Relacion historica de los sucesos de la rebelion de Jose Gabriel - Anonymous
Tolerando siempre los insultos de los rebeldes, y las repetidas amenazas
de sorprender al ejercito, llego a las inmediaciones del pueblo de
Quiquijana, despues de haber sufrido en todo el camino algun fuego de su
artilleria y fusileria. Aquellos vecinos habian sido los mas tenaces en
el fomento y apoyo de la sedicion, fiados sin duda en la situacion
ventajosa que ocupaban; de manera que, reconocida por el Comandante
General, D. Jose del Valle, estimo, que para reducirlos era menester
emplear muchos dias, y que no lo conseguiria sino a costa de mucha
sangre, no obstante la impericia de los sediciosos; graduando la
espugnacion de aquel puesto, capaz de detener dos meses a un ejercito
aguerrido y numeroso, si le hubiesen ocupado y defendido enemigos de
otra naturaleza. Pero hecho cargo de todo, determino acampar en sus
inmediaciones, y desde luego fue saludado con el fuego de la artilleria
y fusileria, que no causo efecto alguno, por estar apostada demasiado
distante. Al amanecer del siguiente dia, el cura del propio pueblo dio
aviso que los rebeldes lo habian abandonado, con el designio de reunirse
al ejercito de su principal Gefe, Jose Gabriel Tupac-Amaru, que se
hallaba en Tinta, habiendo cortado antes el puente, para retardar por
todos terminos la continuacion de la marcha a nuestras tropas, y tambien
impedir se les persiguiese y picase la retaguardia. Con este aviso entro
el ejercito del Rey en Quiquijana, donde solo habian quedado las mugeres
y hombres, que por su ancianidad o achaques no habian podido seguir a
los demas. Todos se acogieron al asilo del templo, en donde con muchas
lagrimas y senales de arrepentimiento, imploraban el perdon de sus vidas
y el indulto de sus casas y haciendas, para que no fuesen entregadas a
las llamas, como merecian. Todo se les concedio, y solo experimentaron
el rigor del castigo, Luis Poma, Inca, primo del usurpador Jose Gabriel,
y Bernardo Zegarra, su confidente, que pagaron con la vida en una horca
sus atroces delitos.
Dadas las disposiciones mas precisas en el pueblo de Quiquijana para su
seguridad y arreglo, continuo nuestro ejercito las marchas sin
intermision de dias, y al llegar al primer campamento se presentaron los
enemigos ocupando las proximas montanas, en cuya falta habian colocado
un canon, y prevenido en las cumbres muchas piedras grandes y pesadas, a
que dan el nombre de _galgas_, con el fin de arrojarlas y despenarlas
para ofender a los nuestros en un estrechisimo desfiladero inevitable,
contiguo a un rio caudaloso, que se habia de vadear precisamente. Para
evitar el peligro se nombraron 100 fusileros de tropas ligeras con todos
los indios auxiliares de Anta y Chincheros, a quienes se dio la orden
para desalojar a los rebeldes de tres puestos muy ventajosos que
ocupaban en la cresta de la montana en que estaban alojados, cuyo ataque
emprendieron valerosamente; y tuvieron la fortuna no solo de conseguir
el intento, sino tambien derrotarlos enteramente, a vista del resto de
las tropas que esperaban el exito del suceso.
Al siguiente dia se tuvo noticia por un desertor de los enemigos, que
habian colocado una bateria en la falda de otra montana, inmediata al
camino que debia seguir nuestro ejercito, y que la defendian 10,000
combatientes. Se nombro inmediatamente una columna muy reforzada, para
que, tomando otra direccion, rodease la montana y subiese a dominar por
la espalda a los rebeldes, y el Comandante General con el resto del
ejercito se puso en marcha por la llanura: pero a la media legua tuvo
que dar vuelta para evitar otra montana, y bajar a un valle muy ancho y
espacioso, donde con mas desembarazo pudiesen maniobrar sus tropas.
