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Relacion historica de los sucesos de la rebelion de Jose Gabriel - Anonymous

A >> Anonymous >> Relacion historica de los sucesos de la rebelion de Jose Gabriel

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En el de Palca, de la misma provincia de Cochabamba, cometieron las
mismas tiranias y sacrilegios, dando muerte a muchas personas de todos
sexos y edades, y al cura D. Gabriel Arnau, que acabo a golpes y
empellones al pie de la sagradas aras, teniendo en las manos el
Santisimo Sacramento del Altar, que quedo espuesto a la mas sacrilega
profanacion: y tomando una india la hostia consagrada, corria con ella
en las manos, diciendo: "mirad el engano, que padecemos por estos
picaros; esta torta la hizo el sacristan con la harina que yo conduje
del valle, y despues nos fingen que en ella esta Dios sacramentado." Asi
tambien en el pueblo de Arque fueron victima de la sedicion todos los
vecinos espanoles, establecidos en el y su quebrada. En ella asaltaron
al pueblo de Colcha, y egercitaron iguales crueldades, prendiendo a su
cura, el Dr. D. Martin Martinez de Tineo, que maneatado le condujeron en
medio del tumulto, donde fue herido de un garrotazo en la cabeza, porque
no quiso asentir a sus proposiciones, de que no les daria azotes, para
que aprendiesen la doctrina. Este eclesiastico se mantuvo con la mayor
entereza, a vista del peligro que le amenazaba: preguntandole si los
azotaria, les respondia, que si, cuando diesen motivo, por no quererse
instruir en las obligaciones cristianas. Reproducianle los indios, que
solo les daria 20 o 25 azotes: a que replicaba, que si cometian aquella
falta, los castigaria con los 50, como lo habia acostumbrado hasta
entonces, manteniendose inflexible a estas y otras proposiciones que le
hacian, opuestas a su ministerio. Pero como su celo y arreglada
couducta, con las muchas limosnas que hacia, y los infinitos intereses
de obvenciones que continuamente los perdonaba, le hubiesen hecho muy
amado de todos, salvo la vida; y libre ya de sus opresores, paso sin
perdida de tiempo a la capital de la provincia, dondo entro banado en su
propia sangre, y presentandose en la plaza mayor, sin haber hecho otra
diligencia, que ponerse en la herida una medida de Nuestra Senora de
Copacabana, rodeado de un numeroso concurso, exorto a los circunstantes,
diciendo: ?Donde esta la lealtad y religion de los Cochabambinos, que
no evita tantos danos y sacrilegios? Y ensenando la herida, decia:
"Mirad como se trata a los sacerdotes y ministros del santuario: no
creais en las vanas ofertas del traidor Tupac-Amaru, todos sereis
victima de su tirana ambicion, porque su intento es derramar toda la
sangre espanola; buenos testigos son las crueldades egecutadas en Arque,
Tapacari, Palca y otros pueblos." Y repitiendo las mismas razones, dio
muchas vueltas por la plaza y calles de la villa, con lo que conmovio
los animos de aquellos cholos, que estaban vacilando en la fidelidad, y
anunciaban con pasquines y canciones, les faltaba poco para abrazar el
partido del rebelde, lo que daba fundados motivos para temer una
tragedia tan sangrienta, como semejante a la de Oruro, de que hubiera
resultado la perdida inevitable de todo el reino; porque aquella
provincia tiene mas de 20,000 hombres de todas castas, que pasan por
espanoles, capaces de manejar las armas, y tan valientes como
determinados.

