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Publishers Newswire Announced Today its Latest List of Books to Bookmark, for Q4/2008
REDONDO BEACH, Calif. -- Publishers Newswire, an online resource for small publishers, as well as lesser known and first-time book authors, has announced its latest quarterly 'Books to Bookmark' list, for Q4/2008. This list is a round-up of new and interesting books which are often missed due to not originating from big name authors, or major New York book publishing houses.

Book, 'Letters From Heroes', captures triumphs of the men and women who served in World War I and II
GILROY, Calif. -- The hardships, struggles, hopes and triumphs of the men and women who served in World War I and World War II is wonderfully captured in 'Letters From Heroes' (ISBN: 978-1-58909-570-0), by Edward T. Cook, a new book just published by Bookstand Publishing. This poignant collection of real letters from real servicemen allow the reader to see things through the eyes of these soldiers and understand their thoughts about war, training, sickness, the enemy and even their food.

In New Book, Mystery of the 6,000 Year Old Science and Art of Astrology Has Been Solved
SAN FRANCISCO, Calif. -- Author of the new book, ASTROMASKS (ISBN: 978-0-615-23386-4), Vijay Rishii Ph.D., announced today that his book reveals the secret code behind the ancient and controversial science of astrology. The author decodes astrology using a new concept of complementary pairs, and gives new meanings to the zodiac signs and their real connection to humans on earth, which has never been done before in the entire history of astrology.

El paraiso de las mujeres - Vicente Blasco Ibanez

V >> Vicente Blasco Ibanez >> El paraiso de las mujeres

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Ademas, la reunion de esta tarde tenia un alcance politico. El Padre de
los Maestros queria darle cierto sabor de protesta mesurada y grave por
la ofensa que Golbasto se imaginaba haber recibido del gobierno.
Momaren, haciendo este alarde de interes amistoso, se vengaba al mismo
tiempo del joven poeta universitario que habia osado criticarle como
historiador.

Golbasto, que alla donde iba se consideraba el centro de la reunion,
entro en los salones saludando majestuosamente a la concurrencia. Casi
todos los altos profesores de la Universidad habian venido con sus
familias. Las esposas masculinas y los hijos, con blancos velos,
coronados de flores y exhalando perfumes, ocupaban los asientos. Las
mujeres triunfadoras y de aspecto varonil se paseaban por el centro de
los salones o formaban grupos junto a las ventanas.

Los universitarios hablaban de asuntos cientificos; algunos doctores
jovenes discutian, con la tristeza rencorosa que inspira el bien ajeno,
los meritos del camarada que en aquel momento estaba leyendo sus versos
a una muchedumbre inmensa sobre la escalinata del templo de los rayos
negros. Varios oficiales de la Guardia gubernamental y del ejercito
ordinario se paseaban con una mano en la empunadura de la espada y la
otra sosteniendo sobre el redondo muslo su casco deslumbrante.

De los grupos masculinos vestidos con ropas de mujer surgia un continuo
zumbido de murmuraciones y platicas frivolas. Los varones, divididos en
grupos, segun las Facultades a que pertenecian sus maridos hembras,
hablaban mal de los del grupo de enfrente. La esposa de un profesor de
leyes provocaba cierto escandalo. Segun sus piadosos companeros de sexo,
debia andar mas alla de los sesenta anos, y sin embargo tenia el
atrevimiento de rasurarse la cara lo mismo que un muchacho casadero, en
vez de dejarse crecer la barba como toda senora decente que ha dicho
adios a las vanidades mundanas y solo piensa en el gobierno de su casa.

Los jovenes ansiosos de que alguien se fijase en ellos se preguntaban si
habria baile en la tertulia de Momaren. La entrada del poeta nacional
sembro la consternacion entre las senoritas masculinas aspirantes al
matrimonio.

--?Como vamos a bailar si ha llegado Golbasto, el mas acaparador de los
poetas?... Toda la reunion sera para el.

Y las varoniles doncellas se mostraban tristes, resignandose a una larga
inmovilidad en la que solo verian de lejos a los hermosos militares,
mientras aguantaban un chaparron interminable de versos.

