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El paraiso de las mujeres - Vicente Blasco Ibanez

V >> Vicente Blasco Ibanez >> El paraiso de las mujeres

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iLas cosas que hizo Eulame en poco tiempo! Jamas se conocio en nuestra
historia una actividad como la suya. El pueblo no pudo creer que fuese
un hombre igual a los demas, y le tuvo por hijo de los dioses. Hasta la
industria del pais la modifico radicalmente en pocos meses. Implanto
entre nosotros todos los progresos mecanicos que habia visto en el mundo
de los colosos. Nuestros ingenieros, que hasta entonces habian marchado
a ciegas, moviendose siempre dentro del mismo circulo, luego de escuchar
las lecciones de Eulame vieron nuevos caminos abiertos ante sus ojos, y
se lanzaron por ellos, haciendo descubrimientos con una rapidez
vertiginosa, inventando casi instantaneamente lo que habia costado tal
vez largos anos de meditacion en el pais de los gigantes.

El ultimo emperador intento asesinar al profeta; pero este poseia la
fuerza, y creyo llegado el momento de pasar de las palabras a la accion.
Habia traido del otro mundo los explosivos y las armas de fuego. Los
ricos industriales partidarios del eulamelismo fabricaron secretamente
un material de guerra igual al de los Hombres-Montanas, y basto que mil
discipulos con fusiles y canones marchasen contra el palacio del
emperador para que este huyese, acabando en un momento la dinastia
secular.

Las viejas tropas, armadas con arcos y lanzas, se desbandaron, dando
vivas a Eulame, al recibir la primera granizada de balas de sus
partidarios. El Regenerador fue elevado entonces a la dignidad imperial,
y empezo el periodo mas agitado, mas sangriento e interesante de nuestra
historia.

Debo advertir que como entonces dirigian los hombres la marcha del pais,
tuvieron el cinismo de dar el nombre de _epoca gloriosa_ a un periodo en
el que murieron millones de personas, siendo ademas incendiadas muchas
ciudades, que aun no estan reconstruidas, y devastadas provincias
enteras.

Al verse Eulame en el poder, se creyo investido de una mision
sobrehumana.

Esta mision consistia en llevar a todas las naciones proximas pobladas
por seres de nuestra especie los beneficios de la civilizacion
implantada por el. Ademas, como disponia de una fuerza superior,
necesitaba usarla, lo mismo que el atleta, incapaz de vivir
tranquilamente sin dar golpes contra algo para ejercitar sus musculos.

Las tropas irresistibles de Eulame marcharon contra Blefuscu, el pueblo
que durante siglos habia sido nuestro adversario. Resulto una guerra
facil por la gran desigualdad entre los respectivos armamentos; pero los
de Blefuscu se defendieron con esa tenacidad irracional que la Historia
llama heroismo, dejandose matar en cantidades enormes.

Despues de haber dominado a esta nacion, el conquistador llevo sus armas
a otra, y luego a otra, no quedando continente ni isla que dejase de
reconocer su autoridad imperial. Pero la misma grandeza de su exito peso
sobre el, acabando por aplastarle. Sus generales obedecieron a esa ley
de los hombres segun la cual todo discipulo, cuando se ve en lo alto,
debe atacar a su maestro.

Llego un dia en que los belicosos caudillos que gobernaban por
delegacion las tierras conquistadas se sublevaron contra Eulame. Todo lo
que este habia aprendido en el pais de los gigantes lo comunico
confiadamente a sus allegados: los nuevos medios de destruccion eran ya
del dominio comun; sus adversarios sabian lo mismo que el; ya no era un
semidios, era un hombre como los otros. Y como sus enemigos resultaban
mucho mas numerosos, le vencieron en una batalla campal a las puertas de
esta ciudad, que entonces se llamaba Mildendo, reuniendose despues en
congreso diplomatico para decidir su futura suerte.

No se atrevieron a matarle porque habian sido sus discipulos; pero como
deseaban verse libres de su presencia, lo confinaron perpetuamente en
una pequena isla, en un penon solitario y malsano, lejos de toda vida,
en las inmediaciones de la muralla de rocas y espumas que muy pocos osan
pasar.