Este celoso parroco fue el principal movil para que los Cochabambinos se
arraigasen en la fidelidad, vinculando Dios por este medio en aquella
provincia el remedio de tan detestable sublevacion: porque no bien
comprendieron el altivo pensamiento de los rebeldes, de pasar a los
filos del cuchillo a todos los que no fuesen legitimamente indios,
cuando armados con solas lanzas y palos, salieron con denuedo, y les
hicieron conocer su esfuerzo. Estos valerosos provincianos se hicieron
el terror de los sediciosos, porque en los repetidos encuentros que
tuvieron, dejaron regadas las campanas con la sangre del enemigo,
debiendose a su bizarria el haberlos contenido para que no repitiesen de
nuevo las inauditas crueldades que se experimentaron al principio de la
conmocion. Estos varones fuertes han dado a conocer que, disciplinados y
armados como corresponde, no tenian que envidiar a las tropas veteranas
mas aguerridas. Es verdad que se les ha notado poca obediencia y
demasiada inclinacion al pillage, pero estos defectos dimanaron por la
falta de disciplina y del mal egemplo que les dieron sus comandantes y
oficiales.

Conocida por el corregidor, D. Felix Jose de Villalobos, la buena
disposicion de los Cochabambinos, y asegurado de su fidelidad, dispuso
600 hombres, que a las ordenes de D. Jose de Ayarza, saliesen a conocer
los estragos que se experimentaban en su provincia. Se encamino este
comandante por las quebradas de Arque en busca de los enemigos, que le
esperaron en las inmediaciones del pueblo de Colcha, fiados en su mayor
numero, y en las ventajosas situaciones que ocupaban. Presentoles la
batalla, que admitieron audaces, haciendoles una larga y obstinada
resistencia, hasta que derrotados y puestos en una vergonzosa
desordenada fuga, dejaron sembrados de cadaveres y despojos, a
disposicion del vencedor, los eminentes cerros que tenian por
inespugnables. Subido despues de la victoria el tragico suceso de Oruro,
dirigio sus marchas hasta aquella villa, donde entro, despreciando la
repugnancia que manifestaron los Rodriguez y sus parciales, haciendo
fijar en su puesto el escudo de armas del Soberano, que pocos dias antes
habia sido hollado, y tremolar las reales banderas por las calles y
plazas mas principales: y despues de haber permanecido tres dias en
aquel destino, dejo algunos viveres para alivio del vecindario, y se
retiro a Cochabamba; pero en Oruro se tuvo el atrevimiento de quitar
segunda vez las armas de S.M., luego que verifico su salida. A evitar
las crueldades de Tapacari se destino otro cuerpo de tropas de igual
fuerza, que despues de haber combatido a los rebeldes, salvo
oportunamente a las mugeres espanolas, que tenian ya recogidas y
encerradas para hacer con ellas el cruel atentado de enterrarlas vivas.
Por la parte de Tarata se tuvieron los mismos fundados recelos, que no
llegaron a verificarse por la actividad de su cura D. Mariano Moscoso,
cuyo celo y conocida fidelidad supieron aplicar eficaces remedios,
sacrificando mucha parte de sus intereses para costear bastantes
soldados de aquellas milicias, que sirviesen a contener la osadia de los
malcontentos. Con estos estragos no quedaban por el Rey, desde el
Tucuman hasta el Cuzco, mas que las ciudades de la Plata y la Paz, que
las villas de Potosi, Cochabamba y Puno; porque en la provincia de
Chucuito habian sido semejantes los robos y muertes de los espanoles y
sacerdotes, habiendo sentido tambien en la de Mizque algunas turbaciones
que dieron no poco cuidado.