Al ver entrar al poeta laureado, corrio inmediatamente a su encuentro el
gran Momaren. Ambos se abrazaron, y algunos aduladores del Padre de los
Maestros sintieron que no estuviesen presentes los fotografos de los
periodicos para retratar el abrazo de los dos genios mas celebres del
pais.

--Gracias, amigo mio--dijo Golbasto--. Jamas olvidare lo que hace usted
por mi en este dia.... Los gobiernos se suceden y caen en el olvido,
mientras que nuestra amistad llenara capitulos enteros de la historia
futura.

Luego el poeta se empequenecio voluntariamente, hasta ocuparse de la
existencia domestica de su amigo.

--?Y Popito?--pregunto.

Momaren hizo un gesto de contrariedad y de tristeza.

--Se ha negado a asistir a nuestra fiesta. Prefiere pasar la tarde en
sus habitaciones de estudiante. Tiene alli una terraza, donde cultiva
flores, cuida pajaros y se entretiene con otras cosas futiles, indignas
de su sexo.

--iQue juventud la que viene detras de nosotros!--exclamo tristemente
Golbasto.

Momaren hizo un gesto igual de melancolia.

--Si no lo hubiese llevado en mis entranas--murmuro--dudaria que fuese
mi hijo.

Despues el gran poeta tuvo que separarse de Momaren para atender a sus
admiradores. Todos protestaban del hecho escandaloso que se estaba
realizando en aquellos momentos sobre las gradas del templo de los rayos
negros.

--iYa no hay categorias, ni respeto ... ni vergueenza! El primer
jovenzuelo se cree un genio. iQue escandalo!

Golbasto movia la cabeza aprobando estas protestas, y los admiradores
insistian en sus lamentos, como si fuera a llegar el fin del mundo
aquella misma tarde.

El solemne Momaren corto a tiempo este concierto de quejas, pues los que
rodeaban al versificador habian agotado ya todas sus palabras de
indignacion y no sabian que anadir.

--Ilustre amigo--dijo el Padre de los Maestros con una voz untuosa--,
las senoras y senoritas aqui presentes me piden que interceda para que
nuestro gran poeta nacional las deleite con algunos de sus versos
inmortales.

Esto era mentira; las senoritas masculinas solo deseaban bailar, y en
cuanto a las matronas barbudas, odiaban los versos, porque su
declamacion las obligaba a permanecer silenciosas, estorbando sus
comentarios y murmuraciones. Pero como todas pertenecian a familias
universitarias dependientes de Momaren, creyeron prudente acoger el
embuste de este con grandes muestras de aprobacion.

--iSi, si!--gritaron--. iQue hable Golbasto!... ique recite versos!

El poeta nacional se inclino como si quisiera empequenecerse delante de
Momaren.

--iRecitar--dijo con enfasis--mis humildes obras, incorrectas y
anticuadas, en la casa donde vive el mas grande de los poetas, al que
reconocere siempre como maestro!...

Y mientras permanecia con el espinazo doblado, y Momaren, rojo de
emocion, miraba a unos y a otros para convencerse de que todos se daban
cuenta de tan enorme homenaje, dos matronas barbudas murmuraron bajo sus
velos:

--De seguro que piensa pedirle algo manana mismo para alguna de sus
amigas.

--Y lo que se lleve lo quitara a nuestros maridos--contesto la otra.

Mientras tanto, Momaren, saliendo de su nimbo de vanidad, decia con
acento conciliador:

--Nada de maestro ... nada de gran poeta. Los dos somos iguales:
companeros y amigos para siempre.

Golbasto palidecio, hasta tomar su cara un tono verdoso. Parecia
dispuesto a protestar de tanta igualdad y tanto companerismo; pero el
recuerdo de muchas cosas que deseaba pedir al Padre de los Maestros
sofoco la protesta instintiva de su vanidad, haciendo que se mostrase
dulce y bondadoso.

