Relacion historica de los sucesos de la rebelion de Jose Gabriel - Anonymous
Bien examinada la situacion de los sediciosos, y que era inutil
reducirlos por medios suaves, se determino el ataque para el dia
siguiente, que el Comandante General ordeno, dividiendo su ejercito en
cuatro columnas, para que, situandose en distintas posiciones,
acometiesen a un tiempo la montana, destinando una de ellas solo con el
objeto de girar los enemigos y tomarlos por la espalda, a fin de que
batiese y persiguiese a los que fugitivos que escapasen de las tres
restantes: la cual se puso en movimiento dos horas antes que las otras,
y todas con la prevencion de no moverse hasta la senalada para el
ataque. Consecuente a estas prevenciones, se coloco cada una en el
puesto que tenia senalado, y al disparo de dos tiros de canon empezaron
a subir determinadamente, y los rebeldes salieron al encuentro con igual
resolucion, y en poco rato se hizo general el combate, en que los
enemigos hicieron una obstinada resistencia, favorecidos de unos
corrales que estaban fortificados desde el ano de 1741, y entonces
habian puesto en estado de la mejor defensa. Apostados en ellos,
lograron rechazar al Teniente Coronel de ejercito, D. Manuel Campero,
que a la cabeza de una columna de 1,500 hombres los ataco por su
izquierda con denuedo y bizarria: pero los enemigos resistieron
igualmente, sufriendo un fuego muy vivo de su fusil, porque estaban
empenados en sostener y defender un paso muy preciso por donde habia de
subir. Nuestras tropas acreditaron este dia su teson y brio, y no poca
constancia los rebeldes; hasta que superados por los nuestros, a que
contribuyeron tambien los indios de Anta y Chincheros, fueron
desalojados y puestos en fuga, dejando en el campo de batalla mas de 600
cadaveres, sin poderse averiguar el numero de heridos que serian muchos,
porque sufrieron un excesivo fuego de nuestra parte, hecho casi siempre
a distancia de medio tiro de fusil.
Duro la resistencia y lo mas caloroso del combate cerca de dos horas;
tuvimos bastantes muertos y heridos, por la constancia con que los
rebeldes resistieron los esfuerzos de las tropas del Rey: y para dar una
idea del estado en que estaban estos indios, y que dista mucho de la
sencillez y pusilanimidad en que los encontraron nuestros primeros
conquistadores, referire dos casos, que no solo acreditan, sino que
comprueban la barbara obstinacion que los poseia. Un indio, atravezado
con una lanza por el pecho, tuvo la ferocidad de arrancarsela con sus
propias manos, y despues seguir con ella a su enemigo, todo el breve
tiempo que le duro el aliento: y otro, a quien de un bote de lanza le
sacaron un ojo, persiguio con tanto empeno al que le habia herido, que
si otro soldado no acaba con el, hubiera logrado quitar la vida a su
adversario. Las operaciones de las tropas del vireinato de Buenos Aires
nos daran ocasiones de referir otros ejemplares de esta naturaleza, que
comprobaran ha sido milagrosa la pacificacion de estos reinos, y que la
mano poderosa del Dios de los ejercitos quiso conservarlos bajo el suave
dominio de nuestro augusto Monarca, D. Carlos III, el cristiano, el
justo, el magnanimo y el mas clemente de los Soberanos.
Perdieron este dia los rebeldes cuanto tenian en su campamento: se les
quitaron muchas mulas, caballos, ganados de todas especies, muebles,
efectos, y en particular los viveres, que habian acopiado para algunos
meses: huyeron dispersos por todas partes los que escaparon de la
accion, y el ejercito del Rey, al dia se encamino al pueblo de Azangaro,
capital de la provincia de este nombre, que tambien estaba desierto como
los demas, y solo se hallo en el al teniente de cura, que informo al
General se habia visto precisado a consumir las formas consagradas,
temiendo las profanasen los sediciosos, pues habian intentado muchas
veces quitarle la vida y robar las alhajas de la iglesia. Se mando
acampar a media legua, para ocupar el centro de las columnas de Paruro y
Cotabamba, que habian llegado a aquellas inmediaciones dos dias antes, y
a poco rato se supo por un prisionero, que Diego Cristoval Tupac-Amaru y
sus sobrinos se retiraban con las tropas que los seguian, rechazados de
la villa de Puno, despues de haberla combatido cuatro dias consecutivos,
y que toda la noche anterior y aquel dia, habia pasado muy cerca de la
columna de Paruro, que solo distaba del cuerpo del ejercito como una
legua. Mando inmediatamente el Comandante General fuese a informarse el
coronel del regimiento de caballeria del Cuzco, Marquez de Rocafuerte,
quien a breve rato volvio acompanado de D. Isidro Guiasola, su segundo
comandante, que la mandaba desde que fue herido el primero, D. Manuel de
Castilla, y ambos le certificaron ser cierto cuanto habia declarado el
prisionero.
