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Relacion historica de los sucesos de la rebelion de Jose Gabriel - Anonymous

A >> Anonymous >> Relacion historica de los sucesos de la rebelion de Jose Gabriel

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Ya empezaba a sentirse la consternacion que causaban los indios, que
habian entrado en la villa en el espacio de 6 horas, cuyo numero pasaba
de 4,000, convocados por D. Jacinto Rodriguez y sus parciales: uno de
ellos dijo al tiempo de entrar los de Paria, que venian de paz, pues el
dia antes habian salido 25 sugetos para detenerlos y estorbar su venida,
porque no eran ya necesarios, cuando se habia conseguido el triunfo
deseado. Pero la noticia que tuvieron del saqueo y caudal que todavia
existia, fue incentivo para que no obedeciesen la orden de retirarse, y
se multiplicaron tanto, que se hace increible el excesivo numero que
andaba por las calles, divididos en tropas, tocando sus cornetas, y
despidiendo piedras con las hondas: de suerte que toda la gente de
cristiandad y distincion estaba refugiada en los templos, implorando la
clemencia del Altisimo, y esperando la muerte por instantes. Durante la
noche se ocuparon en saquear las casas y tiendas de los europeos. D.
Francisco Rodriguez, el Alcalde, el cura parroco y otros sacerdotes,
intentaron el 12 por la manana contener los robos, que estaban
egecutando en la tienda y casa de D. Manuel Bustamante, pero nada
pudieron conseguir, porque prorrumpieron en estas voces: "muera el
Alcalde, pues supo afrentar a sus paisanos:" a esto siguieron los indios
gritando, _comuna, comuna_, palabra de que usaban cuando querian matar o
robar, como si dijeran _todos a una_. No se verifico este estrago,
porque el Alcalde logro ponerse en salvo por medio del mismo tumulto.

El dia 13 mando abrir Cabildo D. Jacinto Rodriguez, y cuando se
presumia fuese para tomar alguna providencia, solo se dirigio a que lo
recibiesen de Justicia Mayor, empleo de que se habia posesionado con
solo la autoridad de los sublevados. Antes de entrar en la casa
capitular, se acerco a las puertas de la iglesia matriz, e hizo algunas
demostraciones de querer contener a los indios, que intentaban entrar y
profanar el templo, buscando a los europeos, lo que el cura habia
resistido hasta entonces: pero persuadido por Rodriguez y por D. Manuel
de Herrera, consintio que entrasen doce de los mas principales. El
pretexto era sacar solo al corregidor, que creian estaba en la bobeda.
El parroco les aseguraba que no habia tal, pero simple o maliciosamente
anadio, que habia cuatro europeos ya confesados. Los indios que no
deseaban otra cosa, se encendieron en ira, y llenos de furor entraron en
la iglesia por fuerza, abrieron las bobedas, y las indias mas atrevidas
que los hombres, penetraron lo mas oculto. No encontraron a ninguno,
pero como era tanto el deseo de venganza contra el corregidor, sacaron
el ataud, en que se habia depositado el cadaver de D. Francisco
Mollinedos, administrador de correos, que pocos dias antes habia
fallecido; mandaronlo desclavar, creyendo estuviese dentro el
corregidor, pero no encontrandolo, sacaron los cuchillos y descargaron
sobre aquel cadaver, sus furias, dandole muchas punaladas. Pasaron
despues a reconocer segunda vez la iglesia, y encontraron a D. Miguel
Estada, que mataron en el mismo cementerio: tambien hallaron a D. Miguel
Bustamante, y llevandole a los portales de Cabildo, le presentaron vivo
a D. Jacinto Rodriguez, le preguntaron si lo habian de matar, y habiendo
dispuesto lo entrasen en la carcel, para cargarlo de prisiones, no
hicieron caso de la orden, y le dijeron a gritos: "Vos nos habeis
llamado para matar chapetones, y ahora quereis que solamente entren en
la carcel; pues no ha de ser asi"; y usando la voz _comuna, comuna_,
dieron muerte a aquel infeliz. Prosiguieron profanando el templo,
escudrinando con luces los lugares mas ocultos de el, cercaronle, y
sacaron a D. Vicente Fierro y D. Francisco Resa de un casa inmediata, a
quienes tambien mataron.

