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El paraiso de las mujeres - Vicente Blasco Ibanez

V >> Vicente Blasco Ibanez >> El paraiso de las mujeres

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Deseoso de verle, empezo a gritar lo mismo que en la manana, seguro de
que el traductor vendria en su auxilio.

--iProfesor Flimnap!... iQue busquen al profesor Flimnap!

Los numerosos pigmeos se miraron inquietos al oir este trueno que hacia
temblar el techo, profiriendo palabras incomprensibles. Al fin, por uno
de los cuatro escotillones que daban salida a los caminos en rampa
arrollados en torno a las patas de la mesa, vio aparecer al mismo
hombrecillo que le habia hablado horas antes.

Llegaba con el rostro oculto por sus tocas, y sin esperar a que
Gillespie le preguntase, explico a gritos la larga ausencia de Flimnap.
Este habia tenido que salir en las primeras horas de la manana para la
antigua capital de Blefuscu, pero volveria al dia siguiente. Con las
maquinas voladoras era facil dicho viaje, que en otras epocas exigia
mucho tiempo. El gobierno municipal de la citada ciudad le habia llamado
urgentemente para que diese una conferencia sobre el Hombre-Montana,
explicando sus costumbres y sus ideas.

--Esta conferencia--termino diciendo el pigmeo--se la pagan
esplendidamente, y como el doctor es pobre, no ha creido sensato
rechazar la invitacion. Parece que en otras ciudades importantes desean
oirle tambien, y le retribuiran con no menos generosidad. Celebro que el
ilustre profesor gane con esto mas dinero que con sus libros. iEs tan
bueno y merece tanto que la fortuna le proteja!...

Pero Gillespie no sentia en este momento ningun interes por su primitivo
traductor. Lo que le preocupaba era enterarse de la verdadera
personalidad del hombrecillo que tenia ante el.

Como si adivinase sus deseos, aparto el joven los velos que le cubrian
el rostro, y Gillespie se llevo inmediatamente a un ojo la lente
regalada por Flimnap.

Pudo ver entonces con dimensiones agrandadas, casi del tamano de un
hombre de su especie, a este pigmeo tan interesante para el. Era,
efectivamente, un Edwin Gillespie igual al que meses antes vivia en
California, pero grotescamente disfrazado con vestiduras femeniles. El
gigante, despues de contemplar tan maravillosa semejanza, dejo sobre su
mesa la gran rodaja de cristal y puso un gesto severo, como si
pretendiese intimidar al hombrecillo.

--?Se ha fijado usted--le dijo--en la semejanza que existe entre
nosotros dos?

--Si, gentleman; al principio fue para mi un presentimiento mas que una
realidad. Las facciones de usted resultan tan enormes para nuestra
vista, que la tal semejanza parecia diluirse en el espacio, y mis ojos
no llegaban a abarcarla. Pero el doctor Flimnap tuvo la atencion de
prestarme una manana la lente que usa, y pude apreciar el rostro de
usted como si fuese el de un hombre de mi especie. Le confieso que
nuestro parecido me causo un asombro igual al que usted muestra ahora.

Gillespie, que despues de su primera extraneza empezaba a sentirse algo
ofendido por el hecho de que este animalejo humano se atreviese a
parecerse a el, dijo con brusquedad:

--?Quien es usted?... ?Como se llama?...

--Mi nombre es Ra-Ra, y en cuanto a familia, tuve una en otro tiempo y
fue de las mas ilustres de este pais; pero ahora me conviene no
acordarme de ella.

Hubo tal expresion de melancolia en la voz del pigmeo al decir esto, que
Gillespie no se atrevio a insistir acerca de su familia, y dio otro
curso a su curiosidad.

--?Como sabe usted el ingles? ?Se lo ha ensenado el profesor Flimnap?

--No; me lo enseno mi madre, que lo hablaba tan bien como el doctor. En
mi familia era tradicional el conocimiento de esta lengua. El profesor
Flimnap se interesa por mi porque conocio a mi madre y a otros de mi
casa. Pero como el hecho de haber sido amigo de los mios casi representa
un delito, el doctor me protege ocultamente y nunca habla de mis padres.

Callo un instante, como si las tristezas de su vida anterior le
impusieran silencio. Pero vio tal curiosidad en las pupilas del coloso,
que al fin siguio hablando.