--Para que yo recite algo mio, ilustre Momaren, sera preciso que antes
cumpla una obra de justicia y de respeto declamando una poesia de usted.

El universitario acepto con humildad.

--iSi usted se empena!... iEs usted tan bondadoso!...

Sabia Golbasto por experiencia que nada halagaba a este companero como
oir sus versos recitados por su boca. El poeta del cochecillo en forma
de concha, de los tres caballos humanos y del latigo sangriento
declamaba con una dulzura celestial que hacia verter lagrimas. Ademas,
era para Momaren la mas alta de las consagraciones literarias tener a
Golbasto como lector de sus obras. Despues da esto se sentia pronto a
darle la Universidad entera si se la pedia.

Para que el acto resultase mas solemne, Momaren creyo necesario reunir
todo su publico, esparcido en los diversos salones, y agolparlo en uno
solo que ocupaba la parte saliente del edificio, con dos ventanales
sobre una plaza.

Este salon lo apreciaba mucho por estar amueblado a la moda de otros
siglos, cuando reinaban los emperadores de la penultima dinastia. Como
recuerdos de aquella epoca guerrera y barbara adornaban las paredes
grandes panoplias con lanzas, espadas en forma de sierra, sables
ondulados y otros instrumentos mortiferos. El alma pacifica de Momaren
se caldeaba en este salon, sintiendo al entrar en el entusiasmos
heroicos que le hacian engendrar versos tan viriles como los de
Golbasto.

Siguiendo las indicaciones suaves del Padre de los Maestros, mas temidas
que si fuesen ordenes, todo el publico se fue agrupando en este salon.
Las damas y las senoritas formaron varias filas al sentarse, lo mismo
que en un teatro. Las mujeres, por ser mas fuertes, quedaron de pie y se
aglomeraron en las puertas y una parte de los salones vecinos.

Golbasto estaba erguido entre las dos ventanas de la gran pieza, mirando
al publico como un aguila que se prepara a levantar el vuelo. Momaren
sonreia con la cabeza baja, sintiendose encorvado prematuramente por el
huracan de las alas de la gloria que iba a descender sobre el.

Como el poeta nacional pensaba siempre en sus asuntos, hasta cuando
fingia favorecer a un amigo, tosio repetidas veces para imponer
silencio, y dijo asi:

--Ya que deseais que recite, permitid que empiece por las obras del
Padre de los Maestros. El gran Momaren no es conocido como merece serlo.
Hay muchos que se enganan con la mejor buena fe dividiendo nuestra
poesia nacional en dos reinos, uno de los cuales le atribuyen a el y
otro a mi. Esos mismos anaden que Momaren es inimitable en la poesia
amorosa y Golbasto en la poesia epica. iError, enorme error! Momaren es
grande en todos los generos, y para probarlo voy a recitar su canto
heroico a la Verdadera Revolucion, obra inimitable de la que quisiera
ser autor.

Una salva de aplausos saludo la descarada adulacion al jefe
universitario y la interesada modestia del gran poeta.

--Quiero recitar ese canto heroico--continuo Golbasto--para que se vea
la diferencia entre la verdadera poesia y las miserables y cinicas
falsificaciones que se sirven a nuestro pueblo, tal vez en este mismo
instante.

La alusion al joven y odiado poeta que estaba declamando su obra en el
templo de los rayos negros fue saludada con una explosion de risas
simpaticas y de grunidos inteligentes.

Despues de este triunfo preliminar, Golbasto se lanzo a la declamacion
de la poesia de su amigo y protector.

El canto a la revolucion triunfante de las mujeres empezaba con un
exordio, en el que el poeta rogaba al sol que acelerase su salida de
entre las espumas oceanicas para no llegar con retraso y poder
presenciar el suceso mas grande de la Historia. Golbasto lanzo, con una
voz de clarin, el primer verso:

Muestrate, ioh, sol! y con tus rayos de oro...