Luego que avistaron los rebeldes unas cargas de los indios de Tinta y
Chincheros que se habian adelantado sin orden, las atacaron con la mayor
intrepidez y osadia. Unos caballeros aventureros y los dragones de Lima
y Caravaillo, que llevaban la vanguardia del ejercito, salieron a la
defensa, y este motivo fue empenando sucesivamente las demas tropas con
el grueso de los sediciosos, y se trabo la accion, en que fueron
derrotados completamente, dejando en el campo de batalla un crecido
numero de cadaveres, sin contar infinitos heridos que retiraron o se
hicieron prisioneros, y aun el mismo Jose Gabriel Tupac-Amaru lo hubiera
quedado, a no haberse libertado por la lijereza de uno de sus caballos,
en que emprendio una precipitada fuga, y con tanto aturdimiento, que
olvidandose del vado del rio que debia atravesar para ir a Tinta, se
arrojo a nado por lo mas profundo, donde estuvo muy cerca de ser
sumergido en las aguas, y de acabar en ellas su vida. Este accidente
consterno mas y mas el animo del tirano, y determino huirse sin pasar
por Tinta, y antes de poner en practica esta resolucion, escribio a su
muger en los terminos mas pateticos y melancolicos, diciendules: _vienen
contra nosotros muchos soldados y muy valerosos, no nos queda otro
remedio que morir_. Se ignoraban en el ejercito estas ultimas
particularidades, sin saberlas se puso de nuevo en movimiento, para
seguir la marcha, con la resolucion de alojarse aquella noche en Tinta:
pero no pudo verificarse, a causa de que el rio inmediato detuvo el paso
a las tropas, por estar tan crecido, que no obstante las precauciones y
activas providencias que tomo el Comandante General, D. Jose del Valle,
no pudo evitar se le ahogasen dos hombres. En esta maniobra, siempre
lenta y peligrosa en los ejercitos, se empleo lo restante del dia, y ya
proxima la noche fue preciso acampar en las cercanias del pueblo de
Cambapata, que dista del de Tinta una legua, y al clavar nuestras tropas
las primeras estacas de las tiendas, rompieron los enemigos el fuego con
tres canones, de una bateria que tenian colocada, pero siempre con el
ordinario defecto de situarlos demasiado distantes, haciendo con esto
las mas veces inutil su efecto, porque las balas no alcanzaban a
nuestras tiendas, ni a otros objetos que se proponian ofender.
A las 2 de la manana del siguiente dia se mandaron salir 150 fusileros
de las tropas lijeras, con los indios auxiliares de Anta y de
Chincheros, para que ocupasen una montana que dominaba la llanura, por
donde debia pasar precisamente el ejercito para dirigirse a Cambapata,
cuyo pueblo reconocido, se noto le habian cercado los insurgentes, con
una muralla de adobes, coronada y cubierta de espinos, para embarazar la
marcha, y retardar cuanto les fuese posible la llegada de las tropas a
Tinta. A las 4 de la misma manana, mando el mismo General situar una
bateria de cinco canones, en un puesto que dominaba la de los enemigos
cuyo fuego perfectamente dirigido, produjo la ventaja, que lo
abandonaren en menos de una hora, y que poco despues se presentasen 30
vecinos de Tinta, que afirmaron haberse ausentado de aquel pueblo toda
la familia de Jose Gabriel Tupac-Amaru, llevandose la plata sellada,
labrada, alhajas y demas efectos de valor, de que se habian apoderado
desde los principios del alzamiento.
Con esta novedad mando inmediatamente el General batir tiendas, para
transportarse con todo el ejercito al pueblo de Tinta, donde hallo el
retrato del principal rebelde pendiente de la horca, sin averiguar el
autor de aquella accion. Dispuso desde luego cuanto estimo conveniente,
para celebrar serio acto, de hacer respetar el nombre de nuestro augusto
legitimo Soberano, y despues despacho muchos destacamentos por distintas
direcciones, con las ordenes mas eficaces, para que por todos terminos
procurasen la captura de los fugitivos: con la prevencion de que la
primera diligencia habia de dirigirse a cerrar el paso a los Andes por
la provincia de Carabaya, a fin de que el rebelde y su familia no
tuviesen el seguro asilo que se presumia buscasen en aquellas
impenetrables asperezas, o se confundiese entre los indios barbaros.