Los continuos y repetidos avisos que sucesivamente recibia de estos
graves acontecimientos el Exmo. Senor D. Juan Jose de Vertiz, Virey de
Buenos Aires, le determinaron a desprenderse de algunas tropas, sin
embargo de las pocas fuerzas con que se hallaba para atender a las
necesidades y recelos que ocasionaba en todas aquellas costas la guerra
con los ingleses. Primeramente dispuso marchase un destacamento de 200
veteranos, a cargo del capitan de infanteria D. Sebastian Sanchez; y a
pocos dias nombro otro de igual numero, inclusa en el la compania de
granaderos del batallon de infanteria de Savoya, a las ordenes de su
capitan, el Teniente Coronel D. Cristoval Lopez: y no contento aquel
celoso y acreditado General con estas diligencias, envio tambien algunos
oficiales sueltos para que pudiesen contribuir al arreglo y ensenanza de
las milicias, y mandar las operaciones militares que ocurriesen en
aquellas provincias para sugetarlas y mantenerlas en la debida
obediencia al Soberano. Uno de ellos fue el Comandante en gefe del
cuerpo de Dragones de la expedicion, D. Jose Reseguin, que salio de
Montevideo con la mayor aceleracion; y recibida la instruccion del Virey
se puso en camino por la posta, el 19 de Febrero de 1781, con la mira de
alcanzar el destacamento que habia salido primeramente, y que llevaba ya
dos meses de marcha: y aunque hizo presente a aquel Exmo. no le era nada
airoso ir a servir bajo las ordenes de un Teniente Coronel mas moderno,
y que solo era graduado, no fue obstaculo para que este oficial
practicase cuantos esfuerzos le fueron posibles, a fin de lograr la idea
que se habia propuesto, y que consiguio a costa de sus diligencias;
habiendose incorporado en aquellas tropas el 13 de Marzo en el Puesto de
los Colorados, que dista 460 leguas de la capital del vireinato, sin que
lograsen detenerle los eficaces esfuerzos y ruegos que emplearon los
vecinos de Jujuy, y los de muchos espanoles fugitivos, que por todo el
camino encontraba, quienes le aseguraban estaban ya del todo sublevadas
las provincias de Chichas, Ciuti, Lipes y Porco, que median hasta la
villa de Potosi y ciudad de la Plata, cuya noticia confirmaba el
corregidor de Chayanta, D. Joaquin de Alos, que disfrazado de religioso
franciscano, iba huyendo por no caer segunda vez en manos de los
sediciosos.

Recibido por este oficial el mando del departamento, le hallo disminuido
de 50 hombres, que habian desertado en el transito de la provincia del
Tucuman, seducidos por sus habitantes, que ponderaban los riesgos a que
iban a exponerse, y las comodidades y libertad que ellos disfrutaban,
ofreciendoles casamientos y otras ventajas; cuyo dulce atractivo fue muy
perjudicial a todas las tropas que se destinaron al Peru; pero se
hallaba reemplazada aquellas falta con una compania de las milicias de
Salta, aunque muy inferior en la calidad, asi por su poca disciplina y
subordinacion, como por el ningun conocimiento que tenian en el manejo
de las armas de fuego. Con estas cortas fuerzas, y con solos 5,000
cartuchos de fusil y algunas armas de repuesto, siguio Reseguin las
marchas, forzandolas cuanto le permitia la debilidad de las caballerias,
y el crecido numero de cargas de equipaje que habian multiplicado
algunos oficiales, poseidos de miras lucrativas, faltando expresamente a
las rigurosas ordenes del Virey, dirigidas a evitar todo comercio. Estos
y otros embarazos que le ocurrieron, no lo fueron para que el dia 16
llegase a las inmediaciones del pueblo de Moxo, correspondiente ya a la
provincia de Chicas, desde donde se adelanto a encontrarle el cura de
Talina, el Dr. D. Antonio Jose de Iribarren, eclesiastico de
recomendables circunstancias; de acrisolada fidelidad al Soberano,
quien le impuso igualmente de la fermentacion en que estaban aquellas
inmediatas provincias, los riesgos que habia padecido por mantener en la
debida subordinacion a sus feligreses, y el terror panico de que estaban
poseidos los vecinos espanoles, a vista de los estragos que cometian los
rebeldes, habiendo sacrificado a su ira, la noche del 6 al 7 de aquel
mes en la villa de Tupiza, al corregidor D. Francisco Garcia de Prado y
algunos de sus dependientes; y que igual suerte habia tenido D.