Cebados ya los indios en profanar los templos y matar europeos, entraron
en la iglesia y convento de San Agustin, encontraron en la calle con D.
Agustin Arregui, criollo, y queriendolo matar, porque les parecio
europeo, a fin de escapar, les dijo: "Yo no soy chapeton, sino criollo:
entrad al convento, donde estan cinco chapetones con sus armas." Pero
para asegurarse, le llevaron con ellos, y despues de haber buscado los
lugares mas ocultos, le dieron cruel muerte, porque no habiendolos
encontrado, se persuadieron queria escaparse con este engano. No falto
quien poco despues les avisase el lugar donde se escondian los que
buscaban, y volviendo a entrar con doblada furia, hallaron a D. Ventura
Ayarra, D. Pedro Martinez, D. Francisco Antonio Cacho y a un frances,
que una hora antes habia tomado el habito de religioso: los que
perecieron tambien a mano de aquellos barbaros.

El dia 14 amanecio cercado de una multitud de indios el convento de la
Merced, y para asegurar la presa se subieron a los techos, y entrando
con el mayor desacato en la iglesia, la reconocieron toda, y hallando
debajo del manto de Nuestra Senora de Dolores, a D. Jose Bullain, lo
sacaron a empellones, y le dieron muerte. Volvieron en tropel a la
iglesia, y hallaron que los que habian quedado sacaban a D. Jose
Ibarguen, vestido de muger, trage que tomo para confundirse con el sexo,
y estando rezando con las demas, lo acuso un criollo. Acometieronle
furiosos, conocido por los zapatos, y arrancandole de los brazos de su
propia consorte, a quien el dolor obligo a salir en seguimiento de su
marido, y a quien consolaban los homicidas, con decirle: "no llores, que
nosotros no tenemos la culpa, porque esto lo egecutamos por orden de D.
Jacinto Rodriguez." Corrio en busca del indulto, pero cuando volvio,
hallo a su marido desnudo, despedazado. En aquel instante encontraron
debajo de una anda a un negro esclavo de D. Diego Azero, y le dieron la
misma muerte. Siguieron estas y otras crueldades, que se aumentaron con
la venida de 6,000 indios de la parte de Sorasora, quienes unidos a los
demas, buscaban con igual furor y cuidado a los europeos: hallaron en un
desvan a D. Pedro Lagraba, que habia libertado su vida la primera noche
del tumulto, y le condujeron a la plaza, donde acabo de la misma suerte
que los demas. De este modo se vio atropellada por la ambicion y codicia
de cuatro o seis sugetos, la grandeza del Todo-Poderoso, profanados sus
templos, despreciadas sus sagradas imagenes, usurpada la inmunidad de
las iglesias por las casas de los Rodriguez, pues estas eran el mejor
asilo para escapar de la muerte; como lo consiguieron varios europeos,
ya fuese por las alianzas de una antigua amistad, o ya para cohonestar
sus atroces delitos, con algunos hechos piadosos: pero la casa del
Senor, sus altares y tabernaculos se vieron polutos, despreciados y
ultrajados por esta vil canalla.

Llegada la noche, desamparan los indios el convento de la Merced, se
libraron en el D. Jose Caballero, D. Jose Lorzano, y D. Manuel Puch, por
la diligencia de un religioso: pero creyendo el comendador que los
sediciosos incendiarian la iglesia, por esta causa les obligo a salir a
una casa que les tenia destinada, disfrazados en traje ordinario. El
desgraciado D. Jose Caballero con la confusion se separo de los demas, y
se vio precisado a mantenerse entre los tumultuados, hasta la media
noche, que siendo descubierto le llevaron a D. Jacinto Rodriguez, quien
habiendoles dicho no lo conocia, acabo a manos de los traidores, con la
mas cruel muerte que puede idear la impiedad. Tambien fueron victimas
de su furor 14 negros de los europeos, sin mas delito que ser sus
esclavos. Siguieron saquando consecutivamente 20 casas, y segun una
prudente regulacion, ascendjeron los robos hasta dos millones de pesos,
habiendo perecido no solo los europeos que contenia la villa, sino
tambien los de todas las inmediaciones, cuyas cabezas traian los indios,
para presentarlas al nuevo Justicia Mayor, quien las hacia enterrar
clandestinamente.