No siguieron este intento los rebeldes, antes bien tomaron el camino de
Langui; y como se habia hecho publica su ultima derrota, se atrevio a
perseguirlos D. Ventura Larda, unido a otros vecinos de aquella
jurisdiccion, que lograron arrestar al mismo Jose Gabriel, a su muger
Micaela Bastidas, y a dos hijos, Hipolito y Fernando, que entregaron
para su segura conduccion y custodia a unos de los destacamentos que
habian ido siguiendo su alcance, y fueron conducidos al campo espanol,
donde aquel mismo dia habian sufrido ya la pena de horca 67 rebeldes,
que se arrestaron en aquellas inmediaciones, cuyas cabezas se colgaron
en los parajes publicos, para escarmiento de los demas sediciosos; a
quienes se les tomaron ocho canones de diferentes calibres, siendo el
mayor del de a cuatro, 20 fusiles y escopetas, dos pares de pistolas,
cuatro quintales de balas de canon y de fusil, otros tantos de polvora,
30 lanzas, y mucha parte de los robos y saqueos que habian hecho.
Quedaron tambien prisioneros, de resultas de estos favorables y
prosperos sucesos, Antonio Bastidas, cunado de Jose Gabriel, a quien
habia nombrado Capitan General; Cecilia Tupac-Amaru, su media hermana;
su primo, Patricio Noguera; el Coronel Jose Mamani; los Comandantes, el
de artilleria, Ramon Ronce; Diego Ponce; Diego Verdejo, pariente del
tirano; Andres Castelo, Felipe Mendizabal, Isidro Puma, Mariano Castano,
Sargento Mayor; Diego Ortigosa, Asesor; Manuel Gallegos, plumario;
Melchor Arteaga mayordomo de ganados; Blas Quinones, mayordomo mayor;
Tomasa Tito, cacica de Acos; Jose Venela, confidente; Estevan Vaca,
fundidor de artilleria; Francisco Torres comisionado principal; Lucas
Colque, Comisario y alcalde; cuatro capitanes, dos tenientes, algunos
soldados y negros huidos de particulares, entre ellos Antonio Oblitas,
esclavo de D. Antonio Arriaga, y el mismo que fue su verdugo en Tinta.
Despues de arrestado el principal rebelde, su muger, sus hijos y la
mayor parte de sus gefes principales, parece debia esperarse una crisis
favorable, que restableciese en su antigua quietud los animos alterados
de aquellos naturales: pero lejos de esto, se puede asegurar empezo de
nuevo y con mas ligereza la rebelion, porque habiendo logrado la fuga
Diego Cristoval Tupac-Amaru, medio hermano de Jose Gabriel, Mariano
Tupac-Amaru, su hijo, Andres Noguera, y Miguel Bastidas sus sobrinos,
por haber seguido diferente camino que los demas, consiguieron
felizmente libertarse y establecer su residencia en la provincia de
Azangaro, que continuo ciegamente a su devocion, con las circunvecinas
de la Paz, y las del Collao, formando considerable partido para sostener
sus ideas. A este intento dispusieron con las mas activas y eficaces
diligencias, reunir todos sus inicuos parciales, y acopiar muchas armas
y municiones, para apoderarse de los prisioneros, al tiempo que fuesen
conducidos a la ciudad del Cuzco, donde habia determinado remitirlos el
Comandante General, D. Jose del Valle, para que sufriesen el castigo que
merecian por sus gravisimos delitos. Penetradas por este gefe las
intenciones de los rebeldes, aunque considero remoto pudiesen verificar
su proyecto, no dejo de tomar todas cuantas medidas le dictaban su
practica y esperiencia militar, para frustrar sus esfuerzos, y no
esponerse a que por algun inesperado accidente o casualidad, recobrasen
la libertad unos reos de aquella naturaleza: y persuadiendose que para
su entera seguridad se requeria la presencia de su persona, determino
escoltarlos con una columna muy reforzada, dejando el resto del ejercito
en los campos de Quiquijana, Tinta y Langui, para que ocurriesen a
cuanto pudiese suceder en el poco tiempo que calculo podia emplear en el
viage; y dispuesto todo en la forma espresada, custodio a los
delincuentes, hasta la puente de Urcos, donde se los entrego todos a D.