El emperador murio a los pocos anos en este destierro de un modo
obscuro. Aun vivian las familias de los catorce o quince millones de
seres que habian muerto a causa de sus guerras y sus ambiciones. Luego,
con el transcurso de los anos, el vulgo, que necesita para vivir el
culto de los heroes y cuando no los tiene los inventa, ha glorificado a
Eulame, convirtiendo sus matanzas en hazanas gloriosas y dando un
caracter casi divino a su recuerdo.

Yo puedo ensenarle, gentleman, como unos cincuenta mil libros escritos
para glorificar a Eulame y narrar sus hazanas. Sin embargo, su herencia
no pudo resultar mas fatal. Este fabricante de guerras hizo lo necesario
antes de desaparecer para que nuestro mundo se viese condenado
eternamente a la guerra.

El congreso reunido en Mildendo intento un nuevo reparto de las
naciones, dividiendo las antiguas conquistas de Eulame; pero este
arreglo fue un semillero de futuras peleas. Todos los vencedores
hablaban de la paz a gritos, pero cada uno procuraba vivir mas armado
que los otros, y al sentirse con mayores fuerzas exigia una porcion mas
considerable en el reparto.

Abreviare mi relato, gentleman, pues me duele recordar este periodo, el
mas vergonzoso de nuestra historia. Los pueblos vivian regidos por los
hombres; las armas estaban en manos de los hombres; el trabajo lo
organizaban y reglamentaban los hombres ... ?que otra cosa podia
ocurrir?...

Los herederos del emperador organizaron cada uno a su placer el pedazo
de tierra que les toco en el reparto. Algunas naciones se constituyeron
en Republica; otras fueron monarquias; unas cuantas, con el titulo de
Imperios, restauraron la autoridad despotica y terriblemente paternal de
los antiguos soberanos.

Nuestra nacion, al recobrar sus primitivos limites, creyo oportuno
quedarse con dos provincias de Blefuscu, fundandose en confusos derechos
historicos. Durante varios anos los de Blefuscu solo pensaron en
recobrar estas provincias, como si les fuese imposible la vida sin
ellas. Las recordaban en sus cantos patrioticos; no habia ceremonia
publica en que no las llorasen; los muchachos, al entrar en la escuela,
lo primero que aprendian era la necesidad de morir algun dia para que
las provincias cautivas recobrasen su libertad; los hombres organizaban
su existencia con el pensamiento fijo de que eran soldados de una guerra
futura. Y al fin vino la guerra, y los de Blefuscu nos quitaron las dos
provincias.

Entonces nosotros les imitamos, y durante varios anos los ninos de
nuestras escuelas aprendieron que habia que morir para recobrar estos
territorios, y hubo canticos iguales a los del pais enemigo, y los
hombres fueron todos soldados, y surgio una segunda guerra, en cuyo
transcurso recobramos las dos provincias....

Y los de Blefuscu se prepararon a su vez para una tercera guerra....

Al mismo tiempo habia luchas sangrientas entre los demas paises poblados
por gentes de nuestra especie. Ninguna nacion podia conformarse con sus
limites actuales. A la adoracion de los antiguos dioses habia sucedido
la idolatria de unos trapos de colores llamados banderas. Cada uno, con
agresivo fetichismo, consideraba que el trapo de su nacion era mas
hermoso que los otros y debia ondear triunfante sobre los paises
inmediatos. Las gentes separadas por un brazo de mar, un rio, una
montana o un bosque, llamados fronteras, se odiaban de un modo feroz,
sin haberse visto nunca.

Cada pais calumniaba al otro, inventando sobre el las mas absurdas
mentiras, y estas mentiras las aceptaban las generaciones siguientes sin
tomarse el trabajo de comprobarlas. De padres a hijos se perpetuaba la
degollina por la simple razon de que los abuelos tambien se habian
degollado.

Nunca se realizaron inventos con tan asombrosa rapidez; pero todos ellos
servian fatalmente para agrandar el arte de las matanzas. La ciencia se
habia hecho servidora de la guerra; los laboratorios temblaban de
patriotico regocijo cuando un descubrimiento proporcionaba la seguridad
de poder exterminar mayor numero de hombres. Las fabricas mas potentes
eran las de materiales para la guerra. Todos los paises rivalizaban en
una carrera loca, buscando adelantarse los unos a los otros en los
medios de destruccion. Los hombres se mataban sobre la tierra y sobre el
mar, y hasta en el ultimo momento llegaron a exterminarse en las
silenciosas alturas de la atmosfera.