Francisco Revilla, corregidor de la de Lipes, hallandose fugitivos de
las suyas, D. Martin de Asco, que lo era de la de Cinti, y D. Martin
Boneo, de la de Porco. Persuadiale tambien a que se colocase y detuviese
en su pueblo, a esperar el segundo destacamento que le seguia, porque el
terreno que habia de transitar en adelante era muy quebrado; los
caminos, a mas de ser asperos, estaban llenos de angosturas, y que era
excesivo el numero de indios que se reunia para embarazar el paso a las
tropas. Que si se perdian, era segura la ruina de la ciudad de la Plata,
villa de Potosi, y demas poblaciones que aun se mantenian con alguna
esperanza de salvarse, y que tambien quedaria cortada enteramente la
comunicacion de ellas con el Tucuman y Buenos Aires, de que podia
seguirse la perdida de todo el reino, pues de este modo les seria facil
interceptar los socorros y demas auxilios que se remitiesen para
contener a los sediciosos en los limites de la debida obediencia.

Vacilaba Reseguin, combatido de la fuerza de estas razones, y del deseo
que tenia de emprender alguna accion que acreditase su conducta, e
impusiese respeto a los rebeldes. Conocia el inmediato peligro de todo
el Peru, si se malograba aquel corto refuerzo de veteranos, lo arduo de
la empresa que iba a emprender, los obstaculos insuperables que se le
oponian, y el ningun recurso que le quedaba en caso de ser batido. Por
otra parte consideraba, que buscar el abrigo de las trincheras indicaba
temor, que su detencion era peligrosa, porque animaria a los sediciosos,
les daria tiempo para adquirir mayores fuerzas, y concebir fundadas
esperanzas de arraigarse en el dominio que tenian usurpado. Ignoraba la
suerte de la Plata y Potosi, y el exito que habia tenido el ataque de la
Punilla, que meditaba el Gobernador de armas, D. Ignacio Flores. Por
instantes llegaban de todas partes espanoles fugitivos, que ponderaban
los extragos, las muertes y los robos que cometian los indios: nadie se
consideraba seguro, y todos creian perecer irremediablemente a manos de
la tirania. Nada fue bastante para hacer decaer su animo. Oia con
serenidad las tragicas relaciones de los que se le unian: hacia concebir
a los timidos nuevos pensamientos y esperanzas, ponderandoles cuanto
valia aquel corto numero de hombres, por su disciplina y por sus armas,
y reflexionando importaba poco se sacrificase el y todos los suyos,
cuando se trataba de evitar la perdida de todo el reino, y tal vez
podria cortar los progresos de la rebelion que estaba en sus principios
en aquellas provincias, con algunos movimientos y maniobras del arte
militar que supliesen el numero y debilidad de sus fuerzas, echo la
suerte, y resolvio vencer o morir, y dirigirse a evitar el riesgo
inmediato y cierto, abandonando a la fortuna el que estaba mas
distante y dudoso.

Resuelto a poner en practica esta determinacion, desprecio las
instancias de cuantos le persuadian lo contrario, y superadas en su
interior todas las dificultades que le representaban, oculto las ideas
que tenia determinadas, y trato solo de dar algunas horas de descanso a
sus tropas, con el fin de conferir con el cura Iribarren el modo y
medios que podrian emplearse para sorprender a Tupiza, residencia de
Luis Laso de la Vega, cabeza principal del motin de aquella villa, y de
todas las provincias inmediatas. Despues de reflexionado todo, con la
madurez y resolucion que pedian las criticas circunstancias en que se
hallaba, facilitole aquel parroco 200 mulas que le pidio, e hizo apostar
en el puesto de Morara, distante tres leguas de Moxo, camino real de
Potosi, y al propio tiempo significo a todos no podia alterar las
ordenes de seguir su marcha, para incorporarse con Flores y salvar la
ciudad de la Plata que tanto cuidado daba por el bloqueo que le hacian
sufrir los indios, acaudillados por los dos hermanos Cataris, de cuya
perdida se haria responsable por su detencion: y sin el menor retardo
destaco algunas partidas, para que ocupasen los caminos y embarazasen el
paso a cuantos se dirigiesen hacia adelante, con la orden de observar
los movimientos de los enemigos, que con alguna distancia y disimulo,
procuraban certificarse de la verdadera intencion de aquellas tropas.