Vacilaba ya la confianza de D. Jacinto Rodriguez, y empezaba a temer a
los mismos que habia llamado: junto a los indios, y despues de
prevenirles se mantuviesen solo un dia en la villa, ofrecio les daria de
las cajas reales un peso a cada uno, cuyo hecho se egecuto al siguiente
dia 15, sin mas autoridad que su antojo: y convenido con los oficiales
reales, abrieron las puertas del tesoro del Rey, y extrageron cuatro
zurrones, y mandandolos juntar de nuevo, se les cumplio lo prometido, y
se les hizo entender por medio del cura, que no habia necesidad se
mantuviesen dentro de la poblacion, y que recibido cada uno el peso, se
retirasen a sus estancias. "Hijos mios, les decia, yo como cura y
vicario vuestro, y en nombre de todo este vecindario, os doy las debidas
gracias por la fidelidad con que habeis venido a defendernos, matando a
estos chapetones picaros, que nos querian quitar la vida a traicion a
todos los criollos: una y mil veces os agradecemos, y os suplicamos os
retireis a vuestras casas, pues ya como lo habeis visto, quedan muertos,
y por si hubieseis incurrido en alguna excomunion o censura, haced todos
un acto de contricion, para recibir la absolucion." Y luego siguio con
el _misereatur vestri_; hecho que se hara dudoso a cuantos no estuvieron
presentes, pero asi es, y asi sucedio. Instaban despues los indios, para
que se les declarase por el Justicia Mayor las reglas que debian
observar en adelante: preguntaban si las tierras de los espanoles serian
todas pertenecientes al comun de los indios: se les respondia que si.
Anadian que en adelante no pagarian tributos, diezmos, ni primicias; a
todo condescendian el cura, los prelados y los vocales del Cabildo,
llenos de temor, viendose en medio de 15,000 indios, todos armados de
palos, piedras y hondas.

Se emplearon en aquella distribucion 25,000 pesos, que se extrageron del
erario, previniendo D. Jacinto a los indios que el restante se reservaba
en cajas, para cuando se verificase la venida de su Rey, Jose Gabriel
Tupac-Amaru, a quien se le aguardaba por instantes. Cuando se estaba
practicando esta inicua diligencia, llego un indio que venia de la
provincia de Tinta, y dirigiendose a D. Jacinto, le dijo, era enviado
por el Inca Tupac-Amaru, y que este encargaba mirasen con mucho respeto
y veneracion a los templos y sacerdote; que no hiciesen dano alguno a
los criollos, y que solo persiguiesen y acabasen a los chapetones. Y
habiendole preguntado por las cartas, respondio que el dia antes habia
llegado su companero con un pliego para D. Jacinto: de que resultaron
repetidas aclamaciones del infame nombre del tirano, que se oia repetir
en las plazas y calles publicas por toda clase de gente; con el mayor
regocijo, corriendo todos con banderas y otras demostraciones de jubilo,
que imito D. Manuel de Herrera desde el balcon de su casa, tremolando un
panuelo blanco, y acompanando esta accion con las mismas palabras que
los demas, que eran decir: "viva Tupac-Amaru;" las que volvia a
pronunciar el pueblo, lleno de alegria. La chusma de criollos, que oia
estas noticias tan favorables a sus ideas, manifestaba el gozo que le
causaban, y algunos intentaron salir a encontrarle, porque aseguraba el
indio, que muy breve se hallaria en la ciudad de la Paz.

