos acostumbrados. En este mismo dia empezo a descubrirse la liga
que habia formado con ellos el cura de la iglesia matriz. Sucedio pues,
que siendo costumbre de tiempo inmemorial, que acabadas las elecciones,
y confirmadas por el corregidor en la casa capitular, pasaba todo el
Cabildo a la iglesia mayor a oir la misa de gracias, se dirigieron los
Cabildantes a esta pia demostracion, pero estando ya a las puertas de la
iglesia, salio al encuentro el sacristan para decirles que no habia
misa, porque ninguno habia dado la limosna.

Estaban las cosas en este critico estado, cuando llego la noticia de la
muerte de Tomas Catari; y creyendo el corregidor de Paria, D. Manuel
Bodega, que quitado este sedicioso perturbador de la quietud publica, le
seria facil sugetar la provincia, cobrar los reales tributos y su
reparto, determino ir a ella con armas y gente. Pidio para esto a
Urrutia le auxiliase con soldados, que le nego, previniendo no podian
resultar buenas consecuencias: pero Bodega mal aconsejado, junto 50
hombres, pagados a su costa, y emprendio la marcha al pueblo de
Challapata, donde el y los mas que le acompanaban, pagaron con la vida
su lijera determinacion.

Con este hecho, persuadidos quedaron los indios de Challapata, Condo,
Popo y demas pueblos inmediatos, que el corregidor de Oruro habia
auxiliado al de Paria con armas y gente para castigarlos, desde aquel
dia amenazaban la villa y el corregidor, protestando asolarla, y dar
muerte a todos sus habitantes. Agregose a esto, que un religioso
franciscano, llamado Fray Bernardino Gallegos, que a la sazon se hallaba
de capellan en los ingenios de D. Juan de Dios Rodriguez, solapando su
malicioso designio, decia habia oido, que los indios de Challapata
estaban prevenidos para invadir a Oruro, y que el principal motivo que
los impelia, era saber que se hacia diariamente egercicio, por lo que
consideraba conveniente se suspendiese; pues sin mas diligencia que
esta, se sosegarian los animos de aquellos rebeldes, porque su
resentimiento nacia unicamente de aquella disposicion. El corregidor, ya
fue que no dio asenso a los avisos de aquel religioso, o porque
penetrase su interior, no altero sus providencias, de que nacieron
continuos sobresaltos y cuidados: porque, resentido de esto, no ceso de
esparcir en adelante funestas noticias, que amenazaban por instantes el
insulto ofrecido por los indios circunvecinos. En este conflicto se
dudaba el medio que debia elegirse: no habia armas, ni pertrechos;
hacianse cabildos publicos y secretos; nada se resolvia por falta de
dinero en la caja de propios, o por decirlo con mas propiedad, por no
haber tal caja, porque hacia muchos anos se habia apoderado de su fondo
D. Jacinto Rodriguez. Tampoco podia acudirse a las cajas reales, porque
lo resistian sus oficiales, alegando no serles facultativo extraer
cantidad alguna, sin orden espresa de la superioridad; y por ultimo
recurso, se penso en que los vecinos contribuyesen con algun donativo,
que tampoco tuvo efecto, por la suma pobreza en que se hallaban. En
estos apuros se manifesto el celo del tesorero D. Salvador Parrilla,
dando de contado 2.000 pesos de sus propios intereses, para que se
acuartelasen las milicias, y se previniesen municiones de guerra, entre
tanto se daba parte a la Audiencia, para que deliberase lo que tuviese
por conveniente. Con esta cantidad se dio principio a los preparativos;
pusieronse a sueldo 300 hombres: se nombraron capitanes y demas
oficiales, para hacer el servicio: D. Manuel Serrano, formo una compania
de la mas infame chusma del pueblo, y nombro por su teniente a D.
Nicolas de Herrera, de genio caviloso, que despues fue uno de los que
mas sobresalieron en esta tragica escena.

Acuartelada asi la tropa, se suscitaron muchas disenciones por la poca
subordinacion de los soldados, la ninguna legalidad en los oficiales
para la suministracion del prest senalado, y otros motivos, que se
originaban, mas por la disposicion de los animos, que por, las
fundadas quejas.