Lleno de confianza y algo reforzado con aquellos, que poco antes creian
no les quedaba mas recurso que la fuga, se puso en marcha la misma tarde
del citado dia 16 de Marzo, y campo en Moraja con todas las apariencias
de pasar la noche en aquel campamento, tomando las precauciones
necesarias a evitar el grave riesgo que le amenazaba por todas partes.
Hizo poner las tiendas, encender fogatas, y cenar la tropa con brevedad,
y al acabar el dia mando de nuevo tomar las mulas de refresco que tenia
anticipadas, y dejando el campamento con solo 20 hombres veteranos a
cargo de un oficial, se puso en movimiento con mucha precaucion y
silencio; y dejando a la derecha en el pueblo de Suipacha el camino de
la Plata, tomo el de la izquierda, que dirigia a Tupiza, previniendo al
oficial que quedaba en el campo, cuidase con exactitud y vigilancia,
permaneciesen encendidos los fuegos, y se pasase la palabra toda la
noche: dejandole tambien la orden, para que antes de amanecer el nuevo
dia, levantase el campamento, y siguiese sus pasos con el equipage y
bagajes que le quedaban.

Se practico este movimiento con tanto orden y destreza militar, que
logro eludir la cuidadosa vigilancia con que le observaban los rebeldes,
los cuales quedaron sorprendidos a las primeras luces del dia siguiente,
por no saber el como, y por donde se habia desaparecido Reseguin. Dista
Moraya de Tupiza 10 leguas de camino muy fragoso, la mitad cuestas y
barrancos, y la otra mitad de profunda quebrada, por donde desciende un
rio que se vadea muchas veces, y como a dos leguas de aquella villa, es
inevitable una angostura de medio cuarto de legua, en que no pueden ir
mas que dos hombres de frente, y a los lados tiene unos penascos
escarpados, de altura extraordinaria, que forman un callejon tortuoso,
muy a proposito para que un corto numero de hombres contenga y resista
al mas numeroso ejercito. No ignoraban los indios las excelencias de
aquel puesto, como que ha demostrado la experiencia su conocimiento y
acierto para la eleccion de situaciones ventajosas, razon porque le
habian escogido, para oponer la primera resistencia a las tropas del
Rey, considerando, que cuando llegasen a el, estarian cansadas de
superar los obstaculos, que por grados iban creciendo, asi como se iban
acercando: porque a los naturales del camino, agregabase en aquella
ocasion lo caudaloso del rio, que en algunos vados se pasaba con mucho
trabajo y no poco peligro, aumentado por la oscuridad de la noche.