D. Jacinto Rodriguez, convenido con la muger del capitan de aquellas
milicias, D. Clemente Menacho, intentaron que todos los espanoles usasen
el traje de los indios. Salio de esta conformidad por las calles,
vestido de terciopelo negro con ricos sobrepuestos de oro; amenazaba a
todos serian victimas de los rebeldes, sino le imitaban, porque se
persuadirian eran europeos, a que se convinieron por librarse de la
muerte, y en un momento logro la transformacion que deseaba, adoptando
los hombres prontamente la _camiseta_ o _unco_ de los indios, y las
Senoras dejando sus cortos faldellines aseados, vistieron los burdos y
largos _acsos_ de las indias. Cuando estaban ocupados en estas y otras
providencias, llego la noticia de que se acercaban los indios
Challapatas. Salieron a recibirlos al campo como a los otros; pero solo
venian 40 de los mas principales, y a la cabeza de ellos D. Juan de Dios
Rodriguez, y luego que entraron en la plaza, se mando repicasen las
campanas, pasando despues a hospedarse en la casa del que los conducia,
donde fueron bien regalados y asistidos. Al pasar por la Calle del
Correo, quitaron las armas del Rey, que estaban fijadas sobre la puerta
de la administracion, pisandolas y ultrajandolas, con cuyas atrevidas
demostraciones querian dar a entender habia fenecido el reinado de
Nuestro Augusto Soberano, D. Carlos III. Estos indios habian venido con
el especioso pretexto de socorrer la villa, quienes aseguraban que para
defenderla tenian prontos 40,000 hombres: pero se conocio que todo era
invencion de la malicia, pues el tiempo que existieron se ocuparon en
pedir a los hacendados cesiones y renuncias de sus haciendas para su
comunidad, lo que egecutaron los duenos de ellas con escrituras
publicas, para evitar la muerte, queriendo primero perder sus bienes que
sus vidas. Y como hasta aqui estuviesen los indios hechos duenos de
aquella poblacion, ensoberbecidos por el dinero que les habian pagado, y
por las gratificaciones de los Rodriguez y sus parciales, contemplandose
ya superiores, negaron la obediencia, y no quisieron egecutar la orden
que se les habia dado para retirarse: antes con mayor insolencia
volvieron por la noche al saqueo, acometieron la casa y tienda de D.
Francisco Polo, que no le sirvio ser de un criollo para libertarla, y
como amaneciesen en esta operacion, fueron vistos por el dueno, quien
fue a pedir a D. Jacinto remediara aquel exceso: lo que oido por el
indio, Gobernador de Challata, D. Lope Chungara, compadecido de tantos
estragos, resolvio se juntasen los vecinos, y unidos echasen a los
indios, y con la orden que dio, de que el que se resistiese lo matasen,
habiendola egecutado en dos o tres de los mas atrevidos, se logro el
intento, saliendo los demas sin la menor resistencia.

Este fue el cruel y sangriento acontecimiento de la villa de Oruro,
donde no solo se experimentaron tiranias de parte de los indios y cholos
sublevados, sino tambien de algunos sacerdotes y prelados de las
religiones. Uno de ellos europeo, y tal vez el mas beneficiado de sus
paisanos, companero diario de sus mesas, cerro las puertas para que
ninguno pudiese acogerse a su clausura, despidiendo inhumanamente y con
la mayor violencia, a D. Francisco Duran y D. Jose Arijon, de respetable
ancianidad que lo intentaron. Pero mucho mas tirano se mostro, viendo
dentro del convento a D. Jose Isasa, que por huir de la persecucion,
habia saltado por las tapias del corral, al que tambien hizo salir en
medio del dia, exponiendole con barbaridad a que fuese recibido entre
los garrotes, lanzas y hondas de sus enemigos. No menos indigno de su
ministerio se mostro otro, que aunque permitio que sus religiosos
amparasen algunos perseguidos, se apropio una cantidad crecida de
alhajas de oro, perlas y diamantes, que en confianza puso en su celda un
religioso, por recelar fuese saqueada la suya por los amotinados, a
causa de haber encontrado en ella a un europeo: de suerte que segun una
prudente regulacion, usurpo mas de 70,000 pesos fuertes. El cura de la
villa, continuando su errada doctrina, recibio de D. Jacinto Rodriguez
una barra de plata, cuyo valor ascendia a cerca de 2,000 pesos, y una
_mancerina_ de oro que le remitio de las robadas, para que celebrase los
sufragios a los europeos asesinados en el tumulto, contentandose con
enterrarlos a todos juntos en un hoyo, y aplicarles algunas misas.
Ninguno de estos ni otros superiores eclesiasticos hizo la menor
demostracion para impedir a los indios violentasen las iglesias: todos
consintieron en ello, poseidos del espanto, y lo que canso mayor dolor,
fue ver que, despues de polutas las iglesias, permitiesen celebrar el
santo y tremendo sacrificio de la misa, enterrando el cura, en el lugar
que se hallaba violado, los cadaveres de los vecinos que morian de
enfermedad.