Jose Cabero, Coronel del regimiento de dragones provinciales de
Armaraes, que guarnecia aquel importante puesto, para que siguiese con
ellos hasta la ciudad del Cuzco, e hiciese formal entrega de sus
personas al Visitador, D. Jose Antonio de Areche, que se mantenia en
ella, esperando el exito de las operaciones del ejercito, y tambien para
providenciar cuanto fuese necesario a su resistencia.
Hasta esta epoca las tropas de Lima no habian esperimentado sino
felicidades, y aunque siempre vencedoras, y en todas ocasiones
gloriosas, no pudo conseguir su general, imprimir en ellas la generosa
resolucion de acabar la obra comenzada. El demasiado amor a sus familias
y hogares, y el ambicioso deseo de recoger sus cosechas, motivaron una
considerable desercion, que desvanecio cuanto tenia proyectado, pues no
pudo verificar su retroceso desde la puente de Urcos, tan pronto como se
lo habia propuesto; porque improvisamente se desaparecieron todos los
indios de Anta y Chincheros, y la mayor parte de las tropas milicianas,
en que consistia la fuerza del ejercito, respecto al corto numero de
veteranos que en el tenia Sucesivamente fue recibiendo avisos de los
gefes de las demas columnas, en que le comunicaban iguales incidentes,
ocurridos con las tropas de sus respectivos mandos, y tambien que habia
sido atacada la de Langui por los rebeldes, mandados y dirigidos ya por
Diego Cristoval Tupac-Amaru, las noches del 18 y 20 de Abril, en que
tuvieron dos acciones muy sangrientas, en las cuales fue considerable la
perdida del enemigo, y muchos los heridos de nuestra parte, siendo
comprendidos en este numero el Comandante, D. Manuel Castilla, y algunos
oficiales principales. Atendidas estas criticas circunstancias, fue
preciso disponer con activas providencias, el pronto reemplazo de los
desertores, en que se emplearon 11 dias, y verificada esta diligencia,
se puso de nuevo en movimiento, con el cuerpo de tropas de su mando,
forzando cuanto pudo sus marchas para dirigirse al pueblo de Sicuani de
Su provincia de Tinta, con el intento de hacer entrar todo su ejercito
en las del Collao, para pacificarlas y sugetarlas a la debida obediencia
del Soberano.