--Yo vivia oculto: mi existencia era azarosa; de un momento a otro iba a
caer en manos de los enemigos implacables de mi familia, y en tal
situacion llego usted a este pais. El profesor Flimnap se ha convertido,
desde entonces, en un personaje que puede emplear a mucha gente en el
servicio del Gentleman-Montana, y me llamo, dandome la direccion de los
hombres encargados del lecho y la despensa de usted. En este edificio,
que solo depende del profesor y del Comite presidido por el, me
considero mas seguro que si viviese en el Paraiso de las Mujeres.

Gillespie seguia mostrando la misma curiosidad en sus ojos, pues las
palabras del pigmeo no llegaban a satisfacerla.

--?Y por que lo persiguen a usted?--pregunto--. ?Quienes son sus
enemigos?

--Ya le he dicho que me llamo Ra-Ra, pero este nombre significa muy poco
para el que no conozca la historia de nuestro pais. El generalisimo
Ra-Ra fue el mas importante de los caudillos del emperador Eulame. A el
debio este sus mayores victorias. El generalisimo Ra-Ra fue mi abuelo.
Cuando las mujeres hicieron lo que ellas llaman la Verdadera Revolucion,
mi glorioso ascendiente, a pesar da su vejez y de su historia heroica,
fue desterrado a una isla desierta, cerca de la gran barrera de rocas y
espumas, creada por los dioses, que nadie se atreve a pasar. Alli murio
al poco tiempo.

Mi padre, que tambien era general, anduvo vagabundo por toda la
Republica, ocultando su nombre y dedicandose a los mas bajos oficios
para poder vivir. En esa epoca de miseria, la madre del profesor Flimnap
y el mismo profesor, que solo tiene diez anos mas que yo, protegieron a
mi madre. Abreviare el relato de nuestras desventuras. Mi padre murio,
mi madre murio tambien poco despues, y yo, gracias al profesor, consegui
que no me dedicasen a los trabajos forzosos, como tantos otros
desdichados de mi sexo.

No quise ser una maquina de musculos, pero tampoco me plegue a lo que
exigia de mi el nuevo regimen para convertirme mas adelante en la esposa
masculina de cualquiera de las mujeres triunfadoras. Flimnap me llevo a
vivir con el por algun tiempo, asegurando que yo era sobrino suyo.
iOjala no hubiese entrado nunca en la Universidad Central!... Hice alli
amistades que solo han servido para complicar mi vida, dandola mayor
tristeza.... Pero no; me arrepiento de lo que acabo de decir. La unica
satisfaccion de mi existencia, la sola razon de que aun siga viviendo,
proceden de una amistad que contraje durante mi epoca universitaria.

Luego mi conducta causo muchos disgustos al bondadoso Flimnap, y me
obligo a huir de su lado. Yo sabia lo que un hombre no debe saber en
este pais. Conozco cosas que el gobierno de las mujeres necesita
mantener secretas y que representan un peligro de muerte para aquel que
las aprende.

Callo Ra-Ra, como si le turbasen los pavorosos recuerdos de su vida de
perseguido; pero el gigante tenia los ojos fijos en el, animandole a que
continuase su historia.

--Con usted, gentleman, me atrevo a hablar de lo que no hablaria con
ninguno de mi especie. Este parecido inexplicable que nos une, a mi tan
pequeno y a usted tan enorme y poderoso, me inspira confianza. Ademas,
?que interes puede tener usted en perderme? Los dos pertenecemos al
mismo sexo; usted es hombre, y no creo que encuentre muy aceptable el
gobierno de las mujeres.

Ya conocera usted mas adelante lo que es ese gobierno. Todas ellas aman
lo nuevo, y como la llegada de usted esta reciente, encuentran todavia
cierto interes a su persona. Pero cuando transcurra algun tiempo, iquien
sabe si su suerte sera peor que la mia!...

A pesar de todo lo que le cuente el bondadoso y entusiasta Flimnap, este
gobierno se muestra cruel con frecuencia, y el pueblo femenil es mas
inconstante que el de los hombres en sus entusiasmos y sus adoraciones.
Yo soy de los pocos que conocen la verdad, y por lo mismo veo la tirania
femenina tal como es.

Se interrumpio un momento para mirar con inquietud en torno de el. No
vio a nadie en la vasta planicie da la mesa; pero, a pesar de esto, le
molestaba tener que expresarse a gritos para que le entendiese el
gigante.

Ninguno de la servidumbre hablaba ingles, pero temio que anduviese por
debajo de la mesa algun universitario vagamente conocedor del idioma y
se apresurase a llevar una delacion al Comite encargado de suprimir
todos los recuerdos del viejo regimen.