El dia 9, a las diez de la noche, salieron del cuartel algunos soldados
de la compania de Serrano, pidiendo a gritos socorro a los demas; y
preguntada la causa, respondio en voz alta Sebastian Pagador:--"Amigos,
paisanos y companeros, estad ciertos que se intenta la mas aleve
traicion contra nosotros por los chapetones: esta noticia acaba de
comunicarseme por mi hija; en ninguna ocasion podemos mejor dar
evidentes pruebas de nuestro amor a la patria, sino en esta: no
estimemos en nada nuestras vidas, sacrifiquemoslas gustosos en defensa
de la libertad, convirtiendo toda la humildad y rendimiento, que hemos
tenido con los espanoles europeos, en ira y furor, y acabemos de una vez
con esta maldita raza." Se esparcio inmediatamente por todo el pueblo
este razonamiento, y la mocion en que estaban las companias milicianas,
no descuidandose D. Nicolas Herrera en atizar el fuego, contando en
todas partes con los colores mas vivos, que su malicioso intento pudo
sugerirle, la conjuracion de los europeos.

Sebastian Pagador habia sido muchos anos sirviente en las minas de ambos
Rodriguez, y en aquella actualidad concurria a ellas por las tardes con
D. Jacinto, donde este se ponia ebrio, mal de que adolecia comunmente.
Entre otras producciones de la borrachera, salio con el disparate que el
corregidor le queria ahorcar, juntamente con sus hermanos, a D. Manuel
Herrera y otros vecinos. El calor de la chicha, que tenia alterado a
Pagador, le hizo facilitar el asesinato que despues egecutaron,
tratandolo con D. Nicolas de Herrera, sugeto muchas veces procesado por
ladron publico y salteador de caminos. A este no sola le constaba que
muchos de los europeos estaban acaudalados, sino que el y algunos de sus
inicuos companeros vieron depositar muchas barras y zurrones de plata
sellada en cara de D. Jose Endeiza, a quien se le consideraba mas de
50,000 pesos efectivos. Como este sugeto era tan amable, concurrian a su
mesa muchos de sus amigos, tambien acaudalados, y acordaron que en tanto
se les proporcionaba trasladarse a Potosi, se juntasen todos con sus
caudales a vivir en la casa donde se hallaba hospedado. La presa de tan
crecido caudal fue el principal origen de este desgraciado suceso. D.
Nicolas Herrera, que deseaba mas que todos llegase el caso de egecutar
el saqueo, publicaba en todas partes el razonamiento de Pagador, y
continuando sus diligencias, entro en casa de D. Casimiro Delgado, que a
la sazon estaba jugando con D. Manuel Amezaga, cura de Challacollo, y
con Fray Antonio Lazo, del Orden de San Agustin. Alborotaronse todos con
la novedad, y resolvieron ir a avisar a los milicianos la desgracia que
los amenazaba: determinacion, a la verdad, impropia de aquellos sugetos,
y que tiene muchos visos de sediciosa; porque sin reflexionar en
consecuencias pasaron al cuartel, llamaron al capitan D. Bartolome
Menacho y a otros, y les dieron noticia de lo que sabian, haciendoles la
prevencion de que se guardasen. Con esto, y la voz de traicion de parte
de los europeos que Herrera habia esparcido por toda la villa, acudian
en crecidas tropas al cuartel, las madres, mugeres y hermanas de los que
estaban acuartelados: unas llevaban armas para que se defendiesen, y
otras con las mas tiernas voces, pedian con lagrimas dejasen aquel
recinto. A esto anadian los soldados, incitados por Pagador, se
persuadiesen era cierta la conjuracion: los unos afirmaban que el
corregidor tenia prevenida una mina para volarlos repentinamente, otros
gritaban que no habia que dudar, porque tenia arrimadas escaleras para
asaltarlos de improviso por el corral de su casa. Todo era confusion,
desorden y alboroto, sin el menor fundamento; porque la malicia de los
seductores inventaba estas y otras especias sediciosas para conmover los
animos. De esta conformidad pasaron aquella noche en continuo
sobresalto, y luego que aclaro el dia 10, desampararon el cuartel: unos
se dirigieron a sus casas, y otros reunidos por Pagador, se presentaron
a D. Jacinto Rodriguez, protestando que como a su Teniente Coronel
debian comunicarle lo que se premeditaba contra ellos; que estaban
prontos a obedecerle ciegamente, con lo que daban unas pruebas nada
equivocas de la subordinacion que le tenian: quien, al oir las quejas,
les dijo que no volviesen al cuartel, y quedandose con algunos de mayor
confianza, les previno sigilosamente se amotinasen aquella noche, y les
advirtio el modo con que lo habian de practicar.