Las fortunas mas grandes de cada pais las poseian los fabricantes de
armamento. La lucha industrial y los egoistas deseos de lucro tomaban un
caracter de abnegacion patriotica. Si un pais inventaba un canon enorme,
al ano siguiente el pais adversario producia otro dos veces mas grande.
Sobre las olas todavia era mas disparatada esta exageracion de los
medios ofensivos. Como Blefuscu y nosotros estamos separados por el mar,
nos lanzamos a una rivalidad devoradora de nuestras riquezas y de
nuestro trabajo.

Estudiabamos ansiosamente su flota para que nuestra flota resultase
superior. Si ellos construian un navio grande, con numerosos canones,
nosotros al momento empezabamos en nuestros astilleros otros navios mas
enormes, hasta llegar a proporciones inverosimiles, que parecian un reto
al buen sentido y a todas las leyes fisicas.

Baste decir, gentleman, que hemos tenido buques de guerra mas grandes
que la barca que le trajo a usted; navios con cien piezas de artilleria
iguales al revolver que le sacamos del bolsillo, o tal vez mucho mas
grandes, y llevando tres mil o cuatro mil hombres de tripulacion.... En
fin, verdaderas islas flotantes.

Y lo peor fue que estas construcciones gigantescas y los gastos enormes
que exigian, todo resulto inutil. El continuo invento de medios
destructivos dio vida a nuevas embarcaciones no mas grandes que algunos
peces de nuestros mares, pero que, a semejanza de estos, podian
deslizarse por la profundidad submarina, atacando de lejos a los
monstruos flotantes hechos de acero. A pesar de su humilde aspecto,
muchas veces, en nuestros combates navales, echaron a pique a los navios
gigantescos, que representaban el valor de una ciudad.

Toda guerra resultaba mas mortifera y costosa que la anterior. Las
madres, al dar a luz a sus hijos, sabian que no fabricaban hombres, sino
soldados.

No pretendo hacerle creer, gentleman, que la guerra era algo nuevo en
nuestra historia y solo la habiamos conocido despues que Eulame trajo
sus inventos del pais de los gigantes. Habiamos tenido guerras desde las
epocas mas remotas, como creo que las tuvieron todos los grupos humanos.
Pero eran guerras con pequenos ejercitos, que no alteraban la vida del
pais; guerras sostenidas por tropas de combatientes voluntarios y
profesionales; una especie de lujo sangriento, de elegancia mortifera,
que se permitian nuestros viejos emperadores de tarde en tarde. Pero
despues de la demencia ambiciosa de Eulame y del perfeccionamiento de
los medios de destruccion, las guerras fueron de pueblo a pueblo, y toda
la juventud de un pais, abandonando campos y talleres, corria a matar la
juventud vigorosa del otro pais que habia hecho lo mismo.

Cada guerra significaba un largo alto en el desenvolvimiento humano, y
luego un retroceso. En la capital de cada pais habia un arco de triunfo
para que desfilasen bajo su boveda unas veces el ejercito que volvia
victorioso y otras los invasores triunfantes.

Despues de toda guerra, el suelo abandonado parecia vengarse del olvido
y de la bestialidad de los hombres restringiendo su produccion. Las
grandes empresas militares iban seguidas por el hambre y las epidemias.
Los hombres se mostraban peores al volver a sus casas durante una paz
momentanea. Habian olvidado el valor de la vida humana. Renian con el
menor pretexto; se encolerizaban facilmente, matandose entre ellos;
pegaban a sus mujeres. Ademas, todos eran alcoholicos. Durante sus
campanas, los gobernantes les facilitaban en abundancia el vino y los
licores fuertes, sabiendo que un hombre en la inconsciencia de la
embriaguez teme menos a la muerte.

La riqueza publica ahorrada durante muchos anos se derrochaba en unos
meses, convirtiendose en humo de polvora, en acero hecho fragmentos, en
escombros de poblaciones y de fabricas.

Cuando, al fin, llegaba la paz, era para que empezase una nueva
miseria....

Los periodos tranquilos resultaban tan peligrosos como los tiempos de
guerra. Siempre han existido descontentos de la organizacion social;
siempre los que no tienen miraran con odio a los que poseen. Pero
despues de las guerras la falta de concordia social aun era mas
violenta. La envidia que siente el de abajo resultaba mas amarga. Como
los pobres habian sido soldados a la fuerza, se consideraban con nuevos
derechos a poseerlo todo. Cuando cesaban las guerras, los hombres se
resistian al trabajo y hablaban de un nuevo reparto de la riqueza....