El gigante, para tranquilizarle, lo tomo de nuevo sobre la palma de una
mano, subiendolo hasta la altura de sus ojos. Alli, Ra-Ra, a caballo en
un dedo y con las piernas colgantes, pudo continuar su relato.

--Yo supe la verdad sobre los tiempos anteriores al gobierno de las
mujeres por los documentos de mi familia. Mi padre dejo a mi madre un
cuaderno en el que habia descrito como era la vida antes de lo que
llaman la Verdadera Revolucion, y como el mundo, gobernado por los
hombres, resultaba mejor y mas noble que el mundo actual.

El cuaderno estaba redactado en ingles, que era la lengua sabia en los
tiempos de Eulame, la que empleaban sus generales para los estudios
secretos, la que mi abuelo habia ensenado a mi padre y este y mi madre
me ensenaron a mi. Gracias a estar escrito en un idioma sagrado no
pudieron enterarse de su contenido las gentes ordinarias entre las
cuales paso mi padre sus ultimos anos.

Mi madre nunca quiso dejarmelo leer. La pobre adivinaba que su lectura
acabaria con mi tranquilidad, haciendome infeliz por todo el resto de
mis anos. Al morir ella lo recogi como unica herencia, y sin saber por
que, a impulsos de un confuso instinto, no quise ensenarselo al profesor
Flimnap.

Recuerdo aun las impresiones que experimente cuando, viviendo al lado
del doctor, lei por primera vez sus paginas. La verdad me deslumbro: un
mundo nuevo fue abriendose ante mis ojos. Era mentira que las mujeres
hubiesen gobernado siempre el mundo; su triunfo databa de algunos anos
nada mas. En cambio, ique historia tan enorme y tan gloriosa la de la
dominacion masculina!...

A partir de aquel momento mostre la terrible franqueza de los neofitos.
Como poseia la verdad, consideraba necesario proclamarla a gritos, y
basto que un dia, conversando con varios estudiantes hembras, dijera
solamente una pequena parte de lo que yo sabia, para que cayese sobre mi
una serie de persecuciones que aun no ha terminado.

Momaren, el Padre de los Maestros, hablo indudablemente del nieto de
Ra-Ra al _Comite de supresion del antiguo regimen._ Es un Consejo
secreto, que desde los tiempos de mi padre persigue todo aquello que
puede hacer recordar las epocas pasadas, anulandolo con una crueldad
fria o implacable.

Tuve que huir, y he llevado hasta el presente una existencia vagabunda y
aventurera. De vez en cuando la bondad de Flimnap me ha protegido. En
los ultimos dias mi situacion era angustiosa. El temible Consejo habia
averiguado por sus espias que yo estaba de vuelta en Mildendo, o sea lo
que llaman las triunfadoras Ciudad-Paraiso de las Mujeres. Varias veces
estuve a punto de caer en manos de sus agentes. Si esto ocurre alguna
vez, me llevaran a morir en un islote inmediato a la gran barrera, como
murio mi abuelo. Pero la intervencion de Flimnap sirvio, como ya dije,
para que yo encontrase un refugio aqui, donde me considero casi seguro.

Tal vez se preguntara usted, gentleman, por que razon vuelvo a la
capital y me empeno en vivir en ella, estando aqui el terrible Consejo
que me persigue. Nuestra vida nunca es rectilinea ni la gobierna la
logica. En el pais de los Hombres Montanas es posible que ocurra lo
mismo. Los hombres tenemos un corazon que es a la vez el origen de
nuestras desdichas y de nuestras felicidades. No podemos existir sin la
mujer, y vamos alla donde ella vive, aunque esto equivalga a marchar al
encuentro del peligro.

Gillespie miro con nuevo interes al pigmeo. iQuien podia sospechar que
este animalejo tuviese unos sentimientos iguales a los suyos!... Le
parecio verse a si mismo cuando se lamentaba a solas en Los Angeles,
despues de la desaparicion de miss Margaret.

La melancolia de Ra-Ra se transmitio a el. La imagen de su novia
americana paso por su recuerdo con tal intensidad, que hasta creyo verla
corporalmente, aspirando su perfume. Pero a continuacion cayo en una
tristeza desesperada al contemplarse en este pais inverosimil, sometido
a una esclavitud ridicula, sujeto a los caprichos de una humanidad
inferior.