Superados con diligencia y constancia todos los inconvenientes, llego la
tropa a la natural fortaleza a que el arte no podia anadir
circunstancia, la que reconocida por algunas partidas que se formaron de
los espanoles fugitivos que eran practicos del terreno, la hallaron
desocupada, y se siguio la marcha, no sin algun sobresalto, porque
cuando se estaba en la mitad del peligro, se oyo un chasquido de honda,
y que algunas piedras se precipitaban de lo mas alto. Todos se
suspendieron, creyendo habian sido sentidos de los enemigos, pero el
Comandante, animado de su resolucion, se volvio, y les dijo: "ya el
peligro es inevitable, lo que importa es salir de el cuanto antes." Y
avivando el paso, mando a todos le siguiesen: en efecto, logro atravesar
aquel estrecho sin resistencia, y salir a otra quebrada mas espaciosa,
donde tuvo ya lugar la imaginacion para concebir fundadas esperanzas de
un exito feliz. No malogro instante Reseguin; y haciendo alto, reunio su
formacion dilatada por los regularos efectos del desfiladero, estendio
su frente cuanto le permitia la mayor anchura del camino; dividio los
200 hombres que llevaba en cinco divisiones, las cuatro iguales, a las
ordenes de los oficiales veteranos, y la mayor quedo a las suyas. A
cada una senalo un vecino del pueblo, que se dirigiese y apostase al
paraje senalado, y despues de haber hablado con entereza a sus soldados,
representandoles su obligacion, el orden que debian observar, la
obediencia y resolucion en el obrar, doblo el cuidado y el silencio para
seguir a Tupiza. Llego a esta villa a las 4 de la manana del dia 17, y
la mando rodear inmediatamente por las partidas, que ocuparon toda su
circunferencia, para que nadie saliese de ella, y con la suya entro por
la calle principal, y se dirigio a la plaza mayor, sin que hasta
entonces le hubiesen sentido sus vecinos ni los rebeldes que estaban
entregados al sueno con la mayor confianza, asi por el desprecio que
hicieron del corto numero de tropas que los amenazaba, como por la
distancia en que se hallaban el dia antecedente.

Su primer cuidado fue asegurarse del caudillo principal Luis Laso de la
Vega, que prendio por si mismo en la casa que habitaba, llamandole por
su nombre, a que contesto agriamente, porque se le incomodaba: pero
reproduciendole desde afuera que se hallaba en gran peligro, porque
estaban ya muy cerca las armas del Rey, se levanto, y medio vestido
salio en persona a la puerta con un trabuco en la mano. Pero ganandole
la accion, quedo inmovil al ver una visita que no esperaba, faltandole
el movimiento, aun para dar impulso al gatillo, regulares efectos que
ocasiona en los traidores la magnitud de su delito; a presencia del
Juez, de quien aguardan el castigo. Siguieronse sin intermision las
prisiones de su secretario, Fermin Aguirre, sugeto espanol y no de comun
nacimiento, quien por la ambiciosa fantasia de haberle nombrado Virey de
aquella provincia, abrazo el partido sedicioso; y la de otros que se
hallaban condecorados con varios titulos, para dividirse el marido de
las cuatro que se habian propuesto dominar: y como una exhalacion mando
recorriesen sus tropas todas las inmediaciones de la villa, a dos leguas
de distancia, que lograron asegurar a los demas complices del tumulto.
De modo que, por la tarde se hallaban en las carceles 100 reos de los
principales y que mas se habian distinguido en aquella conspiracion. Se
tomaron despues por el comandante todas las precauciones y providencias
convenientes para asegurarse de una sorpesa, y las que se requerian para
resistir a los rebeldes, si intentaban invadir la villa, como se
afirmaba, para libertar a sus caudillos. Coloco dobles guardias
avanzadas, eligio la iglesia para hacer la ultima resistencia, dispuso
rondas, nombro patrullas, encargo la exactitud del servicio, y
aumentaron su vigilancia y cuidado a proporcion que aumentaba el
peligro. Llamo las milicias del pueblo de Suipacha, que estaban por el
Rey, y las de Tarija, reforzandose con las pocas reliquias de fidelidad
que habian quedado, y antes que pudieran recobrarse los desleales del
terror infundido por las armas del Soberano, la resolucion de aquella
operacion, la inopinada prision de sus caudillos, y del conjunto de
circunstancias que ocurrieron en accion tan determinada, nombro partidas
para evitar los danos que seguian en todos los limites de la provincia
que estaban conmovidos, y en que cometian los sediciosos atroces
crueldades, obligando a los habitantes espanoles a venir fugitivos, para
acogerse a la sombra de las tropas recien llegadas. Diariamente se
presentaban viudas desamparadas y huerfanos afligidos, que abandonando
sus haciendas, comodidades y domicilio, se reunian en Tupiza, para
esponer al Comandante sus padecimientos, con la perdida de sus padres,
maridos y bienes, que les habia quitado el rigor de los tiranos
agresores; quienes egercitaron su barbarie, con mas exceso que en otras
partes, en los minerales de Tomabe, Ubina, Tatasi, Portugalete y la Gran
Chocalla, ultrajando a los sacerdotes, profanando los templos, y
cometiendo las mas sacrilegas muertes en ellos, con cuantiosos robos,
despedazando los ingenios, y destruyendo las labores de las minas.