A este fin dispuso que la columna del cargo de D. Manuel de Castilla,
corregidor de Paruro, siguiese el camino del pueblo de Macari, donde
habia de hacer alto, para esperar las ordenes posteriores. Que la de
Cotabamba, mandada por su corregidor, D. Jose Maria Acuna, se encaminase
para Checa, Quequi, Yauri y Coporaque, con el objeto de reducir estos
pueblos a la obediencia de S.M., y para su mejor exito se le
incorporaron los mestizos e indios de los pueblos de la provincia de
Quispicanche, que el celo del presbitero D. Felipe de Loaira, natural y
residente del pueblo de Oropesa, recluto de su propia voluntad,
anhelando patentizar las veras, con que se interesaba en los favorables
sucesos de las armas del Rey, gobernandolos y sirviendo al frente de
ellos. Que otra columna de 1,000 hombres, al cargo del Coronel de
Dragones del ejercito, D. Gabriel de Aviles, pasase a las cercanias del
pueblo de Munoz, con el fin de adquirir noticias de aquel pais, y de
castigar aquellos rebeldes: y el Comandante General, con el resto del
ejercito, paso la raya que divide el vireinato de Lima con el de Buenos
Aires, donde hallo la rebelion con el mayor furor y crueldad, porque
Diego Cristoval Tupac-Amaru, su nuevo caudillo temerario, recelando que
los blancos y mestizos de aquellas provincias lo arrestesen con
traicion, en fuerza de los premios ofrecidos por su captura, eligio y
puso en egecucion el barbaro partido de inundar asesinar indistintamente
a todos los que no fuesen de su casta, sin reparar en la edad ni en el
sexo, castigando y persiguiendo tambien a los curas y sacerdotes de
aquellos territorios, que su medio-hermano Jose Gabriel habia tratado
con mucha consideracion, y con el debido respeto a su sagrado caracter.
Unianse a estas desgracias otra mayor, que era la de haberse formado por
el tiempo, o poco antes, en el pueblo de Ayoayo, provincia de Sicasica,
otro monstruoso caudillo de rebelion, mas cruel y sanguinario que todos
los de su clase. Este fue Julian Apasa, indio pobre y desconocido, que
de sacristan paso a peon de un ingenio, y despues sabiendose aprovechar
de las turbaciones suscitadas por los Tupac-Amaru, ayudado de otro,
llamado Marcelo Calle, adquirio una autoridad tan gigante, que puso a
su devocion en pocos dias las provincias de Carangas, Sicasica, Pacajes,
Yungas, Omasoyos, Larecaja, Chucuito y otras: y para que los indios de
ellas tuviesen mas respeto y veneracion a su persona, y diesen mas
ascenso a sus persuasiones, se apellido Tupac-Catari, juntando el de
Tupac de Jose Gabriel, y el apellido de Catari, propio de los tres
hermonos que fomentaron los primeros movimientos en la provincia de
Chayanta. De este horroroso caudillo tendremos repetidas ocasiones de
acordarnos cuando sea tiempo de referir los sucesos lastimosos que
origino a estos reinos. Volvamos ahora a las tropas del vireinato de
Lima, y a seguir la serie de sus operaciones.
Continuo el Comandante General, D. Jose del Valle, las marchas, como lo
habia pensado, para entrar en la jurisdiccion del vireinato de Buenos
Aires: al acercarse a la Pampa de Quesque, donde paso la noche, se
avistaron como 100 rebeldes, que tuvieron la osadia de hacer fuego a la
vanguardia del ejercito, con solos tres fusiles, acompanando esta
hostilidad de repetida y descompuesta griteria, en que decian a los
nuestros que no eran tan cobardes como los de la provincia de Tinta, que
acababan de vencer, y que luego esperimentarian que era muy diferente el
brio y la constancia de los indios del Collao. Cuando acabaron de
descubrir nuestro ejercito, se subieron a la cima de un monte muy alto,
cubierto de nieve, donde iban ritirando todo su ganado. El Comandante
General nombro a D. Antonio Ternero, Sargento Mayor del regimiento del
Cuzco, para que con 80 fusileros subiese a castigar su atrevimiento: lo
que egecuto este oficial bizarramente, matando doce rebeldes, y
quitandoles algunos caballos y mucho ganado lanar que condujo al campo;
y poco despues se supo por cuatro prisioneros, que los vecinos del
pueblo de Santa Rosa eran los mas afectuosos distinguidos parciales de
las glorias de Tupac-Amaru, y que le habian acompanado en sus mas arduas
empresas, con lo que determino el General castigarlos, y para este
intento se puso en marcha para dicho pueblo. Entro el ejercito en el sin
resistencia, y cercando la plaza mayor improvisamente, se quitaron todos
los que alli estaban, para que sufriesen la pena de muerte, cuyo castigo
se verifico en 20, habiendo acaecido por justa provindencia del
Todo-Poderoso que recayese la suerte en los mas famosos capitanes e
inmediatos dependientes del rebelde, segun se verifico despues por los
que quedaron vivos. Pero, sin embargo que de esta providencia resulto la
mayor fidelidad en los vecinos de aquel pueblo, nunca puede aprobarse
semejante procedimiento, por mas que se haya apoyado con las ventajas
que resultaron de haberse unido al ejercito, y sufrido con
extraordinaria constancia las persecuciones y subsidios que les
hicieron padecer los que continuaron sublevados.