Habia marchado dias antes al pueblo de Challapata Fray Bernardino
Gallegos, del Orden de San Francisco, con el pretesto de libertar
algunos soldados que llevo D. Manuel de la Bodega, los que se hallaban
escondidos en casa del cura; pero su verdadero designio fue el de
convocar a los indios para aquel dia. En el mismo distribuyo D. Jacinto
a sus negros, y algunos de sus criados por las estancias y pueblos
inmediatos, para con la ayuda de estos, doblar sus fuerzas y lograr su
intento; monto a caballo, se dirigio al Cerro de las Minas, donde junto
a todos los indios, mulatos y mestizos, que trabajaban en ellas, y les
dio la orden de que precisamente bajasen por el Cerro de Conchopata a la
villa, luego que anocheciese. Todo se egecuto como estaba prevenido,
empezando la bulla de los peones mineros en aquel lugar, a la hora
senalada. Para asegurar mejor la accion premeditada, andaba por las
calles y plazas un oficial de la compania de Menacho, llamado D. Jose
Asurdui, publicando era cierta la traicion del corregidor y europeos,
con tanto descaro, que, obligo a uno de ellos a reconvenirle,
diciendoles: "Solamente un hombre de poco entendimiento podria proferir
este disparate: Vd. se persuade que el corregidor, acompanado unicamente
de 30 a 40 europeos, se consideren capaces de resistir y matar a mas de
5,000 hombres que tiene la villa; esto fuera lo mismo que intentar una
hormiga hacer frente a un leon." Pero como eran otros los principios de
aquel motin, de nada sirvieron estas solidas razones para contenerle,
antes bien se aumentaron los corrillos en las esquinas de las calles y
plaza publica, creciendo el cuidado, por haber encontrado un pedazo de
carta de Fray Bernardino Gallego, en que avisaba a su hermano, Fray
Feliciano, que indefectiblemente la noche del 10 seria invadida la villa
por los indios Challapatas, pero que no tuviesen cuidado, que el fin era
quitar la vida al corregidor y oficiales reales. Tales indios no
parecieron aquella noche, y averiguada la verdad, muchos dias despues se
supo no pensaron en venir por entonces, y que solo habia sido ardid para
aumentar el temor y la confusion.

A las 4 de la tarde mando el corregidor tocar llamada, para que las
milicias se juntasen; en efecto obedecieron, siendo muy pocos los que
hicieron falta; pero con la circunstancia de no querer entrar en el
cuartel, y si mantenerse divididos en trozos por las esquinas de la
plaza, hablando entre ellos de la supuesta traicion, y lo que habian de
practicar; y no descuidandose Pagador en su comision, recordo los hechos
de Jose Gabriel Tupac-Amaru, apoyando su conducta contra el Soberano,
las vejaciones que sufrian por el mal gobierno de sus ministros, los
insoportables pechos, que con motivo de la guerra con los ingleses,
imponian a los pueblos, y otras razones eficaces para conducir los
animos al fin que se habia propuesto. El corregidor, procuraba
reducirlos, ya con suavidad, ya con amenazas; pero nada bastaba, y, solo
pudo conseguir le ofreciesen, se mantendrian en la plaza, esperando a
los indios que amenazaban invadir la villa aquella noche: y para que no
quedase medio que emplear, se convido a dormir con ellos, y que cuando
se verificase la conjuracion de los europeos, sacrificarian primero su
vida antes que permitir pereciese ninguno de los soldados. Pero como
faltaba ya la razon, y empezaban a descubrir su mala intencion, lejos de
producir los buenos efectos que se prometia de esta sumisa oferta, solo
sirvio para que se insolentasen mas. Rogabales humildemente, y procuraba
disuadirlos de las supuestas quejas con los europeos: deciales que todo
era falso e inventado por la malicia de los que les persuadian lo
contrario; pero mas irritados con estos medios de suavidad, empezaron a
manejar sus hondas, ensayando el modo con que habian de usar de ellas.