Pero en vez de mostrarse el sol, como pedia el vate, lo que llego
inesperadamente fue la noche en plena tarde. El salon quedo
completamente a obscuras; todos los concurrentes creyeron haber perdido
repentinamente la vista; las mamas chillaron de espanto, extendiendo los
brazos instintivamente para guardar a sus hijas; los hermosos guerreros
echaron mano a sus espadas, aunque sin poder adivinar donde se ocultaba
el enemigo.

Algunos profesores acostumbrados a no asombrarse de nada y a buscar la
razon cientifica de todos los hechos se dieron cuenta, pasados unos
instantes, de que esta obscuridad era debida a un desprendimiento
exterior, a dos telones macizos que habian caido sobre ambas ventanas,
interponiendose entre sus ojos y la luz.

Momaren se arano las munecas en la obscuridad, preguntandose que poder
infernal al servicio de los envidiosos de su gloria habia conseguido
realizar esta catastrofe....

A ninguno se le ocurrio que el Hombre-Montana pudiera haber empleado
como asiento el techo que tenian sobre sus cabezas. En uno de sus
desperezos de cansancio, Gillespie habia juntado las dos piernas,
colocandolas casualmente, con geometrica exactitud, sobre las dos
ventanas, lo que creo repentinamente la noche en el interior del salon,
precisamente al mismo tiempo que el poeta invocaba la salida del sol.

Despues del primer aturdimiento de la sorpresa, los ojos, acostumbrados
a la obscuridad, empezaron a ver debilmente, gracias a la penumbra que
llegaba de las habitaciones inmediatas. Ademas, el ligero movimiento de
una de las piernas de Gillespie dejo filtrar un rayo de luz, y esto
sirvio para que toda la concurrencia reconociese cual era el origen de
la catastrofe.

Momaren quedo mudo, pues el hecho le parecia tan inaudito, que no
encontraba palabras.

Los invitados prorrumpieron en alaridos de indignacion:

--iInsolente animalucho!... iQue atrevimiento el suyo!... iVenir a
perturbar con sus patas inmundas una fiesta de alta intelectualidad!...

Un hermoso oficial de la Guardia salto, espada en mano, por encima de
las sillas, y aproximandose a una de las ventanas tiro una estocada a la
pierna del gigante.

Gillespie, que estaba medio dormido, desperto sobresaltadamente. Levanto
una de las piernas hasta poner la rotula a la altura da su pecho y se
rasco con ambas manos la picazon que sentia en la pantorrilla. Luego
dejo caer la pierna otra vez, y esta, como si obedeciese a un poder
diabolico enemigo de Momaren, volvio a cerrar hermeticamente la ventana.

Rugio de colera la concurrencia, viendo en esto un nuevo insulto para
todos. El Hombre-Montana queria burlarse de ellos.

Los militares, deseosos de mostrar su heroismo ante los muchachos en
edad de casarse, corrieron hacia las ventanas, acribillando con sus
aceros las pantorrillas del gigante.

Golbasto y Momaren, contagiados por tan heroico ejemplo, quisieron
mostrar que servian para algo mas que hacer versos, y descolgaron de una
panoplia una larga lanza.

Se mostraban enfurecidos por este incidente, que habia venido a
perturbar su gloria, y empunando la lanza a cuatro manos empezaron a dar
pinchazos en una pierna del coloso.

Esta vez el dolor hizo saltar a Gillespie, dejando libres las ventanas,
por las que entro a raudales la dorada luz de la tarde.

Todos pudieron ver como el Hombre Montana se encogia sobre sus rodillas,
como se encorvaba despues con el rostro crispado por el dolor, pegando
sus ojos a las dos ventanas para averiguar que insectos malignos eran
los que la habian picado venenosamente a traves de dichos agujeros.

Las senoras se asustaron al ver aquellos dos ojos enormes que las
miraban con agresiva fijeza. Pero Golbasto y Momaren, que tenian la
colera larga e implacable de los debiles cuando sienten herida su
vanidad, continuaban manejando en colaboracion su arma y tiraron un
furioso lanzazo a uno de los ojos que llenaban las ventanas.