Continuo el ejercito al pueblo de Orurillo, donde solo hallo algunos
ancianos y pocas mugeres, y preguntado su teniente de cura, D. Juan
Bautista Moran, cual era la causa porque aquellos vecinos habian
abandonado su domicilio, espreso que no habian alcanzado sus suplicas y
persuasiones, para convencerlos a que esperasen tranquilamente la
llegada de las tropas del Rey, porque estaban empenados con la mayor
obstinacion en negarle la obediencia, y seguir las sediciosas banderas
de rebelion: procedimiento que obligo al Comandante General a procurar
la captura de algunos: y habiendo conseguido hacer dos prisioneros,
fueron pasados inmediatamente por las armas, y despues publicado que
seria castigado aquel pueblo y sus vecinos con todo el rigor de la
guerra, una vez que obstinadamente querian separarse de la debida
obediencia de su legitimo dueno. Cuya providencia, entendida por algunos
de los que se hallaban presentes, que observaron tambien las
demostraciones cristianas que practicaron algunos individuos del
ejercito, produjo el efecto de que pasasen en busca de sus parientes y
amigos, y los persuadiesen a que se presentasen sumisos, como
efectivamente lo consiguieron; y en breve tiempo se vieron venir en
cuadrillas, ansiosos a porfia de prestar la obediencia al Rey, jurando
ser en adelante sus fieles vasallos. Consecuente a las ordenes que tenia
el Coronel D. Gabriel de Aviles, se hallaba ya acampado con su columna
en las inmediaciones de Orurillo: el que en su transito por Munoa, mando
atacar por un destamento de 90 hombres a un trozo de rebeldes que
ocupaba aquellos altos, los que fueron derrotados con perdida de 150
hombres muertos, que ocasiono haber hecho una obstinada resistencia, no
obstante que su total no ascendia mas que a 400; y que habiendo sabido
el 6 de Mayo se hallaban mas de 100 rebeldes, ocupando unos murallones
antiguos de un cerro, llamado Ceasiri, mando asaltarlos y rodearlos:
pero a poco rato de un vivisimo fuego de nuestra parte, vieron venir
como 500 enemigos, montados y armados con buenas lanzas, que embistieron
a los nuestros por tres distintas partes, con la mayor resolucion y
bizarria; sin embargo de que el cuerpo que atacaba, se componia de 20
fusileros, 80 milicianos y 600 indios de Chincheros, que esperaron
oportunamente, y a poco rato lograron la victoria, derrotando a los
rebeldes, que dejaron en el campo de batalla mas de 100 muertos, y de
nuestra parte solo lo fueron un sargento de caballeria y dos indios de
Chincheros, quedando heridos el capitan y el teniente de la compania de
Andaguaillas. Reunida esta columna al ejercito, continuo la ruta hacia
el pueblo de Asillo, que igualmente hallo del todo abandonado y
desierto. Solo su cura, D. Jose Maruri, salio a recibir al Comandante
General, sin mas acompanamiento que cuatro criados, y le manifesto que
todos los vecinos habian desamparado sus habitaciones asi que
descubrieron las tropas de la vanguardia: que unos opinaban se
presentasen rendidos a implorar el indulto de sus delitos, y otros
insistian en que fuesen a incorporarse con los de la provincia de
Azangaro, para oponerse al paso de las tropas. Pero poco despues se
averiguo que las razones de este eclesiastico eran disimuladas,
producidas con la mas inicua malicia, y que era uno de los que habian
concurrido mas al fomento de los principales rebeldes, induciendo a los
vecinos de su doctrina, para que se alistasen bajo sus banderas: y no