Satisfecha ya la tirania de los complices, con tantos y tan tragicos
sucesos, procuraban cohonestar sus maldades con algun especifico
pretesto, por si quedaban sometidos a la obediencia del Rey. Suponian
era efectiva la mina, construida por el corregidor desde su casa al
cuartel: formaron autos, cuyos testigos fueron los mismos asesinos y
algunos muchachos, a quienes de propia autoridad dispensaba las edades
el Justicia Mayor, D. Jacinto Rodriguez, haciendoles firmar
declaraciones, que con anticipacion tenia hechas por direccion de los
abogados Caro y Megia. Quizo probar el hecho de la mina con vista de
ojos, persuadido se habia construido secretamente, como lo habia
mandado: pero le salio el pensamiento errado, porgue los encargados de
esta maldad abandonaron la obra con la consideracion del delito, y
habiendo pasado el examen el escribano real, D. Jose de Montesinos,
hallo solamente un agujero, que no se dirigia a parte alguna, pero sin
embargo se siguio el proceso lleno de maldades y defectos, y se tuvo la
audacia de remitirlo a la Audiencia de Charcas, para alucinar a sus
Ministros. Se inventaban tambien diariamente continuas infaustas
noticias, a fin de que los pocos vecinos fieles no levantasen el grito;
unas veces aseguraban que habian arrasado la ciudad de la Plata, otras
que en Potosi los criollos, unidos y confederados con los indios de la
mita, habian muerto a todos los europeos, y que en la ciudad de la Paz
se habia querido egecutar la misma traicion que en aquella villa, y que
habian muerto 200 europeos y 300 criollos; con otras novedades de esta
naturaleza, que discurria la malicia para infundir terror y sumision a
los leales.

Disfrutaban los Rodriguez todas las distinciones del usurpado mando con
la mayor satisfaccion, fiados en la ciega subordinacion que les tenian
los indios: pero se desvanecieron todas sus esperanzas la manana del dia
9 de Marzo, en que improvisamente fue asaltada su casa, de los mismos
que tanto confiaban, y nada menos intentaban que quitarles las cabezas y
destruir toda la villa. Tocaron inmediatamente a entredicho: se juntaron
las milicias, y fueron rechazados los indios con perdida de 60. Este
hecho les hizo variar de conducta, abandonando desde entonces la
excesiva contemplacion con que les trataban, en especial D. Jacinto, que
estaba persuadido vendrian en su ayuda luego que los llamase, como lo
habian egecutado anteriormente: pero ya desenganados, mando fundir
algunos pedreros, arreglar las milicias, y acopiar municiones para
la defensa.

Retirados los indios con este escarmiento a sus pueblos; estancias,
empezaron a convocar desde ellas a los de las demas provincias
inmediatas, atrayendolos con la plata robada en el saqueo de Oruro.
Ocuparon los caminos para impedir la internacion de viveres, quitando la
vida a los conductores, y aprovechandose de cuanto conducian: de suerte
que aquellos vecinos se vieron reducidos a sufrir las mayores
necesidades. Todas las noches se tocaba entredicho, por los repetidos
avisos de que entraban los indios a destruir la villa, ocasion que
aprovechaban los cholos para continuar robando cuanto podian, hasta el
18 de Marzo, en que se verifico; amaneciendo en las cimas de los Cerros
de San Felipe y la Tetilla de 6,000 a 7,000. Salieron a combatirlos,
mataron a pocos, y hubo algunos heridos de parte de los Orurenos que
bajaron, perdida la esperanza de superar las alturas que estaban
ocupadas, aumentandose la consternacion, asi como iba reforzandose el
partido de los indios, con varias partidas que llegaban por instantes, y
se colocaban en el Cerro de San Pedro. Presentaron de nuevo la batalla,
que admitieron los vecinos: pero apenas se empezo el ataque, volvieron a
ocupar las eminencias, excepto 14, que fueron muertos con unos de sus
capitanes, cuya cabeza se enarbolo en la punta de una lanza. A este
espectaculo cobraron nuevo esfuerzo, y olvidados del rencor contra los
europeos, por su propia conveniencia, pensaron en buscar los que habian
escapado, y estaban escondidos, para que ayudasen a la defensa, de cuya
comision se encargo D. Clemente Menacho, con toda su compania, quien
aseguro a un religioso mercedario, podia sacar libremente a algunos que
sabia tenia en su celda, porque habia indulto general para ellos. En
efecto salieron del convento D. Antonio Goiburu, y D. Manuel Puche, que
fueron recibidos con brazos y demostraciones de buena fe, y
sucesivamente se determinaron a hacer lo mismo los que quedaban,
juntandose hasta 18 que tuvieron la felicidad de salvar sus vidas del
furor de la pasada conjuracion. Unidos con los criollos, y sabiendo que
los indios que habian ocupado los cerros inmediatos a Oruro, se
mantenian en el de Chosequiri, distante dos leguas, determinaron
seguirlos y atacarlos: en cuya accion, que duro todo el dia 19,
consiguieron matar 120, y derrotarlos enteramente: sintiendo desde aquel
dia los ventajosos efectos de este triunfo, porque los indios empezaron
a implorar el perdon, y ofrecieron entregar las cabezas que los habian
conmovido, como lo egecutaron despues, conduciendo a los caudillos de
los pueblos de Sorasora, Challacocho y Popo. D. Jacinto Rodriguez y
demas gefes de la milicia, acordaron con ellos un convenio, con la
condicion de que asistiesen a la villa con los viveres necesarios a la
subsistencia de su vecindario.