Si no quedo tuerto Gillespie, fue porque los dos poetas, al retroceder
para que su golpe fuese mas terrible, desviaron un poco la lanza,
rasgandole unicamente uno de los parpados.

El Hombre-Montana echo atras la cabeza, separando los ojos de las
ventanas con un pestaneo doloroso, pero inmediatamente puso su boca en
una de ellas.

Sono un hervor del caldera, luego un ruido de catarata, y la
concurrencia, dando gritos, empezo a huir hacia las habitaciones
interiores. iZas!...

Gillespie, no sabiendo como defenderse de aquel enjambre maligno, habia
lanzado un salivazo dentro del salon.

El proyectil liquido pillo a los dos poetas y los hizo caer con su lanza
envueltos en una ola pegajosa, de la que no sabian como salir.

El gigante continuo disparando proyectiles de la misma especie.

Corrian las damas, levantandose las faldas para huir con mas rapidez.
Otras pataleaban caidas en el suelo, pidiendo a gritos que las librasen
de esta inundacion aglutinante que las habia clavado sobre el pavimento.

Y las heroicas muchachas de la Guardia, no queriendo presentar sus
interesantes dorsos al enemigo, fueron retrocediendo hasta el fondo del
salon, haciendo molinetes con sus espadas para defenderse del bombardeo.




XI

Que trata del discurso pronunciado por el senador Gurdilo y de como el
Hombre-Montana cambio de traje


A la, manana siguiente, el profesor Flimnap se presento con gran
apresuramiento en la vivienda del gigante. Jamas su rostro bondadoso
habia ofrecido un aspecto igual, de alarma y azoramiento. A pesar de sus
carnes exuberantes, salto con juvenil agilidad del plato ascensor a la
superficie de la mesa, antes de que los atletas encargados de la grua
hubiesen terminado su maniobra.

Lejos aun de Gillespie, abrio los brazos con desesperacion y junto luego
sus manos en una actitud implorante, gritando:

--?Que ha hecho usted, gentleman? ?Que locura fue la suya de ayer? iY yo
que le creia un hombre extremadamente cuerdo!...

Jamas habia experimentado tantas emociones en un espacio tan corto de
tiempo. Un miedo anonadador le dominaba desde horas antes, y este miedo
obedecia a sentimientos generosos, pues pensaba mas en la suerte del
Gentleman-Montana que en la suya propia. La terrible noticia de todo lo
ocurrido en la casa del Padre de los Maestros acababa de sorprenderle en
el momento mas grato de su existencia.

El dia anterior habia regresado muy tarde a la ciudad, despues de verse
festejado y admirado durante varias horas por mas de cien mil mujeres.
Su discurso en las gradas del templo de los rayos negros lo habia
escuchado esta enorme multitud, interrumpiendolo con aplausos. Su exito
resulto tan ruidoso como el del joven poeta rival de Golbasto. Nunca
habia llegado a sonar con una gloria semejante, ni aun en los tiempos de
la adolescencia, cuando, recien entrado en la vida estudiosa, su
entusiasmo le hacia aceptar la posibilidad de las mas inauditas
elevaciones.

Durmio mal, pues el saboreo de su triunfo parecia repeler al sueno. Pero
cuando descendio de su habitacion universitaria, apreciando de antemano
las felicitaciones de unos profesores y la envidia de otros, todo su
orgullo triunfante se deshizo ante la realidad. Oyo aterrado lo que
habia hecho el gigante en la tarde anterior. Muchos de los que le
hablaron habian asistido a la tertulia de Momaren y se mostraban
congestionados aun por la indignacion al recordar los proyectiles del
gigante, algunas de cuyas salpicaduras habian llegado a ellos o a
personas de sus familias.

El Padre de los Maestros estaba en cama despues de este suceso, aunque
sin enfermedad conocida. Golbasto, el gran poeta nacional, se habia
retirado jurando vengarse del barbaro intruso. Los concurrentes le
vieron con un vendaje debajo de su corona de laurel, pues se habia
descalabrado al caer al suelo con Momaren bajo el disparo del gigante.