Le temblo la mano a causa de tales emociones, y Ra-Ra tuvo que apretar
sus piernas sobre el dedo que le servia de asiento y agarrarse a el para
no caer.

Como Gillespie deseaba olvidar su propia situacion, siguio haciendo
preguntas para conocer toda la historia del pigmeo.

--?Y como ha podido usted seguir vagando por esta tierra sin caer en
manos de sus enemigos?... ?Como logro mantenerse sin trabajar?

Ra-Ra, a pesar de la altura inaccesible en que se hallaba, bajo aun mas
la voz para decir misteriosamente:

--No soy yo el unico que en este pais conoce la verdad. Flimnap le conto
el otro dia, segun creo, que los hombres ya no se muestran tan cobardes
como al principio de la dominacion femenina. Se sublevan contra el
despotismo de las mujeres; quieren una existencia propia; desean "vivir
su vida", como dicen los muchachos mas rebeldes. Hasta hace poco tiempo
esto era un simple anhelo de emancipacion, indeterminado y declamatorio,
que unicamente producia conflictos dentro de las familias. Los
periodicos lo llaman el "varonismo", riendose de el.

Pero yo, en los ultimos anos, he ido de ciudad en ciudad visitando los
clubs de hombres y otras asociaciones secretas del "partido masculista".
En mis conferencias les he hecho conocer el cuaderno que dejo mi padre.
Reproducido por prensas clandestinas circula hoy ocultamente, y es leido
como el libro sagrado del porvenir.

Miles y miles de hombres entusiastas, entre los cuales hay muchos que
son esposas e hijas de altos funcionarios, se han encargado de
mantenerme y ocultarme en mis excursiones de propaganda. Mi deber me
ordena continuar estos viajes, pero los hombres nos dejamos esclavizar
por el amor mucho mas que las hembras, le concedemos mayor importancia,
y yo hago traicion a mi causa para vivir en esta capital, completamente
inactivo durante algunas semanas, con la esperanza de poder hablar a una
mujer.

Como si necesitase buscar una excusa a sus actos, Ra-Ra anadio:

--Pero aunque yo permanezca sin hacer nada, no por esto descansan mis
companeros. Hay entre nosotros hombres de ciencia que se dedican a
peligrosos estudios; jovenes abnegados que visitan los barrios populares
para hablar a los embrutecidos siervos que ayudan con sus musculos a
esta sociedad y conseguir que despierte en sus confusas inteligencias el
orgullo del sexo. Contamos, ademas, con varones respetables y de gran
talento que organizan silenciosamente las fuerzas de una rebelion
futura.

Gillespie quedo asombrado por estas revelaciones.

--Comprendo, amigo Ra-Ra, que le busquen con tanto ahinco las senoras
del Consejo secreto. Resulta usted mas terrible de lo que parece con su
tunica y sus velos de mujer. Ya le veo siendo llevado a morir en un
penon, sin agua y sin comida, cerca de la gran barrera de los dioses, si
es que yo no le oculto antes en uno de mis bolsillos. Pero ?por que se
muestran ustedes tan adversarios del gobierno femenil?... Segun dice el
profesor Flimnap, ya no hay guerras ni puede haberlas; las mujeres
administran la fortuna publica con economia; no se nota la miseria ni la
mortalidad de otros tiempos; tampoco hay gobernantes ladrones. ?Que mas
pueden desear los hombres?...

Ra-Ra, cediendo a sus habitos de propagandista, se puso de pie sobre la
mano del gigante para hablar con un ardor de tribuno.

--Queremos la libertad; queremos una vida interesante; la embriaguez del
peligro; en una palabra, la gloria.

Deseo ser justo con mis enemigos y reconozco como verdad todo lo dicho
por el profesor. Las mujeres administran bien, su gobierno es el de una
buena duena de casa que toma con exactitud la cuenta a su cocinera. Las
gentes tal vez comen mejor y viven mas tranquilas que en otras epocas;
ya no hay guerras.... Estamos de acuerdo.

Pero el mundo se aburre de un modo mortal. No ocurre nada, nadie suena,
nadie aspira a cosas imposibles, nadie comete imprudencias. La vida se
extiende ante los ojos como un inmenso campo de plantas alimenticias, en
el que no hay una flor que resulte inutil ni un pajaro que deje de ser
comestible.

Nosotros queremos que el mundo vuelva a su antigua existencia. La vida
es monotona sin aventuras, sin heroes, y no vale la pena de ser vivida
si le falta el condimento del peligro. La amenaza de una muerte
inmediata da mayor sabor a los deleites presentes. Queremos la guerra,
con sus acciones esforzadas y sus abnegaciones sublimes entre companeros
de armas; queremos la resurreccion de las virtudes grandiosas y crueles
que forman el heroismo.