Estas son las causas de donde se origino tan cruel rebelion contra la
Magestad y los europeos; pero anadire otra que a mi ver es el principal
fundamento de este sangriento suceso. Hacian 10 anos, que se
esperimentaba un total atraso en las labores de minas; de modo que en la
actualidad no habia una sola que llevase formal trabajo, ni pudiese
rendir a su dueno lo necesario para su conservacion y giro, siendo lo
unico que sostenia el vecindario: cuya total decadencia puso a sus
mineros en tan lamentable constitucion, que los que se contaban por
principales, y en otros tiempos poseian agigantados caudales, como eran
los Rodriguez, Herrera, Galleguillos y otros, se hallaban en un estado
de inopia, descubiertos en muchos miles, asi al Rey, como con otros
particulares, sin poderlos pagar, ni seguir el trabajo de sus labores,
por falta de medios. Los europeos, que eran los unicos habilitadores, ya
no querian suplirles cantidad alguna, y desesperados por no hallar
remedio para socorrerse, y chancelar sus deudas, maquinaron esta
rebelion, que se hara dudosa a los tiempos venideros, por el conjunto de
muertes, robos, sacrilegios, profanaciones y demas crueldades que se
egecutaron.

Obligados los milicianos, de las muchas suplicas y persuasiones que se
emplearon por varios sugetos, entraron en el cuartel, despues de la
oracion del citado dia 10 de Febrero, no para permanecer en el como
otras noches, sino solo para enganar a sus capitanes con aquella
aparente obediencia, y con la mira de que se les diese el prest que se
les tenia asignado. Mientras se les pagaba, se oyeron por las calles y
plazas, muchas voces y alaridos de muchachos y demas chusma, quienes
despidiendo piedras con las hondas, pusieron al pueblo en bastante
consternacion. A este tiempo tocaron entredicho con la campana de la
matriz, segun se habia prevenido, para que todos se juntasen al puesto
senalado. Practicaronlo asi, pero sin poder averiguar quien hubiese
tocado, ni con que orden, lo que obligo al corregidor mandase apostar
una compania en cada esquina de la plaza, por si hubiese algun inopinado
asalto. Cuando se estaban tomando estas y otras disposiciones para
precaverse, se oyo el sonido de diferentes cornetas, que de uno a otro
o estremo se correspondian, para confirmar la entrada de los indios; por
lo que se dispuso que algunos saliesen para hacer un reconocimiento,
quienes volvieron con la noticia, de que no habia nadie en aquellas
inmediaciones, y averiguado el caso, se hallo que los que tocaban las
cornetas, eran dos negros de D. Jacinto Rodriguez, D. Nicolas de
Herrera, e Isidoro Quevedo, para que reunidos con esta novedad los
europeos, les fuese mas facil conseguir su desesperado intento.
Asegurados estos, que nada habia que recelar de parte de los indios, se
tranquilizaron algo, y entraron a cenar juntos en casa de Endeiza. Pero
al primer plato que se puso en la mesa, entro D. Jose Cayetano de Casas,
derramando mucha sangre, de una peligrosa estocada, que le habian dado
los criollos, por haber resistido que entrasen por la esquina de la
matriz, que estaba guardando con su compania, y al tiempo que referia su
desgracia y aseguraba era cierta la conjuracion de los criollos contra
ellos, oyeron que despedian desde la plaza millares de piedras hacia la
casa y balcones, y determinados a defenderse hasta el ultimo estremo,
tomaron las armas de fuego que tenian, para dispararlas contra los
amotinados, y resistir su insulto: pero detuvolos el mismo dueno, D.
Jose de Endeiza, sugeto de vida ejemplar, quien conociendo era
inevitable la muerte de todos, les hizo el siguiente razonamiento, lleno
del celo cristiano que le animaba. "Ea, amigos y companeros, no hay
remedio, todos morimos, pues se ha verificado ser la sedicion contra
nosotros: no tenemos mas delito que el ser europeos, y haber juntado
nuestros caudales, para asegurarlos, a vista de los criollos. Cumplase
en todo la voluntad de Dios, no nos falte la confianza de su
misericordia, y en ella esperemos el perdon de nuestras culpas: y pues
vamos a dar cuenta a tan justo tribunal, no hagamos ninguna muerte, ni
llevemos este delito a la presencia de Dios, y asi procuren Uds.
disparar sus escopetas al aire, y sin pensar en herir a ninguno: quiza
conseguiremos con solo el estruendo atemorizarlos, y hacer que huyan."
De esta suerte con lagrimas en los ojos, tiraban de la conformidad
prevenida, lo que comprueba no haber herido a ninguno de los criollos
con mas 200 tiros que dispararon, y aunque despues se quizo asegurar lo
contrario, fue una invencion de los autores del motin.