--?Que ha hecho usted?--volvio a repetir el profesor.

Muchos de los que presenciaron el suceso habian olvidado la insolencia
del Hombre-Montana para preocuparse unicamente de la finalidad de otra
accion suya que les parecia misteriosa. Despues que el gigante hubo
limpiado de gentio los salones de Momaren, haciendo huir a todos al
fondo de la casa para librarse de su bombardeo liquido, irguio su
estatura y fue a un determinado lugar de la fachada de la Universidad,
lanzando varios silbidos con la estridencia de un huracan.

Los doctores estudiosos que permanecian en sus habitaciones intentaron
ocultarse, creyendo que el Hombre-Montana se habia vuelto loco y deseaba
aplastarlos. Pero antes de cerrar las ventanas de sus viviendas pudieron
ver como corria por los tejados un hombre envuelto en velos, como el
gigante lo tomaba con una de sus manos, introduciendolo en un bolsillo
de su traje, y como emprendia una marcha veloz, guiado por este varon
desconocido, hacia la Galeria de la Industria, sin esperar a que sonasen
otra vez las trompetas y se reuniera el escuadron que le habia escoltado
en su paseo.

--?Que va a pasar ahora?--continuo diciendo el asustado profesor.

Los murmuradores le habian dado a entender que el Padre de los Maestros
sospechaba si este intruso ayudado por el gigante seria Ra-Ra.

--Yo temo, gentleman, que a estas horas la policia este enterada de que,
efectivamente, el tal hombre era Ra-Ra y que, protegido por usted, entro
en nuestro palacio para ver a Popito.... iUsted, gentleman, mezclandose
en cosas politicas de nuestro pais y apoyando de una manera tan
descarada a un propagandista del "varonismo", enemigo de la tranquilidad
del Estado! Tiemblo por usted y tiemblo por mi.

Gillespie no necesitaba oir al profesor para darse cuenta de la gravedad
de su acto. Pero renacia su colera al acordarse de los pinchazos de
aquellos pigmeos, y creia sentir aun el dolor en sus piernas. ?Por que
no lo habian dejado dormir en paz?...

Sin embargo, los gestos desesperados del profesor sirvieron para hacerle
pensar que estaba a merced de aquella humanidad pigmea, despreciable
para el, pero sin la cual no podia alimentarse ni atender a otros
cuidados que necesitaba su persona.

Flimnap, creyendo ver en su rostro un reflejo de intensa colera, le
recomendo la calma.

--No se exalte, gentleman; al contrario, debe usted mostrarse prudente y
conciliador. Creo que esto se arreglara finalmente. Puede usted
presentar sus excusas al Padre de los Maestros. Yo explicare que todo se
debe a su desconocimiento de nuestra lengua y nuestras costumbres. Lo
que me preocupa mas es lo de Ra-Ra; pero si no hay otro remedio, lo
abandonaremos y que siga su destino. El amor es egoista, gentleman.
Antes de venir usted a esta tierra yo hubiese hecho los mayores
sacrificios por ese joven. Pero ahora no es lo mismo; ahora esta usted
aqui, y mas alla de su persona nada me interesa.

Parecia haber olvidado el catedratico todas las inquietudes que le
entristecian momentos antes, al saltar del plato-ascensor. Se habia
puesto ante un ojo su lente de disminucion para contemplar el rostro del
Gentleman-Montana, y esto le hacia sonreir dulcemente.

--Creo llegado el momento--dijo con voz insinuante--de mostrarle mi
alma. Mientras usted vivia a cubierto de peligros, yo no me atrevi a
decirle lo que siento. Me dominaba la timidez de todo el que ha pasado
su existencia entre libros, viendo de lejos a las personas. Pero despues
de la locura de usted, la situacion es otra. Tal vez el conflicto con
nuestro Padre de los Maestros acabe por arreglarse, pero en este momento
la situacion es mala. Corre usted grandes riesgos, y por lo mismo
considero oportuno manifestarle lo que no me hubiera atrevido a decir en
una ocasion mejor. Oigame bien, gentleman, y no se ria de mi.... Yo le
quiero un poco y me intereso por su felicidad.... ?Por que no hablar mas
claramente?... Yo le amo, gentleman, y deseo pasar el resto de mi vida
junto a usted, dedicandome en absoluto a su servicio.