Usted debe reconocer como yo, gentleman, que unicamente las mujeres
pueden aceptar esta vida de ave de corral, en la que el deseo de vivir
en paz ahoga todo sentimiento noble y elevado, en la que los cacareos
domesticos constituyen la funcion intelectual de la mayoria. No;
nosotros deseamos conocer, como los hombres de otros tiempos, el vino y
la guerra, los dos placeres divinos de los humanos; queremos vivir en un
minuto todo un siglo de angustias y de orgullos.

?Quien puede conformarse con esta sociedad que todos los dias vive del
mismo modo y al que tiene sed le ofrece agua o leche?... Venga a
nosotros el alcohol, que hace sonar cosas grandes y es padre del
heroismo. Venga a nosotros la guerra, madre de las esforzadas
acciones....

En cuanto a mi, gentleman, lo que deseo con mas vehemencia es poder
meterle por la cabeza a Momaren, Padre de los Maestros, esta tunica y
estos velos que ahora me cubren, arrebatandole a el para siempre los
pantalones.




VIII

En el que el Padre de los Maestros visita al Hombre-Montana


Cuando el profesor Flimnap regreso de su viaje a la antigua capital de
Blefuscu, fue sin perdida de tiempo a visitar al gigante para darle
excusas por su ausencia.

Vivia en perpetuo asombro a causa de la enorme gloria que habia caido
sobre el, con acompanamiento de ganancias no presentidas ni aun en sus
momentos de mayor ilusion. De todas las grandes ciudades le llegaban
proposiciones para que fuese a relatar ante auditorios de muchos miles
de personas sus platicas con el Hombre-Montana y lo que habia podido
averiguar acerca de las costumbres del remoto pais de los gigantes.

Los libreros, que nunca habian querido vender sus pesados volumenes
sobre problemas filologicos e historicos, le pedian ahora que los
enviase en grandes fardos, aprovechando la primera maquina voladora que
saliese para el lugar de su establecimiento.

Hasta los mas grandes diarios, siempre ignorantes de la existencia de
Flimnap, pues se abstenian sistematicamente de publicar su nombre, le
solicitaban ahora como colaborador, dejando a su arbitrio el fijar la
retribucion por sus escritos.

--Todo esto lo debo a usted, gentleman--decia con entusiasmo, mirandole
a traves de su lente--.iSi hubiese visto anoche con que interes
escucharon la descripcion que hice de su persona mas de veinte mil
mujeres!...

Y para que olvidase su abandono del dia anterior iba describiendole el
aspecto del enorme publico y las salvas de aplausos con que fueron
acogidos sus periodos mas elocuentes.

--Gracias a usted--continuaba--soy celebre y tal vez sea rico. iQuien
sabe si usted se enriquecera tambien, como nunca lo hubiese conseguido
alla en su pais!

El buen profesor sentia despierta ahora su ambicion, viendolo todo con
proporciones exageradas. Una mujer de negocios de la capital le habia
hablado aquella manana de una empresa de ganancias fabulosas. Si el
Consejo Ejecutivo dejaba en libertad por algunos meses al
Hombre-Montana, esta y el profesor podian realizar una excursion por
toda la Republica dando conferencias. Flimnap haria un relato de cuanto
supiera sobre el pasado y las costumbres de su gigantesco amigo, y este
se mantendria a su lado para contestar con reverencias a las
aclamaciones de la muchedumbre. La financiera prometia una verdadera
fortuna para los dos como resultado del viaje.

Estaba tan seguro el profesor de una ganancia pronta y considerable, que
hasta habia encargado para el una maquina terrestre en forma de lechuza,
aunque mas pequena que la que le presto en diversas ocasiones el Padre
de los Maestros.

A la manana siguiente de su vuelta de la antigua capital de Blefuscu se
presento con un nuevo regalo para el coloso. Su amigo el profesor de
Fisica, que apenas si se acordaba ya del accidente maternal de pocos
dias antes, le habia fabricado un aparato para que Gillespie pudiese
escuchar considerablemente agrandados los ruidos que resultan ordinarios
en la vida de los pigmeos.

Era un cilindro de cristal no mas grande que una una del Hombre-Montana.
Al penetrar en la oreja aumentaba considerablemente su capacidad
auditiva, haciendo oir la voz de los hombrecillos aunque estos hablasen
quedamente.