Esta situacion absurda no podia durar.

Yo reconozco, como he dicho antes, que existen entre los hombres almas
generosas y superiores, aunque con menos abundancia que entre las
mujeres. Los crimenes originados por los hombres no podian menos de
conmover a algunas de estas almas masculinas, y un gobernante de aquella
epoca dio una especie de reglamento para la paz humana, dividido en
catorce articulos.

Pero entre los hombres las mejores ideas se transforman y se corrompen.
Hay en ellos un fondo de egoismo que desfigura toda idea generosa apenas
se encargan de implantarla.

No habia un pais que dejase de alabar la paz, pero esta paz debia
hacerse de acuerdo con sus gustos y ambiciones. Todos querian que las
cosas fuesen no como deben ser, sino con arreglo a sus conveniencias. Y
los catorce articulos o puntos se vieron retorcidos y desfigurados de
tal modo, que acabaron por convertirse practicamente en otras tantas
calamidades. Asi ocurre siempre con las leyes hechas por los hombres y
aplicadas por los hombres.

Los pueblos sintieron la necesidad de poner remedio a esta demencia
general. Era preciso suprimir las guerras, resolver las cuestiones entre
los paises por medio de tribunales, como se resuelven las diferencias
entre los individuos. Y cada Estado designo varios representantes, que
se reunieron en esta ciudad, formando un organismo llamado Sociedad de
las Naciones.

Mientras los oradores se limitaron a pronunciar elocuentes arengas en
nombre de los mas sublimes principios todo marcho bien; pero cuando la
asamblea tuvo que hacer algo practico, su trabajo resulto infructuoso y
tan temible como el de los gobernantes guiados por la ambicion.

Los congresistas, al rehacer el mapa, dieron mas terrenos a unos paises
y se lo quitaron a otros, fundandose en antecedentes historicos,
geograficos y etnicos. Fue un trabajo de gabinete semejante a los que
hacemos en la Universidad, e inspirado por la mejor buena fe. Pero los
pueblos fuertes y rapaces se reian de sus consejos cuando los
consideraban perjudiciales para su egoismo, y en cambio los exhibian
como obras maestras siempre que eran favorables a sus intereses. Por su
parte, los pueblos adolescentes, ganosos de crecimiento, cuando tenian
un vecino debil olvidaban a la Sociedad de las Naciones, apelando al
eterno recurso de las armas.

Este periodo sirvio para demostrar que los hombres ya habian dado de si
todo lo que podia esperarse de ellos. El mundo estaba condenado a una
guerra eterna. El egoismo, la acometividad y la astucia se habian
convertido en virtudes politicas, y los pueblos eran tanto mas ilustres
y gloriosos cuanto mas cinicamente las ponian en practica.

No quiero insistir en las miserias de aquel periodo. La humanidad estaba
en una especie de callejon sin salida. Se realizaban grandes progresos
materiales; pero el alma humana, merced a la ensenanza dada por los
hombres, continuaba siendo un alma primitiva, un alma brutal, semejante
a la de las fieras, y tal vez peor, ya que las fieras no conocen la
hipocresia ni saben llorar sobre el cuerpo de sus victimas.

Afortunadamente habia en nuestro mundo algo mas que hombres. Las
guerras, con sus grandes matanzas y sus dolores colectivos, venian
indignando a las mujeres.

No necesita usted de grandes esfuerzos mentales para formarse una idea
aproximada de lo que eramos las mujeres en este pais antes de que
ocurriese la Verdadera Revolucion. Por lo que he leido en algunos libros
que trajo el viejo sabio companero de Eulame, se que las mujeres han
llevado en la tierra de los gigantes, y tal vez llevan todavia, una
existencia deplorable. Las rodean de grandes muestras de respeto y
carino, como si fuesen unos animales hermosos desprovistos de alma; los
poetas cantan sus virtudes; pero los hombres se indignan y protestan en
masa siempre que las mujeres piden una participacion directa en el
desarrollo y la direccion del pais que habitan. iMucho besar su mano y
quedar ante ellas con la cabeza descubierta y acoger sus palabras con
gestos galantes de proteccion o admiracion!... Pero apenas representan
un obstaculo para el egoismo del hombre, este las repele o las
atropella, resucitando su animalidad de las epocas remotas.