Reconvenido Guisasola por el general de su descuido, en no haber dado
parte de una novedad de tanto peso, se disculpo con diferentes escusas
insubstanciales, que dieron bastante merito para arrestarle y ponerle en
consejo de guerra, como justamente merecia: pues no hay duda fue causa,
de que el tirano Diego Cristoval y sus sobrinos lograsen la fuga, que no
hubieran conseguido seguramente, si este comandante y las tropas de su
columna hubiesen cumplido con la vigilancia y actividad que eran
precisas en ocasion tan critica. No dejaron por esto de practicarse
algunas diligencias para su captura, porque se supo tambien por
contestes noticias, que los citados rebeldes habian dormido aquella
noche en la hacienda de unos de sus confidentes, que solo distaba legua
y media del campamento. Salio en su seguimiento a las 11-1/2 de la noche
el coronel de dragones, D. Gabriel de Aviles, con un destacamento de 200
hombres, pero fueron inutiles sus diligencias, y retrocedio confirmando
habian dormido los rebeldes principales en el mismo paraje indicado, y
que sin la menor duda hubieran sido arrestados si los hubiese perseguido
la columna de Paruro como debia.
Al amanecer el dia inmediato, se puso en marcha el Comandante General,
tomando el camino de Putina, con el intento de hacer todo esfuerzo para
alcanzar los gefes de la rebelion; pero la misma tarde supo por un
prisionero, que seguian otra direccion; y habiendola tambien variado al
siguiente dia, no consiguio otra cosa que certificarse era inutil
seguirlos, porque se retiraban aceleradamente a la provincia de
Carabaya, casi abandonados de todos los suyos, y porque escasamente les
seguian 100 personas de ambos sexos; pero todavia manifestando, no
desistian continuar la rebelion con empeno y constancia, afirmando a los
habitantes de los pueblos por donde transitaban, iban a buscar unas
columnas de leones, tigres y otras fieras, para que devorasen al
ejercito espanol, consiguiendo con estas barbaras fantasias, que los
idiotas de aquellos infelices y desgraciados paises les creyeran y
prestasen una ciega obediencia. Se supo tambien al mismo tiempo, por
diferentes prisioneros, que contestes hicieron uniformes relaciones al
General, que los indios de las provincias de Chucuito, Omasuyos y
Pacajes, continuaban el sitio de la villa de Puno, y que la tenian
reducida a tales terminos, que estaba muy cerca de rendirse.
Con estas noticias se dispuso, que un destacamento de 1,000 hombres de
caballeria y 2,000 indios auxiliares de Anta, al cargo del Mayor General
del ejercito, D. Francisco Cuellar, se pusiese en marcha a dobles
jornadas para la provincia de Carabaya, no solo con el objeto de
perseguir y procurar arrestar a los traidores, antes que se acogiesen a
los Andes, si no tambien para que castigase a aquellos infames
provincianos, que han sido, entre los que nos han aborrecido, los
enemigos mas tenaces del nombre espanol. Las provincias de Paruro y
Chumbivilcas, continuaban todavia en sus alborotos. A contenerlos se
destacaron D. Manuel Castilla, corregidor de la primera, y D. Francisco
Laizequilla, justicia mayor de la segunda, para que se dirigiesen sin
perdida de tiempo a pacificarlas con las tropas de ellas mismas, que
servian en el ejercito: y el Comandante General con el resto de el
determino encaminarse a Puno con la mira de libertar aquella villa de
los conflictos en que se hallaban, y adquirir seguras noticias del
estado de la ciudad de la Paz, los Charcas y demas provincias de la
Sierra, cuya suerte ignoraba enteramente, por haber los rebeldes cerrado
los pasos y tener interceptada toda comunicacion con ellas.