No causa menos dolor el estrago que la rebelion hizo en el pueblo de San
Pedro de Buena Vista, de la provincia de Chayanta, que, aunque tuvo la
fortuna de escarmentar el atrevimiento de los indios cuando altivos y
sobervios, lo asaltaron en los meses de Noviembre y Diciembre de 1780.
Impacientes de que resistiese su furor tan pequena poblacion, mal
asistida de municiones de guerra y boca, volvieron con mayores fuerzas
por el mes de Febrero de 1781 a redoblar los ataques y los asaltos. El
cura, Dr. D. Isidoro Jose de Herrera, en quien en competencia se
admiraban con un gran juicio, una profunda sabiduria, y una acrisolada
fidelidad, exhortaba a sus feligreses a la mayor constancia, y a que no
manchasen su honor con el feo tizne de la deslealtad. Pudo este ejemplar
parroco evadir el riesgo con la fuga: pero hizo escrupulo de conciencia
desamparar aquella afligida grey, que en ocasion tan apretada necesitaba
de su auxilio, y con una lijera esperanza de que su respeto y autoridad
podrian apagar aquella voraz llama, permanecio en el pueblo.

Con esta heroica resolucion enarbolo por estandarte un Santo-Cristo, y
con tan sagrada efigie exhortaba a los espanoles y reprendia a los
rebeldes: mas estos, despreciando aquellos divinos auxilios que les
franqueaba el Todo-Poderoso por mano de su ministro, repetian los golpes
con un diluvio de piedras; y aunque los nuestros por siete dias
continuos hicieron prodigios de valor y de constancia, no solo
rechazando los furiosos esfuerzos con que eran acometidos por aquella
canalla, sino hiriendo y matando a muchos, cediendo ya las fuerzas a la
obstinada porfia y numero desigual de los contrarios, y hallandose
fatigados de la hambre y de la sed, con total falta de polvora y balas,
y sin llegar el auxilio que repetidas veces habian pedido al Comandante
Militar y Audiencia de la Plata, distante solas 30 leguas, determinaron
por ultimo remedio retirarse al templo, creyendo que el respeto debido a
la casa de Dios fuese la mas inespugnable fortaleza, que les salvase las
vidas. Pero io barbaridad inaudita! no fue asi, pues con oprobio de la
misma racionalidad, y menosprecio del adorable Sacramento, de las
sagradas imagenes, y de toda la corte celestial, se convirtio el templo
en cueva de facinerosos, que con sacrilegas manos quitaron la vida al
cura y a cinco sacerdotes, pasando a cuchillo mas de 1,000 personas,
entre hombres, mugeres y criaturas, quedando el santuario convertido en
pielago de sangre inocente, y salpicados con ella los altares.

Esperimentose la misma tragedia en el pueblo de Caracoto, provincia de
Sicasica, donde la sangre de los espanoles, derramada en la iglesia,
llego a cubrir los tobillos de los sacrilegos agresores: en el de
Tapacari provincia de Cochabamba tuvieron igual suerte los que la
habitaban: llegando la crueldad de los rebeldes a tanto exceso, que
quisieron enterrar vivas a las mugeres espanolas, para lo que tenian ya
abierto un hoyo en la plaza, capaz de enterrarlas a todas. Ejercitaron
en este pueblo la crueldad hasta el estremo. Sacaron de la iglesia a un
espanol, que se habia acogido al altar mayor con seis hijos varones, le
arrastraron hasta su casa, le pusieron el cuchillo en las manos,
precisandole con crueles azotes, a que fuese verdugo de su propia
sangre, en presencia de la muger que se hallaba adelantada de su
embarazo. Resistiose el infeliz a esta barbara egecucion, asi por los
carinosos ruegos de la madre, como por los tiernos sollozos de los
hijos, sin que bastase tan compasivo espectaculo a enternecer los
corazones empedernidos de aquellos tiranos, que se resolvieron degollar
al padre, y a los hijos a vista de la madre, por mas diligencias y
lagrimas que empleo para libertarlos, y habiendo abortado con el dolor y
susto, acudieron rabiosos a examinar el feto, y hallando que era varon,
le quitaron la vida, antes que espirase naturalmente.


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