Enfurecidos los tumultuantes, y llenos de rabiosa colera, unos despedian
hondazos contra los balcones, y otros procuraban incendiar la casa. Las
mugeres se empleaban en acarrear piedras las mas solidas y fuertes que
encontraban en las minas, cuidando no faltase a los hombres esta
provision. Pasaban ya de 4,000 los amotinados, crecia el peligro de los
europeos, encerrados en la casa de Endeiza, y se aguardaba por instantes
fuesen victima del populacho. Para evitarlo, salio de la iglesia de la
Merced el Senor Sacramentado, cuya diligencia no sirvio de otra cosa
que a aumentar el delito de aquellos barbaros con el mayor sacrilegio:
porque desprendidos de toda humanidad, faltaron tambien a la veneracion
y respeto debido al Dios de los cielos y tierra, pues no hicieron caso
de su presencia real, y continuaron el asalto de la casa. El corregidor,
antes que oyese tiro alguno, paso a casa de D. Manuel de Herrera, y le
rogo encarecidamente saliese con el por las calles a apaciguar el
tumulto, para ver si con su respeto conseguia lo que no habia podido
lograr despues de haber empleado muchos medios; a que le respondio no
era ya tiempo, y siguio jugando tranquilamente con el cura de Sorasora,
D. Isidoro Velasco, y otros, a quienes interesaba poco la consternacion
en que estaba el pueblo. Viendose el corregidor desenganado, y
cerciorado que procuraban quitarle la vida, se vio precisado a emprender
la fuga para salvarla, y desde la misma casa de Herrera salio al campo,
sin llevar prevencion alguna para el camino, y tomando el de Cochabamba,
logro asilarse en la villa, capital de aquella provincia.

Continuaron los amotinados sus diligencias, y para que no desmayasen de
la empresa, gritaban algunos por las calles:--"Ea, criollos y criollas,
acarreen piedras para matar a los chapetones, pues ellos han sido
nuestros enemigos:" y para irritar y conmover los animos, decian unas
veces "ya le quitaron la cabeza a D. Jacinto Rodriguez:" otros, "han
muerto 30 paisanos nuestros." Pero entre ellos quien sobresalia mas que
todos era D. Juan Montesinos, que decia a grandes voces:--"Vayan hombres
y mugeres a mi casa, y saquen lena y paja para pegar fuego, y acabar con
estos traidores chapetones:" lo que practicaran inmediatamente,
incendiando los balcones y tienda principal, con lo que, obligados a
salir por los tejados aquellos infelices europeos, se pasaron a las
casas inmediatas. Luego que lo advirtieron, tomaron todas las avenidas,
y no hallando otro recurso que el de salir huyendo por la puerta de la
calle: se resolvieron a egecutarlo, pero acometidos de un furioso tropel
de criollos, los iban matando asi como iban saliendo, hasta dejarlos
despedazados e inconocibles. Mientras los unos se ocupaban en estas
crueldades, y en quemar la casa, otros juntamente con las mugeres,
saqueaban las tiendas y viviendas altas, donde se atesoraron hasta
700,000 pesos de los mismos europeos, y otros que, persuadidos los
tendrian seguros, los depositaron en su poder, en las especies de oro,
plata sellada, barras, pinas, efectos de Castilla y de la tierra:
habiendo ya saqueado antes la tienda de un criollo, llamado Pantaleon
Martinez, con el pretexto de que era complice en el supuesto intento de
los europeos, por cuyo motivo debia perder todos sus haberes, y morir
con ellos.