Habiendose puesto en marcha con este intento, campo aquella noche en
Ocalla, en cuya proximidad se hallo muerto al P. Fray Jose Acuna,
religioso del Orden de Santo Domingo, conventual del Cuzco, y encargado
de una de las haciendas que posee esta religion en aquellos territorios.
Al siguiente dia continuo el ejercito la marcha, y a la media hora se
avisto desde una llanura muy dilatada el elevado monte de Puquina
Cancari, casi todo de piedra, y tan escarpado que no tiene mas subida
que la de una senda tan angosta como dificil. Al aproximarse la
vanguardia, un soldado dragon, que se hallaba inmediato al General, le
advirtio que en una canada, situada al frente, reconocia como dos o tres
indios: pero creyendo serian algunos vecinos de aquel valle, que
ignorando la clemencia con que se les trataba, se habian acogido a
aquellas asperezas, temerosos del castigo que merecian, mando que no los
incomodasen ni les hiciesen dano alguno, y siguio adelante hasta un
_ayllo_, que distaba un cuarto de legua: cuyos vecinos, que serian como
unos 80 de ambos sexos, salieron a recibir las tropas del Rey, y puestos
de rodillas delante del General, pidieron con muchas lagrimas les
perdonase sus delitos. Condescendio a sus ruegos, y mandandoles
presentar todos los costales de papas que tuvieren para abastecer el
ejercito, que estaba muy escaso de pan, ofreciendoles se los pagarian de
buena fe, a sus justos precios en sus propia presencia. A este tiempo,
D. Jose Maria Acuna, comandante de la columna de Cotabamba, llego a todo
galope a dar aviso al General, que se habia visto precisado a hacer alto
con la retaguardia, cerca del monte por donde acababa de pasar el resto
del ejercito, porque los indios que estaban en el, habian tenido la
osadia de hondear y precipitar galgas a la tropa, no obstante que su
numero no excedia de 100 personas de ambos sexos.
Con este aviso se destinaron 80 fusileros, para que castigasen aquel
atrevimiento, a la verdad no esperado, a vista de todo el ejercito, y
mandado suspender la marcha, retrocedio el mismo General con el
regimiento de caballeria del Cuzco, para rodear al monte por su falda, e
impedir escapase ninguno de aquellos atrevidos sediciosos. Pero ellos,
lejos de intimidarse con la inmediacion de las tropas que se dirigian al
ataque, se mantuvieron obstinados, sin pensar mas que en morir o
defender el puesto, que ocupaban con la mayor intrepidez y osadia,
favorecidos de ambas piedras muy altas, que los ponian a cubierto, sin
hacer caso de las ofertas del perdon, que les hacia un oficial de las
tropas de Cotabamba, a quien con furor respondian, que antes querian
morir que ser indultados. Enardecidas las tropas de esta barbara
resolucion, los atacaron con el mayor ardor, y ellos fueron cediendo
hasta la cresta del monte, donde considerando ya era imposible escapar
de las manos de sus contrarios, eligieron muchos el desesperado partido
de despenarse, precipitandose desde una altura de mas de 200 varas, para
hacerse pedazos antes que rendirse, y los restantes buscaron por asilo
los concavos de las penas, desde donde hacian los ultimos esfuerzos para
la defensa, sin hacer el menor aprecio de las repetidas voces que les
gritaban nuestros soldados, ofreciendoles de nuevo el perdon,
compadecidos de la situacion en que se hallaban. Pero nada fue bastante
a disminuir aquella ferocidad, y fue preciso que algunos de los nuestros
con evidente peligro de sus vidas los buscasen, para sacarlos de las
profundas cuevas en que se habian metido, donde se dejaron hacer
pedazos, antes que entregarse: y hubo rebelde, que ganando el tercio del
fusil al soldado que lo perseguia, forcejeo atrevidamente con intencion
de despenarle, y lo hubiera conseguido por lo escarpado del terreno, si
no lo socorriese prontamente un companero suyo. De este modo siguieron
la defensa, hasta que murieron todos los que tuvieron la temeridad de
emprenderla: cuyo hecho se hara muy dudoso, a cuantos por las distancia
o por el equivocado concepto en que habian tenido hasta ahora a los
indios del Peru, no puedan hacer un cabal juicio del valor con que
despreciaron sus vidas, por sostener tan terrible sedicion.