Oiales Reseguin con afabilidad, consolaba a todos con ternura, y
ofreciales mirar por ellos, como un padre benefico por sus hijos;
prometia hacerles restituir sus bienes, y derramar hasta la ultima gota
de sangre en su defensa, y por tan justa causa.

La sedicion de esta provincia tuvo algunas circunstancias, por las
cuales se hacia mas temible que la general que se esperimentaba en el
Peru, y pudiera haber dado muchos cuidados, a no haberse cortado tan
oportunamente sus progresos. El autor y cabeza principal de ella, Luis
Laso de la Vega, era de casta de los cholos, mas espanol que indio, y se
hallaba sirviendo en calidad de sargento de aquellas milicias, a quien
acompanaba un genio audaz y algunas particularidades que le hacian
distinguir entre los suyos. Este inicuo, favorecido del corregidor, D.
Francisco Garcia de Prado, correspondio a su benefactor con la mayor
ingratitud, fraguando aquella trama, para usurpar el mando de las
provincias de Chichas, Lipes, Cinti y Porco, aprovechandose de la
fermentacion que habian causado los edictos y las diligencias de los
comisionados del principal rebelde Tupac-Amaru, y los movimientos de las
demas, que tambien obligaron al corregidor al acopio de algunas
municiones, y a reunir en Tupiza el regimiento de milicias de este
nombre, compuesto de cholos y mestizos, en que servia Laso, quien dio
principio a sus ambiciosos y atrevidos pensamientos, el 6 de Marzo,
aprovechando el acto de la revista, para conmover los animos de sus
soldados y companeros, que no tardaron en dejarse seducir, y sacudiendo
las riendas de la obediencia, principiaron cuantos excesos les dictaba
su antojo y sugeria el caudillo cuyo egemplo siguieron los indios
circunvecinos y de la villa, creciendo el tumulto en tanta aceleracion,
que desenganado Prado del ningun fruto que producian sus persuasiones y
autoridad, no le quedo otro recurso que buscar el asilo de su casa con
algunos de los suyos. Cercole en ella Laso con una crecida multitud, que
inutilmente intento romper a caballo en algunas ocasiones favorables que
se le presentaron, para ponerse en fuga y huir del riesgo que por
instantes iba creciendo: pero viendo eran inutiles sus esfuerzos para
encontrar la salida, resolvio defenderse hasta el ultimo extremo,
favorecido de las puertas y ventanas de su casa, desde donde empezo a
hacer fuego a la multitud que le tenia cercado, que correspondieron del
mismo modo; durando la confusion hasta la media noche, en que muertos ya
algunos, otros fatigados y sin fuerzas para continuar la defensa,
lograron los rebeldes incendiar la casa, y volar el repuesto de polvora
que tenia acopiada para municionar aquella tropa, y caido un lienzo de
pared, penetro al corral el indio Nicolas Martinez, y hallando a su
corregidor aturdido en un rincon, se acerco a el y le degollo
prontamente, y le bebio mucha parte de su sangre. Pudiera haberse
salvado si con anticipacion hubiera emprendido la fuga, como se lo
aconsejaban algunos sugetos bien intencionados, pero le fue menos
sensible perder la vida que abandonar sus intereses, adquiridos a costa
de un descontento general, que le puso en aquel estado y situacion.


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