Asi, poco mas o menos, eramos nosotras en el tiempo de los emperadores.
Los hombres, para sostener su despotismo, ensalzaban los meritos de la
mujer recluida en la casa, llevando una existencia de esclava y
administrando con economia la fortuna del marido. Las mujeres con el
alma sonolienta, sin iniciativas, sin voluntad, y que apenas sabian leer
y escribir, resultaban el tipo perfecto de la dama honesta.

Indudablemente serian asi las que vio a traves de los ventanales del
palacio imperial el primer Hombre-Montana que vino a nuestro pais. Pero
el progreso, que transformo fulminantemente en los tiempos de Eulame la
vida de los hombres, tambien cambio con no menos rapidez la mentalidad
de las mujeres. Leyeron, salieron a la calle, se interesaron por los
asuntos publicos, frecuentaron las universidades. Las que eran pobres
quisieron ganar su vida y no deberla a la gratitud amorosa de un hombre,
considerando el trabajo como un medio de libertad e independencia. No
vieron ya un misterio en los estudios cientificos, que habian sido
patrimonio hasta entonces de los hombres, y se asociaron lentamente para
una accion comun todavia no bien determinada.

Conozco los trabajos de las mujeres en este periodo de gestacion
revolucionaria. Los conozco no solamente por los libros, sino por algo
mas directo y viviente. Mi abuela fue una de las agitadoras en este
periodo dificil y glorioso.

Le confesare, gentleman, que no todas las mujeres tenian una idea exacta
del papel que les tocaba desempenar. Las habia timidas,
contemporizadoras, sentimentales, de las que necesitan al hombre para
vivir y consideran que el amor es la principal ocupacion femenina.

No las critico ni las excuso; nadie puede decir con certeza quien tiene
razon y quien no la tiene. iCambiamos de creencias con tanta facilidad
los seres humanos!... Antes de que usted viniese a este pais yo pensaba
de un modo, y ahora reconozco que veo las cosas de distinta manera....
Pero no nos salgamos de la leccion.

Digo que eran muchisimas las mujeres convencidas de que los hombres
gobernaban mal, pero que unicamente pretendian colaborar con ellos,
participando de dicho gobierno. Se daban por contentas con que el tirano
les dejase un hueco a su lado, cediendoles una pequena parte de su
soberania. Pero otras (y entre ellas mi valerosa abuela) odiaban al
hombre, estaban convencidas de que este habia hecho todo lo que podia
hacer, dando pruebas indudables de su incapacidad y su barbarie, y era
inutil esperar que se corrigiese, empezando una nueva existencia.
Mientras el hombre gobernase, las leyes serian injustas, la vida
ordinaria una batalla de hipocresias y egoismos, y la guerra la unica
solucion de todas las cuestiones. Habia que vencer al hombre, habia que
dominarlo, obligandole a bajar del pedestal que el mismo se habia
erigido. La unica solucion era tenerle en un estado dependiente e
inferior, igual al de la mujer durante siglos y siglos.

Adivino en su rostro la curiosidad. Se pregunta usted como pudo
realizarse esta maravillosa reversion en la preeminencia de los sexos.

Era empresa dificil ... pero al fin triunfamos, como va usted a ver.




VI

Donde el profesor Flimnap termina su leccion


El hombre no solo monopolizaba el gobierno, la justicia, la ensenanza y
todos los medios de produccion; guardaba ademas las armas, como un
privilegio de su sexo. ?De que modo vencer a los hombres, cuando
disponian de instrumentos destructores como jamas se conocieron en
nuestra historia?...

Sus canones del tamano de casas, sus fusiles y ametralladoras, que
lanzaban plomo con la misma rapidez que una maquina de coser da
puntadas, podian suprimir instantaneamente las manifestaciones
femeninas, por numerosas que fuesen. Ademas, la mujer, acobardada por
tantos siglos de servidumbre, tenia miedo a los procedimientos de
violencia. Solo las jovenes que habian cultivado sus musculos en los
deportes al aire libre se reian de estos temores de las senoras de
salon. Todas se mostraban acordes al lamentar los crimenes de los
hombres, pero la situacion angustiosa parecia sin remedio....

Y de pronto surgio el hecho providencial y decisivo, un descubrimiento
cientifico que casi puede ser calificado de milagro.