contentandose con haber cometido esta maldad, les habia auxiliado
tambien con sus caudales y efectos. Bien asegurado el Comandante General
de tan inicuo procedimiento, mando secuestrar todos sus papeles, y con
ellos se confirmo la perversa conducta que habia tenido porque se hallo
una seguida y amigable correspondencia con Jose Gabriel Tupac-Amaru, y
tambien con Diego, que continuaba los injustos designios de su hermano:
y hallando confirmados sus atroces delitos por los documentos
interceptados, se le mando aprisionar con un par de grillos, y se
remitio a la ciudad del Cuzco, para que en vista de todo resolviese el
Visitador General, D. Jose Antonio de Areche, se le formase causa, o le
mandase imponer el castigo que considerase justo. Y para escarmiento de
aquellos infieles vasallos se dispuso tambien que D. Gabriel de Aviles
saliese la misma noche a la cabeza de un destacamento bien reforzado,
con la orden de que al amanecer el siguiente dia, se hallase en la falda
de una montana en que se habian situado para rodearla, y tratarlos con
todo el rigor de las armas, como efectivamente lo egecuto, matando mas
de 100 y quitandoles muchas mulas, caballos y lanzas, sin haber perdido
un hombre de nuestra parte, ni haber sido posible acabar con ellos
porque huyeron precipitadamente por caminos tan asperos y pantanosos,
que era inutil seguirlos para alcanzarlos.
Al dia inmediato continuo la marcha nuestro ejercito, y a poco rato
avisto el famoso monte nombrado _Condocuyo_, donde el ano de 1740 o de
41 hicieron una obstinada defensa los indios de la provincia de
Azangaro, contra su corregidor, D. Alfonso Santa amotinados sobre quejas
de crecidos repartos que les habia hecho a los que, no pudiendo reducir
por la fuerza, se vio precisado a cercarlos y rendirlos por hambre.
Estaba este monte coronado de enemigos con banderas, cajas y clarines,
cuyo rumor acompanaban de repetidas y desentonadas voces, que formaban
un conjunto ruidoso tan grande, que parecia estaba ocupado por 100,000
hombres; repitiendo incesantemente los gritos, todos dirigidos a
injuriar e insultar nuestras tropas. Habia tambien en la llanura
considerable numero de rebeldes, que a toda diligencia retiraban a las
alturas sus tiendas, muebles y ganados. Los batidores acometieron a todo
golpe, contraviniendo a las ordenes con que se hallaban, y lo egecutaron
precipitadamente y con tanta desunion, que los rebeldes cayeron sobre
ellos determinadamente, y no pudiendose defender ni libertar los
prisioneros, ocasionaron tambien la muerte de quince dragones de las
tropas de Lima que los seguian, sin que fuese dable evitar este sensible
y desgraciado suceso la vanguardia, que a paso largo procuraba acercarse
para el efecto.
Proximo ya todo el ejercito espanol al de los insurgentes, y ocupada la
falda del citado monte de Condorcuyo, los indios de Anta y Chincheros
les gritaban que si bajaban a dar la obediencia a S.M. serian perdonados
de buena fe, y se restituirian tranquilamente a sus casas: pero ellos
obstinados les respondieron con audacia, que su objeto era dirigirse al
Cuzco, para poner en libertad a su idolatrado Inca, y que en este
concepto siguiesen su camino si les acomodaba. Se supo despues por
algunos prisioneros, que mandaba el campo de los rebeldes D. Pedro
Vilca-Apasa, comandante nombrado por el caudillo Diego Cristoval
Tupac-Amaru, y que tenia en el ejercito todos los indios de las
provincias de Azangaro y Carabaya.