A pesar de su mal humor por la aventura en la Universidad y por las
persecuciones que le podian hacer sufrir estos pigmeos, de los que era
esclavo, Gillespie no pudo contener una carcajada. Despues sofoco su
risa para excusarse cortesmente:

--No crea, profesor, que me rio de usted. Le estoy muy agradecido para
atreverme a tal insolencia. Mi risa es de sorpresa.... En mi pais, rara
vez una mujer declara su amor al hombre.

--Pues aqui no es extraordinario--contesto Flimnap--. Acuerdese que todo
lo dirigimos las mujeres, y por lo mismo nos corresponde la iniciativa
en los asuntos de amor.

--Ademas--dijo Edwin--, usted olvida el obstaculo insuperable que la
Naturaleza ha establecido entre los dos al crearnos con tamanos tan
distintos. Me mira usted a traves de su lente de reduccion y se ilusiona
creyendome de su talla. Contempleme tal como soy, y se convencera de que
por mucho que yo la amase nunca pasaria usted de ser una esposa de
bolsillo.

--iOh, gentleman!--interrumpio ella quejumbrosamente--. No sea usted
materialista en sus apreciaciones, no se muestre grosero en sus
sentimientos juzgando a las personas por su tamano. ?Por que no pueden
amarse dos almas a traves de sus envolturas completamente diferentes?...
Ahora que le conozco, gentleman, me doy cuenta de que toda mi vida he
estado esperando su llegada. Siempre mi alma sintio la atraccion de las
alturas; siempre sone con algo inmensamente grande. Mi espiritu veia con
indiferencia las pequeneces de nuestra vida corriente. Yo solo podia
amar a un gigante, y el gigante ha venido. ?No le parece que un poder
superior nos ha hecho el uno para el otro?...

El Gentleman-Montana solo contesto a esta pregunta con un gesto ambiguo.
Pero el ardoroso profesor siguio hablando:

--Yo no le exijo que me responda inmediatamente. Confieso que esta
manifestacion de mis sentimientos es un poco violenta y que usted no la
esperaba. A no ser por el peligro que le amenaza, me hubiese abstenido
de hablarle de esto en mucho tiempo. Pero, en fin, lo que yo debia decir
ya esta dicho. Reflexione usted, consulte su corazon; esperare su
respuesta. Lo que necesitaba hacerle saber cuanto antes es que no soy
para usted un simple traductor y que ansio participar de su suerte,
correr sus mismos peligros, si es que la situacion se empeora.

Gillespie, conteniendo la risa que otra vez volvia a agitar su pecho,
contesto vagamente a la apasionada universitaria. Obedeceria sus
indicaciones, estudiaria con detenimiento las preferencias de su alma.
Pero por el momento, lo mas urgente era resolver su situacion, que,
segun ella, parecia angustiosa.

--Voy a dejarle, gentleman--contesto Flimnap--. Nada consigo
permaneciendo a su lado para sostener una conversacion grata, pero que
resulta esteril. Necesito saber noticias. Momaren tiene poderosos amigos
y debe haber hecho algo a estas horas contra Ra-Ra. Ademas, hay que
temer a Golbasto. Adivino desde aqui que su cochecito tirado por los
tres hombres-caballos debe estar rodando a traves de la capital desde el
principio de la manana. iA saber lo que habra tramado el temible
poeta!...

Antes de desaparecer por uno de los escotillones, todavia retrocedio
Flimnap hacia el gigante para decirle en voz baja:

--Si vienen a buscar a Ra-Ra, no se empene en defenderlo; seria peor
para el y para usted. Dejelo abandonado a su suerte. Nosotros solo
debemos pensar en nuestro porvenir. Yo siempre he creido que un amor que
no es egoista no merece el nombre de amor.


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