Apenas lo puso Gillespie en el pabellon de uno de sus oidos, la Galeria,
que ordinariamente estaba en silencio para el, se poblo de murmullos y
gritos. Ya no vio agitarse a los pigmeos en torno de sus extremidades,
como si fuesen mudos y solo hablasen por senas; hasta de los terminos
mas apartados del edificio le llegaron olas rumorosas semejantes a los
murmullos que agitan los bosques, distinguiendo en ellas las palabras
ininteligibles que proferia su numerosa servidumbre.

--De este modo, gentleman--dijo el profesor--, podre conversar con usted
sin tener que levantar mucho la voz, lo mismo que si hablase con un ser
de mi especie. A veces siento el deseo de comunicarle cosas muy
importantes para mi, cosas intimas, cosas tiernas de la amistad, y no me
atrevo. ?Quien sabe si algun universitario conocedor de nuestro idioma
vaga por debajo de la mesa y puede oirnos?... Ahora, como podre hablar
en voz discreta, tal vez me atreva a decir lo que pienso con algo mas de
libertad.

El profesor dijo las ultimas palabras mostrando una timidez de muchacha,
lo que dio a su respetable persona cierto aspecto grotesco. Pero tuvo
que abandonar pronto esta actitud para ocuparse de un asunto mas
importante que motivaba su visita matinal. Si lo habia olvidado al
principio, era a causa de la emocion que sentia siempre al hablar a
solas con el gigante.

--Gentleman--dijo--, tengo que darle una buena noticia. El Padre de los
Maestros, que rara vez se digna visitar a los personajes mas importantes
de nuestra Republica, vendra esta tarde a verle. No habla bien nuestro
idioma y lo lee tambien con cierta vacilacion; pero yo estare presente
para servir de traductor entre los dos. Quiso en el primer momento que
la entrevista fuese en la Universidad, y para ello habria tenido usted
que entrar en el edificio pasando una pierna por encima de los tejados,
y despues la segunda pierna, hasta quedar de pie en el patio central.
Pero el arquitecto universitario se ha opuesto, temiendo por la
integridad de los techos, que son algo viejos. Seguramente se habria
llevado usted con sus rodillas algunos aleros, y en este momento la
Universidad no esta para nuevos gastos. Como Momaren es amigo del
gobierno, el implacable Gurdilo se opone en el Senado a todo proyecto de
aumento de nuestra subvencion. Ademas, yo he demostrado al Padre de los
Maestros que es mucho mas comodo subir en su litera hasta lo alto de
esta mesa, donde podra conversar con el Gentleman-Montana horas enteras.
Tambien resulta mejor para usted que obligarle a permanecer encogido en
un patio, sin atreverse a hacer el mas leve movimiento por miedo a
irrogar perjuicios costosos.

Gillespie acepto con gusto la visita. Habia oido hablar tantas veces a
su traductor de la influencia omnipotente del Padre de los Maestros y de
su inmensa sabiduria, que considero interesante conocer a tan alto
personaje. Ademas se acordo de Ra-Ra y del odio concentrado y misterioso
que mostraba contra el ilustre Momaren.

--Debe usted no olvidar--continuo Flimnap--que nuestro jefe es un gran
poeta, el segundo poeta nacional, el que figura despues de Golbasto,
aunque este versificador sublime, cuando sufre algun apuro pecuniario o
desea un empleo para alguna amiga suya, no tiene inconveniente en
declarar a gritos que Momaren es mil veces superior. Yo di a leer al
Padre de les Maestros las poesias inglesas que encontre en su cuaderno
de bolsillo. Las traduje a nuestro idioma, y creo que no resultan mal.
Si lo dudase, me hubiese convencido anteanoche de que la traduccion es
buena viendo el entusiasmo con que acogio su lectura el inmenso publico
de mi conferencia.

Ahora, gentleman, en justa reciprocidad, espero que usted se dignara
leer otra traduccion que he hecho de las poesias de mi eminente jefe
pasandolas del idioma nacional al ingles.

En vista de la conformidad del gigante, el catedratico fue hasta el
borde de la mesa dando ordenes a gritos, y los atletas que maniobraban
la grua para subir los alimentos pusieron en actividad otra vez el plato
que servia de ascensor. Una vez llegado este arriba, seis de los hombres
forzudos cargaron con un libro del mismo tamano que el cuaderno empleado
por Gillespie para sus notas.


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