A las cinco de la manana del dia 11 se veia ya el lamentable espectaculo
de muchos muertos, tendidos por las calles, desnudos y tan
despedazados, que era preciso examinarlos con gran proligidad para
conocerlos. No contentos con esta venganza, los mandaron llevar al sitio
afrentoso del rollo, y de alli los pasaron a los umbrales de la carcel,
donde los mantuvieron dos dias, siendo los mas de ellos pasto de los
perros. Se comprendieron en esta desgracia, D. Jose Endeiza, D. Juan
Blanco, D. Miguel Salinas, D. Juan Pedro Ximenez, D. Juan Vicente
Larran, D. Domingo Pavia, D. Ramon Llano, D. Jose Cayetano Casas, D.
Antonio Sanchez, D. Francisco Palazuelos, otros que no se conocieron, y
cinco negros. Siguieron los asesinos llevandose en dia claro los robos
que egecutaban, diciendo publicamente lo habian ganado en buena guerra,
y que por derecho les tocaba: y dirigiendose despues a la carcel,
abrieron las puertas, echaron fuera todos los presos, y luego salieron
diciendo en altas voces: _Viva nuestro Justicia Mayor, D. Jacinto
Rodriguez:_ caminando juntos con grande algazara y alegria, tocando
cajas y clarines, lo sacaron de su casa, le hicieron dar vuelta por la
plaza mayor, y repitiendo las aclamaciones, lo volvieron a ella, y
habiendo subido el cura vicario a los balcones de la casa capitular, a
preguntarles que era lo que solicitaban para sosegarse, respondieron
todos a una voz:--Queremos por Justicia Mayor a D. Jacinto Rodriguez, y
que el corregidor y demas chapetones salgan luego del lugar, desterrados
a vista nuestra.

A las doce del dia empezaron a entrar algunos trozos de indios, tocando
sus ruidosas cornetas, y armados de hondas y palos. Con horror de la
naturaleza se veia, que despues de rendir la obediencia a D. Jacinto,
para asegurarle con sus acostumbradas demostraciones de rendimiento, que
eran venidos a defender su vida, cuyas expresiones gratificaba con
generosidad, salian corriendo unidos con los criollos a ver los muertos,
encarnizandose de modo que descargaban nuevamente su furia contra los
cadaveres despedazados, dandoles palos, procurando todos ensangrentar
sus manos, y banarlas en aquella sangre inocente. De alli pasaron a las
casas de D. Manuel Herrera, del capitan Menacho, y de su cunado D.
Antonio Quiros, a quienes distinguian con iguales honores. El resto de
la tarde lo emplearon en examinar las casas donde presumian habia algun
caudal para saquearlas, y en reconocer los lugares mas ocultos, donde
sospechaban se hubiese escondido algun europeo, de los que se habian
libertado la noche antecedente. Continuaban entrando en tropas los
indios, que estaban convocados en las inmediaciones. Venian con banderas
blancas, y salian los criollos a recibirlos, dandoles muchos abrazos, y
les instaban para que entrasen a la iglesia matriz en busca de los
europeos fugitivos, y cuando no pudiesen haberlos a las manos, a lo
menos se hiciesen entregar las armas que habian escondido en ella.
Consiguieron esto, porque el cura, a fin de que no violasen el sagrado,
les entrego varias pistolas y sables; mas no contentos con ellas,
pedian otras con insolencia, y no teniendo el cura modo de contentarles,
determino subirse a la cima del rollo a predicar, y darse una disciplina
en publico: cuyo acto, lejos de enternecerlos, les provoco la risa, e
insolentandose mas, le despidieron algunos hondazos, con cuya eficaz
insinuacion le hicieron bajar bien a prisa. A este tiempo habia sacado
en procesion el Prior de San Agustin, acompanado de las comunidades de
San Francisco y de la Merced, la devota efigie del Santo-Cristo de
Burgos, llevandole en procesion por las calles, plazas y extramuros de
la villa, pero solo le acompanaban las viejas: y sin hacer aprecio ni
respetar tan sagrada imagen, se ocupaban los criollos, unidos con los
indios, en saquear la casa del corregidor. Y habiendole suplicada al
Padre Prior se dirigiese por la calle del Tambo de Jerusalem, por ver si
contenia a los indios que estaban derribando la puerta de la tienda de
D. Francisco Resa, lo egecuto, pero nada pudo conseguir, antes si
ocasiono que los indios empezasen a declarar su apostasia a la religion
catolica, que hasta entonces se juzgaba habian profesado: pues dijeron
en alta voz, que dicha imagen no suponia mas que cualquiera pedazo de
maguey o pasta, y que como de estos y otros enganos padecian por
los pintores.


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