Una de las mujeres nuevas dedicadas a la ciencia oriento sus estudios
hacia una finalidad practica y humanitaria. Queria terminar las guerras
definitivamente, y el medio mas seguro era conseguir la anulacion de
todos los descubrimientos industriales empleados por los hombres para
exterminarse. Un dia, para bien de la humanidad, invento unos rayos
prodigiosos, que debian haberse titulado "la aurora de la nueva vida",
pero que la sabia mujer, poco dada a los terminos imaginativos, designo
aridamente con el nombre de "rayos negros".

Estos rayos, proyectados a largas distancias, hacian estallar todas las
materias explosivas, aunque estuviesen preservadas por muros o por
envolturas metalicas. Hasta en el fondo del agua conseguian su objeto
los rayos maravillosos.

La sabia genial era en la vida corriente una mujer de cortos alcances, y
solo presintio en su invencion un medio de llamar al orden a los
humanos, impidiendoles que insistiesen en sus guerras; como si esto
fuese posible quedando en manos del hombre la direccion de la Historia.
El _Comite supremo de las reivindicaciones feministas_ vio mas claro que
esta quimica ilustre y simplona. Se fue enterando minuciosamente de sus
trabajos, y a continuacion la guardo presa, con toda clase de
miramientos, en una cueva del Club Feminista, para que no pudiese
revelar su secreto a los hombres.

iQue envidia siento al pensar en las mujeres que presenciaron la mas
estupenda de las revoluciones! iCuanto me hubiese gustado ver lo que vio
mi madre, que era entonces una nina!... Las muchachas mas valerosas,
acostumbradas a los deportes, montaron una manana en varios aeroplanos,
volando sobre toda la extension del pais. Cada avion llevaba un aparato
de los inventados por la sabia providencial. Eran a la vista unas
simples cajas de las que salian varios chorros de humo tenue y negro.
Estas mangas, al descender del avion, iban pasando sobre la superficie
de la tierra, y toda materia inflamable que tocaban, aunque estuviese
defendida por paredes u oculta bajo el suelo, hacia explosion
inmediatamente. Asi, en unas cuantas horas volaron todos los arsenales,
polvorines y depositos de municiones existentes en nuestro pais.

Aqui, en la capital, el gobierno de los hombres, asustado por esta
revolucion catastrofica, intento apresar al Comite feminista. Toda la
guarnicion marcho al asalto de nuestro Club. iEsfuerzo inutil! El Comite
aguardaba tranquilamente en medio de la calle, armado de los famosos
"rayos negros". Le basto proyectarlos, para que una mitad de las tropas
huyesen a la desbandada y la otra mitad quedase tendida en el suelo.

Los soldados vieron como sus fusiles estallaban entre sus manos antes de
disparar y como se inflamaban las capsulas en sus cartucheras,
acribillandolos de heridas mortales. Los que estaban mas lejos,
espantados por el fenomeno, arrojaban las armas y se despojaban de sus
bolsas de municiones, viendo en el propio equipo militar un peligro de
muerte. Los oficiales, impulsados por el orgullo profesional, gritaban:
"iAdelante!", pero el revolver estallaba en su diestra, llevandoles la
mano y el brazo. Los artilleros abandonaban las piezas para huir, en
vista de que los armones llenos de proyectiles se inflamaban solos lo
mismo que si fuesen volcanes, haciendo volar los miembros de los hombres
despedazados.

Gracias a los "rayos negros", en unas cuantas horas se cambio el orden
de la vida, y el Comite vencedor se instalo en el antiguo palacio
imperial, decretando que habia muerto para siempre el gobierno de los
varones.

Mentiria si le dijese que este movimiento feminista fue unanime. Las
prudentes, las contemporizadoras, las amigas del hombre, acudieron
llorosas al Comite para suplicarle que no insistiese en su lucha contra
los tiranos masculinos. Debo anadir que estas conservadoras, faltas de
caracter y de dignidad sexual, eran en aquellos momentos la mayoria del
pais. Pero ?que revolucion no ha sido hecha por una minoria y no se ha
visto obligada a imponerse a la debilidad y el pensamiento miope de los
mas? El gobierno provisional del feminismo no presto atencion a estas
transfugas que lamentaban la muerte de los varones de su familia o
temian por la existencia de los que aun se mantenian vivos, prefiriendo
su egoismo particular a los intereses del sexo.


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