Se iba ya acercando el ejercito a las inmediaciones de la villa de Puno,
y para tener noticias positivas de su situacion, determino el Comandante
General despachar un propio a D. Joaquin Antonio de Orellana, que
mandaba en ella, y entre otras prevenciones, le decia, iba a toda
diligencia a socorrerle con fuerzas poderosas, y que le adelantase las
noticias del estado en que se hallaba el pueblo de Juliaca. Pero en
seguida de la marcha entro en el, y no hallo la respuesta, que no
recibio hasta por la noche, cuando estaba ya acampado a seis leguas de
distancia; donde llego un oficial de la guarnicion de aquella villa, con
la respuesta de su comandante, en que participaba hallarse sitiado
todavia por 12,000 indios, que seguian las banderas de Tupac-Catari,
quienes los combatian con el mayor teson, y que sus tropas se hallaban
cansadas por los repetidos asaltos que habian sufrido y rechazado. Que
habia temido por instantes perecer con todos sus soldados y vecinos, a
manos de los sitiadores, porque habian hecho empeno de rendirlos por la
fuerza o por el hambre: pero que habian cobrado nuevo aliento, y tenido
el mayor consuelo con la noticia de la proximidad de las tropas del Rey;
manifestandolo desde luego con la demostracion de dar las debidas
gracias al Todo Poderoso, por una felicidad que no esperaban,
anunciandola a los rebeldes con un repique de campanas y repetidas
salvas de la artilleria y luminarias. Pero que estos, lejos de sentir
aquel accidente, impuestos de la novedad por un indio desertor, habian
hecho iguales demostraciones de jubilo, con sus cajas, bocinas y
repetidas algazaras, voceando a los sitiados, que el ejercito del Rey
que acababa de llegar, y venia mandado por el Visitador General de estos
reinos, D. Jose Antonio Areche, iba en su favor a castigarlos, por los
muchos indios que habian muerto, y que luego verificarian que Jose
Gabriel Tupac-Amaru habia procedido en virtud de orden de S.M., cuyas
espresiones eran solo el efecto de la sagaz politica con que el caudillo
Tupac-Catari y sus capitanes los tenian seducidos y enganados.
Hizo animo el General de pasar aquella noche dos leguas de Puno, con el
fin de presentarse a su vista al siguiente dia muy temprano, y tener el
tiempo suficiente para la operacion que conviniese practicar, y tomar
las disposiciones que fuesen necesarias: pero a las dos de la tarde tuvo
aviso que los rebeldes la habian asaltado de nuevo, con intento de pasar
a cuchillo a todos sus defensores, antes que recibiese el socorro que
esperaba. Acelerose la marcha, y a las 4 de la tarde se hallo el
ejercito en frente de la villa, y vio el General acreditado cuanto le
habian informado. Con la presencia de las tropas del Rey suspendieron
los enemigos al momento la accion, retirandose a un monte inmediato,
bastante elevado, y el ejercito campo en su falda por ser ya tarde, y
hallarse los soldados muy fatigados de la marcha, con resolucion de
atacarlos la manana siguiente: a cuyo fin se le previno a Orellana, que
en el momento que observase empezaba el ataque, hiciese una salida con
la guarnicion, para cortarles la retirada. Cuando se estaban tomando
todas las disposiciones para verificarlo, llego al campamento el
corregidor Orellana, acompanado de muchos oficiales, y llenos de gozo
refirieron, que los rebeldes habian desamparado aquella noche su
situacion, y que segun se reconocia, se habian dividido en varios
trozos, siguiendo cada uno distinta direccion.
Manifestaron con las mayores demostraciones de alegria su
agradecimiento, y aseguraron se habrian retirado y abandonado el pueblo,
si el corregidor de Arequipa, Baltasar Semanat, les hubiese dado el
auxilio que le habian pedido, para conseguirlo sin el riesgo de ser
interceptados. Se presento tambien el presbitero D. Casimiro Rios,
natural de Puno, que fue preso por los rebeldes en el camino de
Arequipa, aprovechando para su fuga la precipitacion con que los
sediciosos se habian retirado. Este informo, que mandaba el ejercito de
los rebeldes un indio llamado Andres Guara, como general de Catari,
quien para persuadir a sus subditos que su fuga no dimanaba de la
presencia de las tropas espanolas, les hizo creer levantaba el campo por
hallarse muy enfermo, con el fin de irse a curar a su patria.
De este modo se libertaron los constantes vecinos defensores de la villa
de Puno, que por tanto tiempo habian sufrido un obstinado sitio,
rechazando los ataques de los rebeldes de ambos partidos; esto es, de
los que hostilizaban por la parte de Chucuito, que obedecian a Julian
Apasa, apellidado Tupac-Catari, bajo el titulo de virey de Tupac-Amaru;
y por la otra de los esfuerzos de los indios de las provincias de
Azangaro, Lampa y Carabaya, que bajo las ordenes de diferentes
caudillos, y aun de las de Diego Cristoval Tupac-Amaru, procuraron con
la mal obstinada constancia rendir aquella villa y sacrificar a su furor
las vidas de todos sus habitantes, a cuyo empeno les estimulaba la
consideracion, de que quitada esta barrera, quedaban enteramente a su
disposicion todos aquellos dilatados dominios, y que en ellos no estaba
ya por el Rey otra ciudad que la de la Paz, que consideraban tambien en
sus manos, siempre que pudiesen reunir las fuerzas y dedicarse a su
espugnacion con empeno, como lo habian ya principiado: graduando aquella
empresa, la unica que les faltaba para afianzar su tirano dominio en
todas las provincias de la Sierra, como se vera mas adelante, porque
ahora se hace preciso retroceder algunos pasos para tomar desde su
origen el sitio de Puno, y los motivos que obligaron a su corregidor, D.
Antonio de Orellana, a formar el proyecto de resistir a los rebeldes en
aquel pequeno recinto: resolucion que justamente merece se traslade a la
posteridad, a fin que la constancia, fidelidad y espiritu de este
vasallo, y de los demas que le acompanaron, sirvan de estimulo para
imitar una accion que es tanto mas admirable, cuanto en el no concurrian
ni el menor conocimiento, ni los principios del arte de la guerra.
Divulgado el atroz atentado cometido por Jose Gabriel Tupac-Amaru con su
corregidor, D. Antonio Arriaga, que las provincias de Cailloma y
Chumbilvicas desde luego le habian prestado la obediencia, y que
intentaba apoderarse de las otras, el de la de Lampa, D. Vicente Ore,
deseoso de ahogar en sus principios el violento incendio de rebelion que
comenzaba a experimentarse, como mas cercano a la de Tinta, libro los
correspondientes exhortos a los corregidores de Azangaro, Carabaya,
Puno, Chucuito, Arequipa y la Paz, para que le socorriesen, con el
intento de hacer todos los esfuerzos que le fuesen posibles, y
desvanecer las ideas del rebelde. Reunidas, pues, la fuerzas en la
capital de Lampa, y nombrado por comandante de todas ellas D. Francisco
Davila, oficial que habia sido de marina, se delibero que D. Antonio de
Orellana marchase con su gente al pueblo de Ayabiri, para reforzar aquel
importante puesto que se reputaba como frontera: pero a las dos jornadas
recibio orden de retroceder, juntamente con 100 hombres mas que conducia
a sus ordenes, como efectivamente lo verifico, restituyendose otra vez a
Lampa. Al propio tiempo se libro la misma providencia al Coronel de
milicias de Azangaro, y al Teniente Coronel de las de Lampa, que le
ocupaban con algunas tropas de sus respectivas provincias: pero estos
representaron, exponiendo algunas consideraciones que acreditaban su
dictamen de mantenerse en el. Sin embargo de lo expuesto por aquellos
oficiales, comprendiendo que era absolutamente necesario reunir las
fuerzas en un punto para obrar de concierto, y con el debido
conocimiento de ellas, se les repitio la orden para que sin perdida de
tiempo practicasen lo que anteriormente se les habia mandado pero cuando
la recibieron estaba ya tan cerca el enemigo, que no pudieron verificar
su retirada sin confusion, cayendo muchos en manos del rebelde, y
juntandosele otros, ya fuese con la vil idea de seguir sus infames
banderan, o por asegurar sus maximas, fiados en las ofertas que habia
publicado.
Este suceso consterno no poco los animos, y se determino juntar un
consejo de guerra, para resolver lo que se habia de egecutar, atendida
la situacion en que se hallaban, y las ventajas conseguidas por el
rebelde en Sangarara y otros parajes, y a que tambien habian caido en
sus manos en Ayabiri, la mayor parle de la polvora y balas que se habian
acopiado para la defensa. El Coronel y Teniente Coronel del regimiento
de las milicias de caballeria de Lampa hicieron tambien presente en
aquella ocasion, que sus milicianos eran igualmente sospechosos, por el
efecto que habia causado en sus corazones el artificioso atractivo de
las promesas del usurpador; y atendidas todas estas circunstancias, se
tomo el partido de retirarse al pueblo de Cavanillas lo que tampoco se
practico, a causa que las referidas milicias no quisieron reunirse, ya
fuese por los motivos espresados, o porque, poseidas del temor,
repugnaron obedecer aquella disposicion, y solo la pusieron en practica
las de Paucarcolla y Chucuito, dirigidas por sus corregidores, Orellana
y Moya, que llegaron con los de Lampa, Azangaro y Carabaya al pueblo
indicado, desde donde salieron los tres ultimos para la ciudad de
Arequipa, en solicitud del auxilio que de antemano habia pedido Ore, y
los dos primeros volvieron a ocupar sus respectivas provincias, con las
tropas milicianas de ellas, donde permanecieron algun tiempo con la
resolucion de defenderse: pero sabiendo que Tupac-Amaru se hallaba en la
capital de Lampa, receloso el de Chucuito de los movimientos de sus
provincianos, que estaban ya muy inquietos, se retiro a Arequipa, y aun
Orellana. Hostigado de los clamores de los vecinos, que deseaban poner a
salvo sus vidas y haciendas, se vio precisado a buscar un seguro asilo,
a 12 leguas de distancia de aquella villa, y esperar con menos
sobresalto el socorro que tenia pedido, acompanado solamente de los
pocos que estuvieron enteramente determinados a seguirle, quitando por
este medio la ocasion de que aquellas provincias intentasen tal vez
redimir sus intereses del indulto que recelaban, con el atentado de
arrestar su persona, para entregarla despues al caudillo de la rebelion,
como lo solicitaba.
Verifico su determinacion el 11 de Diciembre de 1780, despues de haberse
divulgado por cierto, que Jose Gabriel habia pasado por Lampa, y que con
su ejercito se encaminaba a largas jornadas hacia Puno. Mando antes de
ponerla en practica, juntar todos los vecinos que se quedaban, y
animando sus espresiones cuanto pudo, les exhorto con viveza a que
conservasen la mayor fidelidad a nuestro legitimo Soberano, y que se
precaviesen de la sedicion y enganos del tirano: y dejando asegurada las
pocas armas que tenia, para que no se apoderase de ellas el enemigo,
marcho sin perdida de tiempo hacia la Sierra, donde se mantuvo, hasta
que adquirio noticia, de que despues de cometidos muchos estragos e
infamias en la provida de Lampa, y dejado secretamente la orden a sus
propios provincianos, para que lo prendiesen y se lo entregasen, habia
retrocedido inopinadamente hacia las provincias del vireinato de Lima,
con las tropas que le seguian, reflexionando serian otros graves y
semejantes motivos, los que retardaban el socorro que habia pedido a los
corregidores de la Paz y Arequipa: y para restablecer en la debida
obediencia las nueve provincias que habian abrazado el infame partido
del rebelde, determino pasar en persona a Arequipa, para acalorar las
instancias, a fin de que se le auxiliase como lo habia pedido.
Las ordenes superiores de los gefes de aquel vireinato, cuya atencion
llamaban las operaciones y aprestos que se prevenian en el Cuzco,
frustraron la solicitud de Orellana, y D. Baltazar Semanat, corregidor
de Arequipa, se nego enteramente a sus instancias y pretensiones. Estas
dificultades y embarazos encendieron el corazon de Orellana, y resuelto
a seguir la propia suerte que tuviesen los moradores de la villa de
Pune, volvio a ella lleno de constancia, decidido a defenderla hasta el
ultimo termino. Llego el 1. deg. de Enero de 1781, siendo el primer
corregidor que se restituyo a su provincia, despues de haberla
desamparado, y sin perdida de tiempo, hecho cargo que las demas estaban
acefalas, advirtio algunas providencias que le parecieron oportunas para
la defensa y conservacion de sus subditos, y de si mismo. Se aplico
desde luego a disciplinar sus milicias, adiestrandolas en el manejo de
las armas de fuego, pensando por entonces unicamente en sostenerse,
hasta que pudiese verificar su reunion con el Comandante de la Paz, que
debia salir a la cabeza de un cuerpo de tropas, para penetrar en
aquellas provincias, y sosegarlas.